Opinión
Congelar para someter
Por Jorge Triana
¿Qué es un indicio? ¿Un reporte bancario? ¿Un movimiento atípico? ¿Un depósito inesperado? ¿Una denuncia sin sustento? Todo cabe. Y cuando todo cabe, el poder decide.

No es una metáfora exagerada ni un arrebato retórico. Es exactamente lo que acaba de validar la Suprema Corte, un mecanismo para dejarte sin dinero, sin defensa inmediata y sin margen de maniobra mientras el gobierno decide si eres culpable o no de lavar dinero, Así, sin juez, sin sentencia y con base en algo tan elástico como "indicios suficientes".

El fallo del 6 de abril sobre el congelamiento de cuentas bancarias no inventa nada nuevo, pero sí termina de quitarle el último freno real a una herramienta peligrosísima. La Unidad de Inteligencia Financiera ya podía bloquear cuentas, pero existía un contrapeso que funcionaba en la práctica, el amparo. Te bloqueaban y un juez podía devolverte el acceso rápidamente mientras se resolvía el fondo. Hoy eso se acabó. La Corte decidió blindar el mecanismo y convertir la defensa en un trámite lento, incierto y, en muchos casos, inútil.

Antes, la Corte consideraba inconstitucional congelar cuentas sin orden judicial cuando no había un componente internacional, porque afectaba derechos como la propiedad, el debido proceso y la presunción de inocencia. Por eso los jueces concedían amparos, suspendían y desbloqueaban rápido. Lo que cambió ahora es el criterio. La Corte decidió que el congelamiento no es una sanción, sino una "medida preventiva". Con ese simple cambio de etiqueta, justificaron que no se necesite juez. El problema es que en la realidad sí castiga desde el primer momento, pero ahora con respaldo constitucional.

Toda cuenta bancaria es susceptible de ser congelada si, a criterio de la UIF, existen "indicios suficientes" de lavado de dinero. Ese nivel de ambigüedad es una puerta abierta a la discrecionalidad. ¿Qué es un indicio? ¿Un reporte bancario? ¿Un movimiento atípico? ¿Un depósito inesperado? ¿Una denuncia sin sustento? Todo cabe. Y cuando todo cabe, el poder decide.

Ahí es donde el riesgo deja de ser teórico y se vuelve brutalmente concreto. Basta un señalamiento sin pruebas para que te congelen las cuentas y tengas que demostrar que no hiciste nada. Basta que recibas un depósito inusual, incluso sin haberlo solicitado, para que te bloqueen y tengas que explicar un dinero que ni siquiera generaste. Basta un error del sistema o de un funcionario para que te dejen fuera del sistema financiero mientras intentas arreglar lo que ellos rompieron.

El procedimiento es grotesco en su lógica. Primero te congelan. Después te enteras. Luego tienes unos días para defenderte ante Hacienda y la UIF, la misma autoridad que ya decidió bloquearte. Puedes recurrir a un juez, pero a uno que responde al mismo gobierno que te bloqueó la cuenta, porque ese mismo gobierno lo colocó en el cargo tras la elección del Poder Judicial. Es decir, el que te acusa también termina decidiendo tu destino.

Mientras tanto, no puedes pagar renta, médico, servicios, nada. Tu vida financiera queda paralizada. Si quieres recuperar tu dinero, tendrás que litigar semanas o meses, tal vez años. Y sin garantía de nada.

Eso tiene nombre y no es justicia. Se está invirtiendo la carga de la prueba. El Estado sospecha y tú tienes que demostrar que eres inocente. Se acabó la presunción de inocencia. Aquí primero te castigan y luego, si te va bien, te dejan defenderte.

Claudia Sheinbaum dice que no hay nada que temer si actúas conforme a la ley. La frase suena bonita, pero es profundamente ingenua o cínica. En un país donde el gobierno usa el aparato de poder para perseguir adversarios, donde la justicia se dobla según la conveniencia política y donde la corrupción alcanza niveles nunca antes vistos, darle a la autoridad la capacidad de asfixiar financieramente a cualquiera es, simple y llanamente, una invitación al abuso.

Porque no nos hagamos, esto no es solo contra el crimen organizado, es contra cualquiera que incomode. Un empresario que no se alinea, un opositor que levanta la voz, un periodista que investiga o un ciudadano víctima de la arbitrariedad. Basta activar el mecanismo y listo, te quedas sin dinero, sin operación, sin capacidad de reacción. Asfixia inmediata.

Y el incentivo perverso es evidente. Si un burócrata puede congelarte la cuenta con un concepto ambiguo, también puede "ayudarte" a destrabarla. Corrupción institucionalizada. Extorsión con respaldo legal. Un arma perfecta en un sistema donde el poder rara vez se ejerce con límites.

López Obrador pasó años repitiendo el sonsonete de la honestidad valiente y presumiendo que en su movimiento no eran iguales. Hoy su legado es un aparato que concentra facultades, elimina contrapesos y normaliza el abuso bajo el discurso de combatir la corrupción. Y ahora Sheinbaum no solo lo hereda, lo profundiza.

Lo más grave es que muchos celebran esto. Aplauden porque creen que solo le pasará a "los malos". Ese es el error de siempre. Las herramientas sin control no distinguen. Hoy es contra el lavado, pero mañana puede ser contra cualquiera. Y cuando te toque, no habrá juez que te rescate rápido, no habrá dinero para defenderte, no habrá margen para reaccionar.

Estamos frente a un rediseño del equilibrio entre el ciudadano y el poder. Es quitarle protección al individuo y entregarle al Estado la capacidad de intervenir directamente en su vida sin control previo. Es, en pocas palabras, cambiar las reglas del juego en favor del gobierno.

Es congelar para someter, ese es el verdadero fondo de esta resolución. Porque cuando el Estado puede dejarte sin un peso con base en sospechas, ya no está combatiendo el crimen, está construyendo una herramienta de control. Y eso, en cualquier democracia que se respete, sería considerado un gravísimo retroceso autoritario.

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
Más de Jorge Triana
El relato de Farías

El relato de Farías

Por Jorge Triana
El huachicol fiscal, igual que los casos de Rocha en Sinaloa, Marina del Pilar en BC, Américo en Tamaulipas o La Barredora en Tabasco, forma parte de los expedientes que hoy están bajo especial atención de EU.
Sinaloa, desaparecer poderes

Sinaloa, desaparecer poderes

Por Jorge Triana
El estado lleva más de año y medio en guerra abierta entre facciones del mismo cártel. Un gobierno rebasado o, peor, un gobierno que no puede actuar porque el conflicto toca a quienes lo llevaron al poder.
Marina: el otro sobrino

Marina: el otro sobrino

Por Jorge Triana
Resulta inútil preguntar si se va a investigar a fondo a Rafael Ojeda, o si va a hacer lo que ya parece regla: proteger el legado de López Obrador.
 El problema no es el derrame, es la mentira

 El problema no es el derrame, es la mentira

Por Jorge Triana
Sheinbaum pasó de negar indicios a ordenar revisiones y después a respaldar la hipótesis natural. Las tres posturas no pueden coexistir sin contradicción, pero la coherencia nunca fue la prioridad.
Asfixia con sello oficial

Asfixia con sello oficial

Por Jorge Triana
El SAT retiró la autorización para recibir donativos deducibles a más de cien organizaciones civiles. La coartada es de manual. Que si incumplieron requisitos, que si irregularidades, que si orden administrativo.
La mordaza digital

La mordaza digital

Por Jorge Triana
En su obsesión por acallar críticas, el régimen ya encontró un nuevo enemigo: los memes.