El SAT retiró la autorización para recibir donativos deducibles a más de cien organizaciones civiles. La coartada es de manual. Que si incumplieron requisitos, que si irregularidades, que si orden administrativo. |
No hace falta cerrar organizaciones si puedes dejarlas sin aire. No hace falta prohibirlas si puedes volverlas inviables. El obradorismo entendió eso desde hace años y hoy lo ejecuta con precisión quirúrgica. El SAT retiró la autorización para recibir donativos deducibles a más de cien organizaciones civiles. Claudia Sheinbaum dice que es una decisión técnica. Pero a nadie engaña, es un golpe polÃtico perfectamente calculado.
Cuando una organización pierde el estatus de donataria, pierde su principal vÃa de financiamiento. En México, donde donar ya es difÃcil, quitar la deducibilidad es prácticamente cortar el suministro. Sin recursos no hay operación y sin operación no hay impacto. Es una forma de asfixia que no necesita escándalo porque se ejecuta con discreción y con papeles en regla.
Y no le pegó a cualquiera. Le pegó a organizaciones que llevan años haciendo el trabajo que el gobierno no quiere ver ni escuchar. México Evalúa, que ha desmontado el discurso oficial en seguridad y finanzas públicas. El IMCO, que ha exhibido riesgos de corrupción, ineficiencias en Pemex y el rezago en competitividad. Mexicanos Primero, que ha documentado el desastre educativo con datos, no con propaganda. Morelos Rinde Cuentas, que ha investigado corrupción en gobiernos locales, incluido el del impresentable Cuauhtémoc Blanco. Es decir, el problema no es fiscal, es polÃtico. Son incómodos.
La coartada es de manual. Que si incumplieron requisitos, que si irregularidades, que si orden administrativo. El lenguaje burocrático sirve para esconder lo evidente. Esto ocurre después de años de descalificación sistemática contra la sociedad civil. Primero los llamaron corruptos, luego les quitaron apoyos y ahora les cierran el acceso al financiamiento. No es coincidencia, es método.
Pero el cinismo alcanza otro nivel cuando se mira el contraste. Mientras organizaciones con años de trabajo batallan durante años para obtener o renovar su autorización como donataria, la asociación civil impulsada por López Obrador obtuvo su permiso en cuestión de dÃas. Sin obstáculos, sin laberintos, sin requisitos imposibles. Y justo después de esa vÃa rápida, viene la guillotina para decenas de organizaciones incómodas. Es imposible no ver la incongruencia. Para los cercanos al poder hay autopista; para los crÃticos, un muro.
Y en medio de todo esto está el SAT, encabezado por Antonio MartÃnez Dagnino, cercano al cÃrculo más Ãntimo del obradorismo y señalado por su relación personal con Andy López Beltrán. Ese dato no es menor. Porque cuando las decisiones "técnicas" afectan sistemáticamente a quienes incomodan al poder y benefician a quienes están alineados, dejan de ser técnicas. Se convierten en instrumentos polÃticos con membrete fiscal.
Lo verdaderamente perverso es el mecanismo que han construido. En algunos casos, las organizaciones necesitan que una autoridad pública valide su trabajo para poder mantener su autorización. Es decir, el vigilado decide si el vigilante puede seguir existiendo. Es una aberración democrática que en cualquier paÃs serio provocarÃa un escándalo inmediato. Aquà se intenta normalizar como si fuera un trámite más.
Sheinbaum puede repetir que no hay intención polÃtica todo lo que quiera, pero la polÃtica no se mide por lo que se dice, sino por lo que se hace y por a quién se afecta. Y el patrón es clarÃsimo. Debilitar a quienes investigan, a quienes evalúan, a quienes cuestionan, a quienes incomodan.
Esto no es una discusión fiscal. Es una disputa por el control del espacio público. Es decidir si México tendrá una sociedad civil autónoma o si todo tendrá que pasar por el filtro del gobierno. Es la diferencia entre un paÃs con contrapesos y uno donde el poder se administra sin vigilancia.
Este gobierno ya tomó su decisión. No persigue, regula. No censura, condiciona. No prohÃbe, asfixia. Es un autoritarismo que no necesita levantar la voz porque aprendió a operar desde la ventanilla.
Seguramente seguirán hablando de democracia. Pero una democracia donde el gobierno decide quién puede financiarse, quién puede operar y quién puede existir fuera de su control no es democracia. Es dominio. Y lo están construyendo, oficio por oficio, permiso por permiso, hasta que ya no quede nadie que pueda incomodarlos sin pedir permiso para respirar.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.