Opinión
¿Quién teme al T-MEC?
Por Jorge Luis Preciado
La discusión no es si México necesita al T-MEC. Pues Estados Unidos tampoco puede sostener su competitividad global sin México.

La afirmación de Donald Trump de que Estados Unidos "no necesita a México" no resiste un análisis económico serio. El T-MEC no es una concesión política ni un favor bilateral: es el andamiaje que sostiene la competitividad de América del Norte frente a China, Asia y Europa. Negarlo es desconocer los propios datos del comercio estadounidense.

México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos. En 2023 y 2024, el intercambio bilateral superó los 850 mil millones de dólares anuales, por encima de China y Canadá. Más del 15% del comercio total estadounidense depende directamente de México. Esa es la dimensión real de la relación.

A lo largo de 3,209 kilómetros de frontera, la más activa del mundo, cruzan diariamente más de un millón de personas y alrededor de 1,500 millones de dólares en mercancías. No es una frontera de contención: es una línea de producción compartida que sostiene millones de empleos en ambos países.

México es el primer proveedor de autopartes de Estados Unidos y cerca del 40% del contenido de los vehículos ensamblados en ese país se produce en territorio mexicano. En manufactura avanzada, electrónica y agroindustria, México es un proveedor estratégico insustituible. El nearshoring lo confirma: más del 50% de los anuncios de relocalización industrial en América Latina se concentran en México.

A esta integración económica se suma una realidad política ineludible. Las reuniones bilaterales en seguridad, migración y comercio, el diálogo permanente con el embajador estadounidense y las conversaciones directas entre ambos presidentes muestran que sin México no hay control migratorio, ni estabilidad fronteriza, ni seguridad regional.

El T-MEC no se dirige a su ruptura. Se encamina a mayor integración, mayor regulación y mayor presión política. Frente a ello, México ha asumido una posición clara y sólida: sí al tratado, sí a la cooperación, pero con respeto pleno a la soberanía nacional. No desde la confrontación, pero tampoco desde la subordinación.

La presidenta de la República ha dejado claro que México cumple sus compromisos internacionales, defiende su marco constitucional y exige una relación entre socios estratégicos, no entre dependiente y tutor.

La discusión no es si México necesita al T-MEC. Eso es evidente. La discusión real es que Estados Unidos tampoco puede sostener su competitividad global sin México.

Y ese no es un argumento político. Es un dato duro.


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