Al igual que sucedió en su primer mandato, Donald Trump vuelve a la carga contra Irán en un movimiento militar con destino incierto. En 2020 ordenó la ejecución de un alto general del régimen de Teherán, pero, finalmente, la situación no escaló hacia un escenario bélico y, aún asÃ, el presidente perdió las elecciones presidenciales contra Joe Biden.
Ahora, nuevamente en un año electoral, el presidente insiste en su intención de liquidar al gobierno iranÃ, esta vez en un ataque coordinado con Israel que desde este sábado convulsiona Medio Oriente.
Una vez más Trump, con Irán como escenario, pone en juego su centralidad en un Partido Republicano que ha perdido siete elecciones seguidas desde noviembre - el revés más dramático fue el de Miami - y donde tiene peso especÃfico el movimiento Make America Great Again (MAGA) que no respalda intervenciones militares en el extranjero.
Trump confirmó que mataron al ayatolá Khamenei en los ataques a Irán
Este sábado figuras centrales del movimiento, como los comunicadores Tucker Carlson o Steve Bannon, se mostraron en contra del ataque a Irán. También aparecieron senadores y congresistas para recordar que la maniobra no cuenta con aval del Capitolio.
Una encuesta realizada esta semana por el semanario The Economist señaló que solo el 27% de los estadounidenses están a favor de una guerra con Irán.
Persuadir al electorado de la necesidad de una embestida contra el paÃs persa es más complicado ahora por lo sucedido en junio del año pasado, cuando el presidente, luego de atacar instalaciones iranÃes, dijo que el programa nuclear de Teherán habÃa sido "borrado".
Trump tampoco ha realizado el ejercicio de explicarle el público estadounidense su aspiración en Teherán y la decisión de acumular la mayor fuerza militar en esa latitud desde la segunda guerra del Golfo. Esta semana ofreció el discurso del "Estado de la Unión" y recién al minuto 90 se pronunció sobre Irán para reclamar el final absoluto de su programa nuclear. Y solo dedico tres minutos al tema.
El destino de una guerra incierta combinado con una inflación mayorista que no da tregua a la Reserva Federal, tal como se conoció este viernes, comienzan a afectar el aterrizaje territorial del presidente en los distritos en disputa.
Texas es un ejemplo. Trump no se ha pronunciado en la interna para elegir el candidato al Senado en un estado que es capital para el Partido Republicano. En paralelo, tal como señaló la agencia AP, los aspirantes a la Cámara Alta tampoco han buscado insistentemente el respaldo de la Casa Blanca: en diciembre los republicanos perdieron a manos de los demócratas el distrito 9 en el sur del estado, un territorio donde, en 2024, Trump habÃa ganado con amplia ventaja.
Lo mismo sucede en Carolina del Norte. Phil Berger, el jefe de los senadores republicanos en el estado y un aliado habitual de Trump, quien competirá en una primaria el 3 de marzo, le dijo esta semana a The Washington Post que no estaba considerando pedirle un apoyo público al presidente. Entendible: en noviembre del año pasado tuvieron lugar elecciones municipales en Carolina del Norte y los demócratas arrasaron.
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