Colombia atraviesa uno de sus momentos más críticos tras el terremoto de 7,4 grados que sacudió el occidente del país el lunes. La emergencia obligó al nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella a reordenar sus prioridades apenas días después de asumir, en medio de una crisis que pone a prueba su capacidad de respuesta. El mandatario, que durante la campaña prometió una política de fuerte rigor fiscal, ahora enfrenta el desafío de movilizar recursos y coordinar al Estado para atender la tragedia.
El politólogo francés radicado en Colombia, Yann Basset, dialogó con LPO sobre el impacto político del terremoto en los primeros días del gobierno de Abelardo de la Espriella. Basset, que también es profesor de la Universidad del Rosario y doctor en Ciencias Políticas por la Sorbonne, considera que la tragedia también puso a prueba la estrategia de descentralización planteada por el nuevo gobierno y expuso sus posibles dificultades en momentos de emergencia.
A su juicio, la tragedia puede abrir la puerta a una política exterior más pragmática por parte de la Cancillería Colombiana. Al mismo tiempo, cuestionó el tono de Gustavo Petro en los primeros días de la nueva administración y consideró que el expresidente debería aprovechar este momento para "bajar el tono" de su discurso.
Colombia tras el terremoto: entre la búsqueda de sobrevivientes, una sociedad conmocionada
Abelardo de la Espriella asumió el viernes pasado con la seguridad como una de las principales prioridades de su gobierno y con la promesa de combatir al "narcoterrorismo" y al crimen organizado. ¿Cómo puede el terremoto modificar esas prioridades y reconfigurar sus primeros 100 días de gobierno?
El terremoto reconfigura los planes, porque va a tener que cambiar de prioridades, sobre todo en materia de gestión financiera. Había anunciado durante su posesión que buscaba congelar el presupuesto nacional, que hereda un gran déficit fiscal y una gran deuda pública.
Entonces, tenía previsto una política de rigor fiscal muy fuerte y, evidentemente, para atender este desastre le va a tocar cambiar los planes. Entonces, vamos a ver hasta qué punto, pero sí, esto cambia los planes a nivel económico.
¿Cómo analiza la actuación del nuevo gobierno frente a esta tragedia?
De la Espriella llegó con esta idea de gobernar desde las regiones y de tener su capital alterna en Barranquilla. Lo que pasó el lunes, que el presidente llegó a Bogotá tres horas después de que sucedió el sismo, muestra que tiene que repensar bien esto, porque eso que era supuestamente un símbolo de descentralización, en realidad puede resultar muy ineficiente en momentos como este, en que, bueno, la administración está en Bogotá, nos guste o no. Y entonces tenía que estar en Bogotá y efectivamente pasó por Bogotá.
Entonces, lo de la descentralización implica reformas de fondo que, de hecho, tiene planeadas. Ya hay una ley de transferencia que ha sido adoptada y que entrará en vigor con una ley de cambio de repartición de competencia entre los distintos niveles territoriales. Entonces, eso va a ser realmente lo importante para este tema de descentralización, más que los símbolos de gobernar desde Barranquilla u otra parte.
Desde el ámbito internacional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fue una de las primeras en poner a disposición ayuda humanitaria, el presidente Lula da Silva también hizo lo mismo. ¿Cómo analiza que hayan sido gobiernos progresistas los primeros en hacerlo?
Esto cambia un poco la narrativa y eso me parece que es bienvenido, porque hay una ola de solidaridad bienvenida en el continente hacia Colombia y de gobiernos de todas las tendencias y eso seguramente va a incitar a la Cancillería colombiana a cambiar un poco este tono de guerra ideológica, además por la personalidad del canciller, que corresponde un poco a esta batalla ideológica.
Creo que esta batalla ideológica no es algo muy bueno. Está bien que el gobierno tenga sus posturas y que tienen consecuencias a nivel internacional, uno lo entiende, pero la política internacional también tiene que ser manejada con cierta prudencia. Hay gobiernos que no necesariamente son de la misma tendencia que uno, pero con los cuales es importante mantener relaciones y, si esto permite llegar a un poco más de pragmatismo, de entrada yo creo que sería muy bueno.
En medio de toda esta crisis, la Cancillería de Colombia anunció que dejaba de reconocer a la República Árabe Saharaui y que reconocía la soberanía de Israel en los Altos del Golán. ¿Fue desafortunado hacerlo en este momento? ¿Cómo analiza este giro en la estrategia internacional de Colombia?
Supongo que eso ya estaba previsto desde antes y hace parte justamente de esta política exterior muy ideológica. Estas posiciones del gobierno de la Espriella se pueden entender, pero habrá que analizar esto con más detenimiento y pensar un poco más pragmáticamente quizás en el tema de la política exterior y esta es una buena ocasión para hacerlo.
Evidentemente que haya un acercamiento y una apertura de las relaciones con Israel, esto es obvio y se había anunciado, pero de ahí a tener este tipo de ofensivas, de cortar con los gobiernos que no se consideran como amigos, cuando podrían, pues, por muchas razones, mantenerse relaciones funcionales, incluso si no hay acuerdos entre los gobiernos, me parece que es el momento de repensar un poco esto.
¿Cómo toma las críticas de Petro al gobierno de Abelardo de la Espriella durante estos primeros días? ¿Qué papel cree que mantendrá el expresidente en las próximas semanas y meses?
Podría pensar que después de un buen resultado en segunda vuelta, Iván Cepeda iba a poder asumir un mayor liderazgo. Finalmente resultó que no, dejó todo el liderazgo a Gustavo Petro, que maneja un discurso realmente cada vez más radical y cada vez de más ruptura con la idea de que hubo un fraude, aunque no aporta ningún elemento serio para justificarlo.
Ojalá sea el momento de recapacitar un poco, porque obviamente frente a un desastre como este, lo que prima es siempre la unión, la concordia nacional. Entonces, es el momento también quizás para Gustavo Petro de pensar un poco en el momento histórico y de bajarle un poco el tono a esa agresividad verbal.
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