El Ejército mexicano ya da por descontado que Estados Unidos realizará un despliegue militar en Venezuela en los próximos dÃas. Diversos oficiales que tienen contacto con el Comando Norte del Pentágono creen que la principal interna en Washington ya fue dirimida: el enviado especial Richard Grenell, de estilo más dialogante con Nicolás Maduro, habrÃa perdido la partida frente al secretario de Estado Marco Rubio y, especialmente, contra el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto.
En el entorno del general Ricardo Trevilla todavÃa hay dudas sobre cuál es el próximo movimiento. El despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe es demasiado grande para acabar con instalaciones del narcotráfico, pero, a su vez, es pequeño si se trata de una invasión: en Panamá, en 1989, Ronald Reagan utilizó 24.000 elementos mientras que el despliegue actual en el Caribe sur no llega a 5000 soldados a bordo de ocho embarcaciones.
Grenell, exembajador en Alemania en el primer gobierno de Donald Trump, y muy cercano a la familia del presidente, ya recibió la indicación de interrumpir las comunicaciones con Caracas y cualquier tipo de reunión en esa sede para la diplomacia paralela que es Bogotá. En Washington existe la tesis de que Grenell comenzó a perder la partida cuando creyó que el tema Venezuela podÃa catapultarlo como reemplazo de Rubio en el Departamento de Estado, un puesto que ambiciona.
La dirección bélica del escenario encuentra su zona gris no tanto en el resultado de la confrontación, sumamente previsible, sino, más bien, en el dÃa después de una eventual caÃda de Maduro.
Esta es la situación que detona todo tipo de especulaciones en Ciudad de México, Brasilia y Bogotá. En el Ejército mexicano tienen la teorÃa de que ningún perfil de la oposición venezolana podrÃa asegurar la gobernabilidad del paÃs sin el respaldo militar de Estados Unidos. Justamente, el escenario que la Casa Blanca rechaza.
Trump, al igual que sucedió en junio en Irán, pretende una operación rápida, relámpago, que deponga a Maduro pero que Venezuela siga funcionando sin necesidad de un escenario como el de Irak luego de la segunda guerra del Golfo. Esas dos cuestiones son complejas de conciliar. Al igual que en Ucrania, el gran problema para Washington no es el tablero operativo, sino lo que vendrá después.
Grenell, al tanto de esto, jugó la carta, en diversas pláticas en Bogotá, de propiciar un cambio desde el interior del régimen, de preferencia en manos de un cuadro polÃtico joven que pudiera comenzar a mostrar un mayor alineamiento con Estados Unidos y que, de paso, flexibilizara las aristas más autoritarias.
El enviado especial está convencido de que la sociedad venezolana va a reclamar contra cualquier tipo de injerencismo lo cual podrÃa propiciar un escenario de represión que haga al paÃs inviable. Y Venezuela no es un paÃs más, es la principal reserva de crudo del planeta.
Preguntas ineludibles: ¿Qué sucederá con las reservas petroleras de Venezuela en una situación de conmoción interna?, ¿Cómo jugarán los socios internacionales del chavismo ante ese escenario? Como en todos los conflictos de diversas facetas, la avanzada bélica en Venezuela tiene un prólogo fácil de prever pero un nudo y un desenlace sumamente abiertos.
Rubio, en tanto, cree que en el interior del chavismo no hay salida alguna y que apostar a esa lÃnea serÃa replicar el error cometido por el staff de Joe Biden, donde creyeron que Maduro aceptarÃa el resultado de las últimas elecciones presidenciales. El rechazo a cualquier tipo de acuerdo no es tanto polÃtico, sino como más bien, un asunto de seguridad nacional. Para Rubio, Maduro no es un polÃtico de centro izquierda como Lula Da Silva o Claudia Sheinbaum: para el Departamento de Estado el mandamás de Caracas es un narcotraficante peligroso, un terrorista y por eso pesa sobre él una recompensa mayor que la de Osama Bin Laden.
En el Departamento de Estado, a diferencia del cálculo de Grenell, creen que la población apoyará mayoritariamente la salida de Maduro y hasta han analizado algunas encuestas encargadas desde una firma de opinión pública de Miami que cimentan esa percepción. Con el respaldo civil, no serÃa necesaria una permanencia militar de larga duración.
Finalmente, una coincidencia con Grenell. El secretario de Estado tiene dudas sobre quién gobernará la Venezuela sin Maduro pero también, al menos una opción que desliza con sigilo absoluto y que, según menciona, se encuentra actualmente en territorio venezolano.
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