Lo que ocurrió en la tribuna del Congreso capitalino no fue un simple error. Fue una escena que dejó al descubierto desconocimiento territorial... y una contradicción interna.
La diputada de Morena, Ana BuendÃa, presentó un exhorto para que la alcaldÃa Gustavo A. Madero atendiera un punto comercial en el llamado "Puente Negro". Solo que ese sitio no está en Gustavo A. Madero. Está en Tlalnepantla, Estado de México.
SÃ, en otro estado.
Confundir tu propio distrito con un municipio mexiquense no es un lapsus. Es no saber dónde empiezan ni dónde terminan los lÃmites que dices defender.
Pero el episodio tiene un segundo acto.
Las vÃas primarias no son competencia de las alcaldÃas. Corresponden al Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Clara Brugada. Es decir: al dirigir mal su exhorto, la diputada terminó reconociendo -"sin querer" - que el problema que denuncia es responsabilidad del gobierno central... también de Morena.
En su intento por señalar, terminó exhibiendo.
Y hay más.
Es legal que cualquier legisladora viva donde quiera. Pero en polÃtica no basta con la legalidad; también existe la congruencia. Se comenta que la diputada reside en Cuajimalpa. Si asà fuera, la explicación serÃa sencilla: es difÃcil conocer un distrito cuando no se vive en él.
Representar no es usar el nombre del territorio; es caminarlo, habitarlo y entenderlo.
Lo ocurrido no es un detalle técnico. Es un retrato polÃtico.
Una diputada que no ubica su distrito.
Un exhorto dirigido a la autoridad equivocada.
Y un señalamiento que termina evidenciando la falta de atención del propio gobierno capitalino.
A veces la tribuna no solo revela errores.
Revela distancias.
Y en este caso, la distancia parece ser geográfica... y polÃtica.
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