México quiere crecer, atraer inversiones y subir en las cadenas de valor, pero arrastra una carencia que amenaza con convertirse en un límite estructural para conseguirlo: no está formando suficiente talento especializado. Los últimos resultados de PISA vuelven a exhibir el rezago educativo del país y, con él, una debilidad que trasciende las aulas y llega al mercado laboral, la productividad y los salarios.
Entre los 38 países evaluados de la OCDE, México ocupa el lugar 37 en el promedio general de la prueba, con un puntaje de 403, 66 puntos por debajo del promedio del resto de los países evaluados. El país también registró retrocesos en comprensión lectora y matemáticas.
Esta realidad cobra sentido cuando se observa la brecha en investigación y desarrollo. En las economías mejor posicionadas se destina en promedio más de 3.5% del PIB a este rubro, mientras que en México la inversión es inferior a 0.5%, explica Rubén Antonio Miguel, académico de la Facultad de Economía de la UNAM.
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La serpiente de Uróboro
Los resultados de PISA no son una novedad: México ha ocupado históricamente los últimos lugares entre los países de la OCDE. Sin embargo, el rezago en materias básicas se ha profundizado y amenaza con dificultar la formación de profesionales en áreas estratégicas como ciencia, ingeniería y matemáticas.
"No estamos formando los recursos humanos necesarios para que cuando ingresen a la universidad se orienten a carreras que sean puntos de lanza", señala el académico de la UNAM.
Las consecuencias ya se trasladan al mercado laboral. Los empleos mejor pagados están relacionados con las matemáticas, la ciencia y la ingeniería, áreas en las que además existe escasez de profesionistas, de acuerdo con Sebastián Corona, especialista del IMCO.
Sin esa formación, Antonio Miguel advierte que México corre el riesgo de seguir concentrándose en actividades de servicios y de menor valor agregado. En estos sectores, explica, existe menor margen para que los salarios crezcan por encima de la inflación, lo que limita las posibilidades de movilidad social.
El problema no se limita a las nuevas generaciones. De acuerdo con el experto de la UNAM, se estima que los jóvenes cuya formación estuvo marcada por el confinamiento podrían enfrentar una reducción de alrededor de 10% en los salarios que habrían obtenido de no haberse producido estas interrupciones educativas.
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La falta de capital humano especializado también dificulta la llegada de inversiones. Durante el periodo del TLCAN, una de las ventajas que México promocionó fue su disponibilidad de mano de obra barata, una estrategia que, según el académico de la UNAM, dejó en segundo plano la inversión en capital humano y una política industrial capaz de fortalecer las cadenas de valor.
Así se forma un círculo vicioso, similar a la serpiente de Uróboro: sin grandes empresas que demanden talento especializado, los jóvenes tienen menos incentivos para formarse en esas áreas; y sin ese talento, México tiene más dificultades para atraer y desarrollar empresas de mayor valor agregado.
El resultado es una combinación de bajo crecimiento económico, poco dinamismo del empleo formal y profesionistas que no pueden ejercer sus carreras porque no existe un mercado laboral que los absorba.
"Compara Carreras arroja que el 54% de los profesionistas no pueden ejercer su carrera porque no hay un mercado que los absorba", señala el especialista del IMCO.
Para Corona, una de las consecuencias del rezago que vuelve a mostrar PISA será mantener el "status quo" del mercado laboral mexicano.
En ello coincide el economista de la UNAM, quien advierte que difícilmente cambiará la estructura productiva del país si no se aprovecha el bono demográfico para preparar a las nuevas generaciones en áreas científicas y tecnológicas.
Un problema que llega al crecimiento
El rezago educativo ocurre en un momento en el que el gobierno busca impulsar el crecimiento a través de una mayor inversión. Sin embargo, las proyecciones del Paquete Económico para 2027 no muestran un cambio sustancial en el panorama y estiman un crecimiento de 2% para lo que resta del sexenio.
La falta de talento especializado se convierte así en un problema que trasciende al sistema educativo. La capacidad de atraer empresas de mayor valor agregado, elevar la productividad y generar empleos mejor remunerados depende también de contar con trabajadores con las habilidades que demanda una economía cada vez más tecnológica.
Entre la IA y las secuelas de la pandemia
Los factores detrás del rezago educativo son diversos. Entre ellos están la limitada expansión de la matrícula universitaria y la inversión insuficiente en infraestructura, a los que se suman las secuelas de la pandemia y los nuevos desafíos derivados de la inteligencia artificial y el uso de las redes sociales, de acuerdo con la OCDE.
Actualmente, el gobierno tiene como objetivo aumentar la cobertura educativa a 55% para el cierre del sexenio de Claudia Sheinbaum, lo que implicaría la construcción de nuevas universidades.
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Los expertos reconocen el esfuerzo por ampliar la oferta académica y apostar por una educación más crítica. Sin embargo, consideran que ampliar la cobertura no será suficiente si el país no consigue orientar una mayor proporción de estudiantes hacia las áreas de conocimiento que requiere su estructura productiva.
"Pero ya se ve una luz al final del túnel", confió Miguel.
El desafío, entonces, no es únicamente ampliar la matrícula universitaria, sino formar el talento que requiere una economía que busca atraer inversión, elevar su productividad y generar empleos mejor remunerados. De lo contrario, el rezago educativo seguirá funcionando como un límite estructural al crecimiento de México
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