Detrás de la operación que significó la salida de la gigante española Iberdrola de México hay un nombre clave: Arturo Saval. No sólo diseñó el andamiaje financiero que permitió a una empresa pequeña y poco conocida en el mundo energético como Cox cerrar un negocio de 4,000 millones de dólares para quedarse con los últimos activos del segundo generador de electricidad en México, sino que, utilizando la carta de la transición energética, convenció a la presidenta Claudia Sheinbaum de dar luz verde a la operación.
Saval forma parte del consejo de administración de Cox, pero su verdadero peso en esta operación se lo da su experiencia como presidente y cofundador de Nexxus Capital, una de las firmas de inversión más grandes de México y España. Cox no contaba con los recursos propios para afrontar una compra de semejante magnitud, y fue Saval quien armó el esquema de financiamiento que hizo viable el acuerdo.
Su participación no se limitó a la parte técnica: también tendió los puentes con Palacio, aprovechando el interés de Sheinbaum en los proyectos vinculados a energÃas limpias y en reforzar la narrativa del Acuerdo de ParÃs. Según pudo saber LPO, el mensaje que llegó a Palacio fue que Cox, con su experiencia en fotovoltaica, representaba una opción más atractiva para los mercados que dejar los activos en manos de la estatal CFE.
Los antecedentes de Cox, la española que compró los activos de Iberdrola México
El desafÃo que se abre ahora es grande. Cox debe consolidar en tiempo récord un portafolio que la transforma de un actor marginal en el nuevo dueño de quince plantas eléctricas con más de 2,600 MW de capacidad. Además, deberá administrar una cartera de proyectos futuros de gran escala. En el sector reconocen que la tarea es mayúscula: lograr liquidez, mantener la operación estable y ganarse la confianza de inversionistas y reguladores.
El contraste con Iberdrola es evidente. Durante la conferencia mensual del IMEF, el presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos VÃctor Herrera planteó con claridad la postura del sector privado: "La pena de que se vaya Iberdrola es que es un gigante inversionista, que tiene capacidad de construir nuevos proyectos y aportar gran cantidad de recursos". Cox, en cambio, es una firma mucho más chica, que ahora deberá demostrar que puede sostener el peso de esa herencia.
Saval, mientras tanto, refuerza su perfil como uno de los financieros con llegada a los despachos del poder en México. El esquema que logró armar para Cox consistió en un financiamiento del 75% del monto de la compra de Iberdrola con créditos a la banca internacional y el 25% restante mediante recursos propios, vÃa aumento de capital o emisión de acciones. Ahora, deberá consolidar toda la operación con poca liquidez. Para ello, supo LPO, Saval programa un nuevo instrumento financiero.
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