El escándalo de Gerardo Fernández Noroña por la revelación de su casa en Tepoztlan tiene un aire similar a las tribulaciones de Andy López Beltrán y sus vacaciones en Tokio: no es que sean un significado automático de presunta corrupción, pero representan un nivel de vida que es prácticamente imposible para el electorado que ellos pretenden representar y que no tiene nada que ver con lo postulado por Andrés Manuel López Obrador.
El todavía presidente del Senado se ha manejado igual que el hijo del expresidente: van de la indignación por entender que sus adversarios les quieren decir cómo deben vivir a justificaciones por momentos extravagantes, como las que Fernández Noroña esgrimió en la complaciente entrevista que realizó con La Octava, donde el senador habló de los motivos para volar en primera clase.
Más allá de lo discursivo, Noroña sabía, según el mismo contó en el Senado, que su casa iba a ser expuesta desde hace más de un mes y por eso se mostró entusiasta primero, y promotor después, de que la senadora Laura Itzel Castillo sea su reemplazo. La legisladora tiene llegada directa a Claudia Sheinbaum.
Convencido del golpe que venía, el senador intentó tener un gesto con Palacio Nacional que expone el trasfondo de los problemas estivales del morenismo: la creencia generalizada de que Omar García Harfuch está detrás de todas las informaciones de corte patrimonial y turístico de los salpicados.
El horizonte de estas presuntas maniobras, según los afectados, es el esperable: erosionar a aquellos que fueron favorecidos por los acuerdos electorales de Andrés Manuel López Obrador y que comenzaron a elaborar proyectos hacia el 2030. Noroña, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal y, desde ya, Andy. Todos los que se dedicaron al 2030 en la primera mitad del año vivieron un verano complejo. Noroña era el eslabón que faltaba.
En la Secretaría de Seguridad, en las reuniones más reservadas, cuando se mencionan estas sospechas del interior del movimiento respecto al hombre más poderoso del gabinete, la respuesta es acida: si realmente había una intención destructiva, se hubiera quedado todos sin visado. La idea, alegan, no es dejar a nadie afuera del tablero, sino acomodar sus fichas del modo más estratégico posible.
El mensaje tiene eco en la realidad: Adán Augusto y Monreal permanecen como coordinadores de las bancadas del Congreso a pesar de los grandes esfuerzos de los legisladores allegados a la presidenta para removerlos.
Intenciones y maniobras que se redoblaron en los últimos días pero que fueron rechazadas en Palacio donde susurran que lo ideal sería que el senador dejara la coordinación por su propia cuenta. Así como lo dicen, también afirman que es algo que nunca sucederá: "El problema de los políticos como Adán Augusto es que nunca han sabido como no estar".
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.