La guerra intestina en el PRD entre la dirigencia nacional de Jesús Zambrano y la dirigencia capitalina de Nora Arias podría dar un giro a favor del perredismo chilango, luego de meses de desagravios y forcejeos por el liderazgo e incluso por los recursos del partido en CDMX.
Ni con llamadas intimidantes a la prensa -en más de una ocasión- por el equipo improvisado del PRD en la CDMX ante periodistas temerosos a las represalias del poder, evitaron que el escándalo saliera a la luz. Arias y Zambrano no pueden dirigir el partido sin ponerse el pie uno a otro, culpándose por un instituto político cada vez más en los huesos.
Mientras Jesús Zambrano obtuvo poco menos del 2% de los sufragios y, en consecuencia, no logró rebasar una votación del 3%, mínima para mantener el registro nacional del Sol Azteca, en la Ciudad de México el conteo de los distritos dejó al perredismo a una décima del registro local: 2.9%.
Según pudo consultar esta redacción el plan de acción de Arias Contreras será solicitar la reelaboración de los porcentajes sin contar a los votos nulos, una jugarreta legaloide que ya se ha usado antes y que podría darle vida al PRD, y sobre todo a la diputación local plurinominal de Nora, quien en la refriega interna se refugió en el Congreso de CDMX.
Pero Arias no sufre sola la debacle de su partido en Ciudad de México. El exjefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, quien buscaba continuar con el fuero del Senado de la República al recinto de San Lázaro, perdió estrepitosamente ante el morenista Janecarlo Lozano y su equipo. Lo anterior mientras Mauricio Toledo sigue en el exilio, y su antigua enemiga personal toma las riendas del país en Palacio Nacional.
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Lo único a lo que puede aferrarse el PRD en la capital del país es a la Alcaldía Coyoacán donde Giovani Gutiérrez ratificó su reelección. Esa demarcación sureña es ahora el núcleo del Sol Azteca en la Ciudad de México luego de perder Tlalpan.
En contraste, Zambrano Grijalba de confirmarse la desaparición del registro nacional por no obtener la votación mínima, perdería el escaño en la Cámara Alta para enfrentar la molestia creciente del partido que prometió liderar para crecer en las urnas, no para entregarlo al concluir su dirección nacional prácticamente en su peor derrota desde su fundación.
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