Luego de las acusaciones en contra del exgobernador, el panismo quiere convertir a Ernesto Ruffo en un perseguido polÃtico, utilizando la misma estrategia de siempre: la hipocresÃa. |
En un pésimo movimiento polÃtico, figuras panistas del pasado salieron en nado sincronizado a respaldar a Ernesto Ruffo Appel, acusado en el caso de huachicol fiscal relacionado con la empresa Ingemar S.A. de C.V.
Hablamos del mismo Ruffo que durante años fue presentado como una especie de prócer de la democracia mexicana por haber sido el primer gobernador de oposición en el paÃs. El hombre al que el panismo presumÃa como sÃmbolo de transición, alternancia y supuesta dignidad democrática. Sin embargo, esa imagen se ha desplomado con el caso Ingemar, y con ella también se hunde un poco más la ya bastante deteriorada imagen de Acción Nacional.
Porque, para ser sinceros, el PAN hace mucho tiempo dejó de representar una alternativa polÃtica seria. Hoy parece más una cofradÃa desesperada por defenderse entre ellos.
El panismo busca defender a capa y espada a su gran "amigo" Ruffo Appel. El propio expresidente Vicente Fox aseguró que metÃa las manos al fuego por él. Pero ese respaldo, lejos de parecer un apoyo orgánico o una defensa sincera del Estado de derecho, parece más bien un extraño entramado para protegerlo o, tal vez, para protegerse. Y es que los señalamientos contra Ruffo no comenzaron ayer.
Desde tiempo atrás han existido acusaciones públicas sobre presuntos vÃnculos con el narcotráfico. Incluso JoaquÃn "El Chapo" Guzmán llegó a señalar, en su momento, que el exgobernador de Baja California tenÃa nexos con los hermanos Arellano Félix. Además, Ruffo no solo ha sido cuestionado desde el actual partido en el poder; también el propio Felipe Calderón, panista y expresidente, lo acusó en su momento de tener lazos con el crimen organizado.
Pero claro, hoy el mismo panismo quiere convertirlo en perseguido polÃtico, utilizando la misma estrategia de siempre. Ahà está, otra vez, la hipocresÃa como doctrina de la derecha: cuando les conviene, acusan; cuando se trata de los suyos, absuelven automáticamente. Cuando el señalado es adversario, exigen cárcel inmediata; cuando el señalado pertenece a su grupo polÃtico, entonces hablan de persecución, montaje y atropello al Estado de derecho. Por eso es importante recalcar algo: Ernesto Ruffo no es ningún mártir de la polÃtica mexicana. Está señalado y acusado por operaciones de importación de hidrocarburos realizadas por Ingemar S.A. de C.V., empresa de la que él mismo reconoció públicamente haber sido accionista.
De acuerdo con las indagatorias, parte del combustible habrÃa ingresado al paÃs mediante declaraciones aduanales distintas a las que correspondÃan para gasolina y diésel, con el propósito de evadir impuestos y cuotas fiscales. A este mecanismo se le conoce como huachicol fiscal.
Y hay que explicarlo con claridad: a diferencia del robo de combustible mediante tomas clandestinas en ductos de Pemex, aquà hablamos de introducir millones de litros de hidrocarburos al paÃs disfrazándolos como otro tipo de mercancÃa para pagar menos impuestos o, simplemente, no pagarlos.
El caso se encuentra vinculado con el aseguramiento de aproximadamente 15.5 millones de litros de combustible y 129 autotanques durante un operativo realizado en Coahuila en 2025, considerado uno de los decomisos de hidrocarburos más grandes registrados en México. Con ese contexto, resulta todavÃa más extraño ver al panismo cerrar filas de manera tan rápida y desesperada. La desesperación del panismo ha llegado a tal grado que incluso han intentado posicionar en medios la idea de que al panista acusado de huachicol fiscal ya se le apodó en su celda como "Ruffo Mandela". SÃ, leyeron bien: "Ruffo Mandela".
La comparación no solo es absurda, es ofensiva para la inteligencia de la ciudadanÃa. Porque una cosa es defender el debido proceso, que debe respetarse siempre, y otra muy distinta es fabricar mártires para lavar trayectorias polÃticas, proteger complicidades y victimizar a quienes hoy deben responder ante la justicia. Y es aquà donde surgen preguntas inevitables.
¿Qué ocurrirÃa si la investigación sigue el dinero e identifica a más socios, funcionarios o redes empresariales? ¿Qué pasarÃa si Ruffo decide explicar cómo funcionaban esas relaciones, quiénes participaron y quiénes sabÃan lo que estaba ocurriendo? ¿Qué tanto miedo tiene el panismo de que uno de los suyos decida hablar?
No estamos afirmando que eso vaya a suceder. Pero la velocidad con la que el PAN cerró filas vuelve inevitable la sospecha polÃtica. Ya que cuando tantos personajes del viejo régimen corren a proteger a uno solo, la pregunta no es únicamente qué hizo Ruffo, sino qué sabe Ruffo. Si realmente creen en el Estado de derecho, que permitan que el proceso avance. Que se presenten las pruebas. Que actúe la defensa. Que los tribunales resuelvan.
La derecha mexicana quiere vendernos la idea de que defender a Ruffo es defender la democracia. Pero no. Defender la democracia implica permitir que se investigue a cualquier persona, sin importar su apellido, su partido, su trayectoria o sus amistades polÃticas. Lo que estamos viendo no parece una defensa jurÃdica. Parece una operación polÃtica de contención.
Entonces, la pregunta de fondo es muy sencilla: ¿Están defendiendo los derechos de Ernesto Ruffo o están protegiendo los acuerdos, los intereses y los secretos del viejo régimen que él conoció desde dentro? Sabemos muy bien que si algo ha demostrado el panismo en los últimos años es que no solo son profundamente hipócritas. También son demasiado poco inteligentes.
Tan poco inteligentes que, en su intento por defender a Ruffo, terminaron exhibiendo algo mucho más grande: el miedo que tienen de que la investigación toque las fibras más profundas de esa red de privilegios, negocios, complicidades y poder que durante décadas operó bajo el disfraz de la democracia.
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¿Y ellos para cuándo?
La libertad de mentir
Más que un partido
disputar la polÃtica que se jugaba alrededor de él.