El movimiento políticó logró reconciliar a quienes durante décadas juraron ser enemigos. |
Durante años lo negaron. Se burlaban y llamaban locos a quienes advertían que en México existía una mafia del poder. Decían que el PRIAN era una fantasía, una consigna inventada. Pero el tiempo, ese juez que termina poniendo a cada quien en su lugar, acabó por exhibirlos: el PRIAN no solamente existía, sigue existiendo.
Y hay que reconocer otro milagro de la Cuarta Transformación: consiguió reconciliar a quienes durante décadas juraron ser enemigos. Vicente Fox, el panista que llegó a la Presidencia celebrando haber sacado al PRI de Los Pinos, hoy se reúne con Alejandro Moreno, dirigente nacional de ese partido, convertido prácticamente en aliado y referente de aquellos a quienes prometió combatir.
Esa foto que publicaron en redes sociales tiene un enorme simbolismo político. En el año 2000, millones de mexicanos votaron por Fox porque representaba la posibilidad de terminar con 71 años de gobiernos priistas. Su victoria despertó una esperanza legítima de cambio. Veintiséis años después, aquel personaje que hizo del antipriismo una bandera política termina sentado con el presidente del PRI buscando coincidencias para enfrentar a la 4T.
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Cuando perdieron el poder comenzaron a desaparecer las diferencias que durante décadas parecían irreconciliables.
Eso obliga a conservar intacta nuestra memoria histórica. No porque México deba vivir atrapado en el pasado, sino porque un pueblo que olvida quién le falló corre el riesgo de entregar nuevamente su confianza a quienes ya lo traicionaron.
Por eso resulta revelador que Alejandro Moreno asegure ahora que su encuentro con Fox fue para "defender la democracia".
La pregunta es inevitable: ¿la democracia de quiénes?
¿La de quienes impulsaron el desafuero de Andrés Manuel López Obrador para intentar impedir que llegara a la elección presidencial de 2006? ¿La de quienes convirtieron los acuerdos cupulares en una forma de distribuir cargos e instituciones? ¿La de quienes presentan como amenaza cualquier transformación que cuestione los espacios de poder que durante años consideraron propios?
Y existe una contradicción todavía mayor. Alejandro Moreno pretende presentarse como defensor de la democracia después de haber impulsado modificaciones a los estatutos del PRI que hicieron posible prolongar su permanencia como dirigente nacional. Además, ha enfrentado investigaciones y señalamientos de autoridades de Campeche por irregularidades patrimoniales y operaciones relacionadas con decenas de millones de pesos.
Ese es el personaje que hoy encuentra en Vicente Fox a un interlocutor para hablar sobre democracia.
Pero la reunión permite entender algo más profundo. La 4T modificó las fronteras tradicionales de la política mexicana. Antes, la principal disputa electoral se presentaba como PRI contra PAN. Desde 2018, ambos descubrieron que tenían mucho más en común de lo que estuvieron dispuestos a reconocer. Cuando apareció un movimiento capaz de desplazarlos simultáneamente del centro del poder, sus antiguas diferencias comenzaron a convertirse en asuntos secundarios.
Ahí está la verdadera fotografía.
No estamos viendo simplemente a dos políticos veteranos conversando. Estamos viendo al expresidente que simbolizó la derrota histórica del PRI convertido en aliado de su dirigencia. La paradoja es extraordinaria: Fox necesitó derrotar al PRI para llegar a la Presidencia; hoy necesita entenderse con él para intentar derrotar a Morena.
Y quiero dejar algo muy claro: esta crítica no está dirigida contra quienes alguna vez votaron por el PRI o por el PAN. Millones lo hicieron buscando legítimamente un mejor país. Creyeron en Fox porque deseaban una democracia más fuerte. La responsabilidad no recae sobre el ciudadano que confió, sino sobre quienes utilizaron esa confianza y después olvidaron sus promesas.
Por eso debemos permanecer unidos, pero no por odio ni fanatismo. Unidos por la memoria y por la responsabilidad de proteger las conquistas sociales alcanzadas durante estos años.
La política debe servir al prójimo, nunca servirse de él.
Al final, quizá la 4T consiguió algo que parecía imposible: que el hombre que sacó al PRI de Los Pinos terminara regresando a sus brazos.
Milagro, reconciliación o desesperación. Juzgue usted.
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