En la intrincada red del sector primario bajacaliforniano, la transición hacia la institucionalidad ha tocado las fibras más sensibles de la vieja guardia. El reciente choque en la asamblea ganadera protagonizado por Gustavo RodrÃguez Cabrales no fue un desliz verbal, sino el último estertor de un dirigente acorralado.
Tras años de manejar el Comité Pecuario, Cabrales enfrentó el rigor de una auditorÃa de la SENASICA y la SADER estatal. ¿Su respuesta? Un amparo judicial para evitar la rendición de cuentas, forzando al Estado a absorber la instancia ejecutora para no paralizar al sector.
Despojado del control operativo, Cabrales intentó usar la asamblea ganadera para legitimar su figura con un reporte improvisado de "aretes entregados" y lanzar un dardo machista contra la nueva estructura estatal: "a ver quién ronca más fuerte".
Para LPO, la lectura estratégica se centra en la contundencia de Mónica Vargas. La titular de la SADER no rehuyó la confrontación, sino que la aniquiló: "No se trata de bravuras, ni de ronquidos, sino de dar resultados".
Con este movimiento, Vargas neutraliza el boicot corporativista, defiende la absorción de la instancia ejecutora y le demuestra al cÃrculo rojo que en su dependencia, las auditorÃas federales no se negocian con berrinches.
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