Julieta Ramírez parece llevar prisa en sus movimientos políticos desde que regresó de la CDMX tras la reunión con la dirigencia nacional de Morena, con su más reciente evento público siendo una reunión con Jesús Alejandro Ruiz Uribe.
La lectura política de la reunión entre los dos aspirantes tiene varios niveles que van desde lo obvio hasta lo conspirativo. Por un lado, es claro que ambos están interesados en mostrar que el aparente regaño de la dirigencia nacional de Morena no cayó en saco roto; por el otro, está la actual estancia de Ruiz Uribe como el aspirante más abiertamente crítico de la administración estatal actual.
Ruiz Uribe no ha ahorrado palabras para decir que el exesposo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda es quizá el mayor problema en Baja California, también ha dejado en claro que hay un descontento entre diversos sectores con la administración actual, aunque en todas las ocasiones ha sido prudente para señalar al círculo cercano de la mandataria, más no a la propia Marina del Pilar.
Además, el exdelegado de Bienestar ha comenzado a señalar en sus conferencias que Ramírez Padilla es quien mejor clasificada sale en las encuestas y que tiene mejores indicadores que el propio Ismael Burgueño, el otro candidato natural del partido y cara al 2027.
Una reunión con Jaime Bonilla seguida por una reunión con Ruiz Uribe manda un mensaje que parece señalar el inicio de una operación cicatriz con los sectores que menos se sienten representados por la actual administración estatal.
También da a entender la celeridad con la que la senadora está cumpliendo con el mandato partidista, una combinación que para algunos muestra señales de claridad sobre el futuro del proceso, aún si unos apuntan a que habla de la seguridad que debe tener la senadora con licencia sobre su futuro, mientras que otros hablan de aparente desesperación por acaparar la conversación.
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