No se hagan bolas, ni toda la publicidad ni todos los medios al servicio de los operadores morenistas en el poder han logrado convencer a nadie de lo contrario: aunque le duela a la cúpula, la candidata natural a la gubernatura es Julieta Ramírez, no Ismael Burgueño.
Así lo demuestran las encuestas no pagadas por status quo. Así lo confirma la cercanía de la joven senadora con la dirigencia nacional del partido, y la cantidad de ocasiones que la presidenta Claudia Sheinbaum, desde el templete o desde su conferencia de prensa mañanera, ha presumido a una de sus voceras.
Es decir, Julieta Ramírez tiene el cariño del pueblo y el respaldo de la dirigencia nacional.
Y es que mientras ella atiende la agenda legislativa y defiende, en medios y redes, el proyecto que representa la presidenta Sheinbaum, el resto de los morenistas están lidiando con múltiples acusaciones que comprometen la honradez que tanto profesan.
Ya parece tradición de la 4T bajacaliforniana que el delfín del gobernador se quede en el camino; le pasó a Jaime Bonilla, quien se opuso a la candidatura de Marina del Pilar, y hoy le pasa a la gobernadora y su resistencia a reconocer la realidad: es Julieta.
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