La discusión sobre la sucesión gubernamental de 2027 en Baja California ha comenzado a modificar los equilibrios polÃticos al interior de la Cuarta Transformación. En los últimos dÃas, operadores y actores cercanos al proceso interno han coincidido en que el margen de maniobra del exgobernador Jaime Bonilla Valdez se ha reducido considerablemente, al tiempo que crecen las versiones sobre una eventual alianza entre Morena y el Partido del Trabajo (PT).
En ese contexto, ha resurgido también un viejo señalamiento que durante años ha acompañado la trayectoria de Bonilla: las versiones que lo ubican como un presunto informante de agencias estadounidenses, particularmente del FBI. Aunque estas afirmaciones han circulado desde hace décadas en el ámbito polÃtico y mediático de Baja California ahora vuelven a tener relevancia tras su creciente desgaste como interlocutor dentro del movimiento, y por la acusación que lanzó la gobernadora Marina del Pilar de tenderle una "emboscada" para filtrar esa conversación con la prensa.
El tema no surgió recientemente, Jaime Bonilla ha sido señalado en diversas publicaciones como presunto informante del FBI desde hace más de dos décadas. A principios de los años 2000, medios estadounidenses como Los Angeles Times documentaron que Bonilla colaboró como informante confidencial del FBI durante una investigación de corrupción relacionada con el Distrito de Agua de Otay, en California.
De acuerdo con esos reportes, el entonces empresario utilizó equipo de grabación proporcionado por la agencia federal para obtener conversaciones que posteriormente fueron utilizadas en una investigación judicial. El propio Bonilla reconoció en su momento haber colaborado con el FBI, mientras que esa participación quedó consignada en expedientes judiciales estadounidenses. A partir de esos antecedentes, en Baja California comenzaron a circular durante los años noventa y principios de los 2000 versiones que lo identificaban como un interlocutor cercano a autoridades estadounidenses.
Un episodio que vuelve a colocarse en el centro del debate polÃtico y que, ante la falta de confianza que actualmente rodea al exgobernador, abre también una discusión al interior del PT sobre el escenario que enfrenta rumbo a 2027. Tras perder posiciones polÃticas y operadores estratégicos en Baja California, el partido llegará con menor capacidad de negociación que en 2024, por lo que la definición de una eventual alianza dependerÃa, en gran medida, de las decisiones que tome la dirigencia nacional.
La conversación también alcanza a Montserrat Caballero, exalcaldesa de Tijuana y hoy militante petista, cuyo discurso polÃtico ha sido públicamente cuestionado. Entre las crÃticas que circulan se encuentra la percepción de que ha buscado reposicionarse como una figura distante de Morena, minimizando el desgaste que dejó su administración municipal.
Como la aspirante a la gubernatura del partido petista, Caballero ha declarado sin recelo que ella no quiere ir en alianza con Morena, sin embargo reconoce que hará lo que decida la dirigencia nacional. "Prefiero perder con mis propios números a arriesgarme con números que ya me fallaron una vez, esa es la conclusión", sentenció la exalcaldesa al ser cuestionada sobre si aceptarÃa ser representada por otro candidato dentro de la coalición dejando entrever el deterioro del PT en Baja California.
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Cabe recordar que aunque la antes morenista insista en resaltar sus logros como mandataria, su gestión estuvo marcada por conflictos polÃticos y señalamientos sobre la prioridad que tuvieron los acuerdos polÃticos y administrativos por encima de la atención a los problemas de gobierno, una narrativa que contrasta con la imagen que actualmente busca proyectar.
A pesar de ello, la imagen que hoy intenta construir como una polÃtica surgida del pueblo, ajena a las viejas prácticas y que abandonó Morena por convicción, contrasta con la percepción que dejó al concluir su administración en Tijuana. Diversos proyectos inconclusos, obras que continúan afectando la movilidad, problemas persistentes en los servicios públicos y una gestión marcada por constantes confrontaciones polÃticas dejaron un balance que para amplios sectores de la ciudadanÃa aún genera cuestionamientos y un mal sabor de boca.
Su salida de Morena también se dio en un contexto de reconfiguración polÃtica. En 2023, Jaime Bonilla Valdez fue corrido del partido guinda por acusaciones de violencia policial de género para incorporarse al Partido del Trabajo en medio de un abierto rompimiento con la dirigencia estatal y el grupo polÃtico que encabeza la gobernadora Marina del Pilar. Detrás de él, Caballero terminó siguiendo la misma ruta hacia el PT, por lo que, más que un distanciamiento exclusivamente motivado por convicciones personales, su salida estuvo marcada por el quiebre del proyecto polÃtico del que formó parte desde su llegada al poder.
En medio de la mayor crisis polÃtica y mediática que ha enfrentado el grupo gobernante desde la llegada de Morena al poder en Baja California, las piezas comienzan a reacomodarse. Mientras la administración de Marina del Pilar busca contener el desgaste provocado por semanas de confrontaciones, filtraciones y cuestionamientos públicos, el margen de maniobra de Jaime Bonilla parece reducirse cada vez más. En ese escenario, Montserrat Caballero intenta reconstruir un liderazgo que aún sufre las consecuencias del colapso del proyecto que la llevó al poder.
Con la sucesión de 2027 en el horizonte, la batalla ya no sólo se libra por las candidaturas, sino por recuperar la credibilidad perdida ante un electorado que observa con mayor reserva las disputas internas del oficialismo.
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