Quisiéramos ser optimistas sobre la perspectiva para los siguientes meses, pero no es así: México está en medio de una crisis de incertidumbre. |
La primera mitad de 2025 estuvo, por decir lo menos, convulsa y muy dura en materia económica. Y no es para menos, la principal economía del mundo decidió volcar su históricamente abierta y receptiva política comercial, en una guerra mundial de aranceles, cuyo principal saldo ha sido la duda, la muy cara falta de certeza.
La única constante en estos seis meses ha sido la tensión comercial desencadenada por las políticas de Donald Trump que han afectado al mundo entero.
En México, los efectos de esta crisis comercial comenzaron a sentirse de inmediato. El más visible de ellos es un estancamiento de la economía. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) a mayo, que es un vistazo anticipado del comportamiento del PIB, retrocedió 0.3 por ciento, motivado principalmente por una caída en la actividad industrial, con lo que se confirma un estancamiento de la economía rumbo al cierre del segundo trimestre.
Recordemos que, en el primer cuarto del año, la economía mexicana avanzó solo 0.2 por ciento, con lo que apenas pudo esquivar el balazo de la recesión. Si la economía no crece algo en junio, es decir, si el IOAE vuelve a quedar en negativo, la caída del PIB en el segundo trimestre es i-n-e-v-i-t-a-b-l-e.
Pero los resultados de la estrategia de Donald Trump para hacer Estados Unidos "Great Again" no solamente han impactado a la economía mexicana. En el primer trimestre de este año, la economía estadounidense reportó un retroceso de 0.1 por ciento, o 0.3 por ciento en comparativo anual. Su primera contracción desde 2022. ¿Qué falló? las importaciones.
Las entradas de mercancías a la nación de las barras y las estrellas sufrieron un incremento trimestral de 50 por ciento contra el mismo periodo del año anterior, debido totalmente al nerviosismo causado por los temibles aranceles. Ante el miedo por la espiral arancelaria, las empresas en Estados Unidos adelantaron las compras del año al extranjero, causando un déficit en la balanza comercial que debilita la economía interna. Pum.
A este cocktail de causalidades habría que agregarle que la Oficina de Análisis Económico de EU también señaló al menor gasto público como factor del retroceso. Recordemos todos los programas que Trump borró de un plumazo al llegar a la Casa Blanca. Hoy, estas decisiones están cobrando factura en la economía americana.
Ante los hechos, quisiéramos ser optimistas sobre la perspectiva económica para los siguientes meses, pero no es así.
Todos los organismos internacionales han recortado sus perspectivas de crecimiento económico para México al cierre de este año. La OCDE proyectó un crecimiento de solo 0.4 por ciento, mientras que el Banco Mundial estima un 1.5 por ciento; ambos coinciden en que México tendrá el comportamiento más débil de Latinoamérica. Incluso, el Banco de México es más estricto. Prevé que la economía crecerá solo 0.1 por ciento.
El gobierno está en el mismo entendido. La Secretaría de Hacienda recortó la expectativa de crecimiento para este año. En los Precriterios Generales de Política Económica para 2026, entregados al Congreso en abril pasado, recortó a 1.5 por ciento el crecimiento previsto del PIB para este año, de 2 por ciento previsto en el Paquete Económico para este año. Podría bajarla aún más cuando elabore el paquete para 2026.
A diferencia de la crisis de las hipotecas subprime en 2008, cuyo origen y efectos se sintieron en el sector financiero; y la del COVID en 2019, que causó un desabasto de insumos y conflictos logísticos sin precedentes, esta crisis es causada por factores meramente políticos. Es una crisis de incertidumbre donde México está en medio.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.