Hacia adelante, ojalá miráramos las perspectivas del PIB con un ilusionado "¿y si sí?", pero la realidad abruma. |
Llegamos a la primera mitad de este año con perspectivas económicas limitadas y tristes. El desempeño de la economía mexicana ha sido mediocre durante este 2026, por decir lo menos.
Los datos son duros. Al primer trimestre del año se reportó una contracción de 0.6 por ciento de la actividad económica. Las previsiones para el segundo cuarto no mejoran mucho. A pesar de que se presumen constantemente números de Inversión Extranjera Directa (IED), la realidad es que el Plan México, que se anunció en enero como bastión del desarrollo económico del país, no ha podido despegar en los grandes sectores de infraestructura, lo que ha mantenido a la economía aletargada y con tendencia a la baja.
Y es que la incertidumbre que se vive en el mundo de los negocios ha impactado demasiado, pero lo más riesgoso ha sido su larga duración. El esquema de revisiones anuales que Estados Unidos está imponiendo a sus socios del T-MEC está muy lejos de ser una señal que necesitan los grandes capitales para traer sus negocios a México.
Este 1 de julio comenzó la revisión formal del T-MEC. No se logrará una renovación automática de 16 años, como el tratado tiene contemplado, pese a los trabajos incesantes del secretario de Economía Marcelo Ebrard y su equipo negociador. Incluido también el sector privado de la mano de José Medina Mora al frente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).
Quisiéramos reportar que el panorama económico para la segunda mitad de este año será tan prometedor como el desempeño de la Selección Mexicana, pero no se anticipa gran mejora. Las perspectivas económicas son complicadas. Incluso, el mismo Banco de México (Banxico) tuvo que recortar la previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para este año a un magro 1.1 por ciento. A principio de año, el pronóstico fue de 1.6 por ciento.
Sin embargo, eso parece no importarle a nadie. La imbatible felicidad de los mexicanos se mantiene intacta pese a las perspectivas de nuestros bolsillos. La Copa Mundial de Fútbol (espero que no me cobren la mención), ha cumplido un objetivo certero: al pueblo pan y circo. Y es que los datos de la realidad económica en México se imponen como una cachetada de realidad que no nos importa recibir por lo embriagados que estamos ante la posibilidad de que la Selección Mexicana logre el milagro mundialista.
Un Mundial del cual necesitan nuestras porras, nuestros consumos de cerveza en el Oxxo, y nuestros aplausos banqueteros circundando el Ángel de la Independencia, pero que no se pensó para esa masa que no podemos disfrutarlo en vivo porque un solo boleto para entrar a alguno de los partidos en México cuesta meses de trabajo.
Cierto, el Mundial de Fútbol tendrá un impacto en la actividad económica en el país, pero contra lo que pudiera parecer, será mínimo. Algunos centros de análisis financiero estiman que ayudará a levantar el PIB entre un 0.25 y hasta 0.5 por ciento en sectores muy específicos que ya cargan encima con gran parte del desempeño económico como lo son comercio, servicio y turismo, es decir, las actividades terciarias que representan más del 60 por ciento del PIB.
Hacia adelante, ojalá que en términos económicos tuviéramos también el mismo brío mundialista. Que miráramos las perspectivas del PIB con un ilusionado "¿y si sí?" pero la realidad abruma. Temamos por la cruda mundialista. Mientras, brindemos por la Selección, por Quiñones, Jiménez, Morita y compañía, que tanta alegría nos han dado... ¡SALUD!
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.