Un punto positivo del movimiento en la dirección de la petrolera es que por fin habrá una vinculación directa entre la SecretarÃa de EnergÃa y Pemex. |
La salida de VÃctor RodrÃguez Padilla de la dirección de Pemex no fue sorpresa. El académico, acostumbrado a un ambiente tranquilo entre libros, investigaciones cientÃficas y debates cafeteros, sucumbió ante la presión de tener bajo su responsabilidad a la empresa más grande, polémica y emproblemada de México.
El Doctor en EconomÃa por la Universidad de Grenoble entró con muchas reservas a dirigir la petrolera nacional. De hecho, rechazó la primera invitación que la presidenta Claudia Shienbaum le hizo al estar conformando su gabinete. La carga era mucha, el salario bajo respecto a sus responsabilidades, sin mencionar el alto nivel de exposición mediática. Su carrera como brillante analista estarÃa en juego. Aún asÃ, pesó más el adagio de "al presidente (en este caso presidenta), no se le dice que no". Un dÃa después terminó por aceptar la encomienda.
En la práctica, ejerciendo la dirección de la petrolera nacional, bastión de la polÃtica de SoberanÃa Energética que heredó Sheinbaum del obradorismo en su estado más puro, a RodrÃguez Padilla no se le vio cómodo en su cargo.
En eventos, conferencias, reuniones, el peso de su mirada como ferviente crÃtico de la polÃtica energética en gobiernos pasados se reflejaba en sus intervenciones. SabÃa que aplicar la ideologÃa sobre un galimatÃas polÃtico y económico como es Pemex, es simplemente utópico.
Mes con mes, trimestre con trimestre, los resultados no fueron lo esperado. La producción de crudo no pudo despuntar durante el año y medio que estuvo al frente. A él le explotó en las manos la inconsciente deuda con los proveedores. Accidentes diversos, muy publicitados, también fueron parte de las malas experiencias que VÃctor RodrÃguez tuvo al frente de Pemex. La gota que derramó el vaso fue el derrame en el Golfo de México que sus subalternos quisieron ocultar a toda costa, pero que sacó a flote una evidente falta de respeto y lealtad.
La versión oficial de su salida es que el Dr. RodrÃguez Padilla se comprometió con la presidenta Sheinbaum, con quien incluso ha firmado artÃculos en temas energéticos, a dirigir Pemex solo un año y medio. Ante los sucesos y las presiones, es poco verosÃmil. Fue una salida polÃticamente correcta para mantener el orden.
La presión de Pemex para el que sigue es enorme. Juan Carlos Carpio hereda un reto operativo mayúsculo: abastecer de crudo las refinerÃas para centrarse en producir más combustibles. Sin embargo, la autosuficiencia se ve aún lejana. Pero su fuerte son los números.
Como director de Finanzas de Pemex, el principal logro de Carpio Fragoso fue la reducción de la deuda de la petrolera. Al cierre del primer trimestre de este año Pemex reportó una deuda total de 79 mil millones de dólares, 7.3 por ciento menos respecto a un trimestre atrás, pero 30 por ciento menos contra el máximo histórico registrado al cierre de 2020.
Ese logro fue lo que lo que le valió ocupar la máxima silla en la empresa estatal, sin mencionar su cercanÃa con la secretaria de EnergÃa, Luz Elena González. Hombre de toda su confianza.
Al poner a un economista duro, de formación en servicio público, el mensaje de la presidenta Sheinbaum es claro: un verdadero compromiso por darle estructura a Pemex. Poco se ha hecho por avanzar en el adelgazamiento de la petrolera que se anunció al inicio de su gestión, a través de una orientación vertical de la cadena de mando. Materializarlo será el gran reto de Juan Carlos Carpio.
En este contexto, un punto positivo de este movimiento es que por fin habrá una vinculación directa entre la SecretarÃa de EnergÃa y Pemex. Una lÃnea que estuvo quebrada durante el gobierno de López Obrador, pero que ahora parece restablecerse en este matrimonio dominante que la Sener debe ejercer sobre la Torre de Marina Nacional. Eso debe ayudar en algo.
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