Ni en términos de seguridad, ni en temas migratorios se avanzó lo suficiente para llenarle el ojo a un gobierno de Trump, embriagado de poder tras la caída de Maduro. |
Se suponía que la primera reunión entre México y Estados Unidos para hablar sobre la revisión del T-MEC sería solo un calentamiento, se trataba de una ronda de sombras si de boxeo estuviéramos hablando, vaya, era una junta para acordar los términos del combate; sin embargo, el Representante Comercial del EU (USTR), Jemieson Greer conectó los primeros golpes.
El miércoles 28 de enero arrancó formalmente el proceso de la ansiada revisión del T-MEC. Un proceso que a pesar de que debe desahogarse hasta julio, parece que lleva años, por la larga incertidumbre que ha generado desde la segunda llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Tras salir de las oficinas de la USTR las versiones chocaron.
Mientras el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aseguró en términos generales que el encuentro fue casi casi protocolario, a decir de la oficina de la USTR, Greer y su equipo fueron muy claros en advertir "reformas estructurales y estratégicas" al tratado de libre comercio más grande del mundo.
Y en un comunicado, fueron más allá al señalar, incluso, que Estados Unidos buscará una colaboración más estrecha con México en cuanto a minerales críticos, es decir, van por la explotación de litio. Un elemento crucial para desplegar los grandes planes que Estados Unidos tiene en sectores industriales clave como el energético, el de electrónicos, entre otros.
Tras esta primera y violenta ronda de sombras, quedó claro que el trabajo de la presidenta Sheinbaum en derribar las barreras no arancelarias que Estados Unidos denunció en meses pasados como condicionantes para avanzar en la relación comercial, no surtió el efecto esperado.
Ni en términos de seguridad, ni en temas migratorios se avanzó lo suficiente para llenarle el ojo a un gobierno de Trump, embriagado de poder tras la caída de Maduro y el control de la agenda geopolítica. Lo cierto es que a pesar de las llamadas y los elogios de Trump a la mandataria mexicana, el riesgo es latente. Caminan sonrientes en un campo minado... pero van sonriendo.
Desde esta primera etapa de la revisión del T-MEC, el gobierno de Donald Trump busca una renegociación, cambios profundos a un tratado donde no se priorizará la integración regional, sino la complacencia de Estados Unidos, quien al ser el mercado más grande del mundo, tiene el sartén por el mango.
A partir de la primera semana de febrero, una comitiva de empresarios, liderada por José Medina Mora, presidente del CCE, llegará a Washington buscando organizarse con sus colegas estadounidenses para influir en las decisiones de Trump y su gabinete en torno al T-MEC. En marzo la comitiva permanecerá, pero de la mano de Juan José Sierra Álvarez, líder de la Coparmex.
El papel del sector privado en esta revisión será crucial para que México pueda permanecer como el país con el mayor atractivo y con las mejores ventajas competitivas en materia comercial, mismas que se reflejan en los resultados de exportaciones que cada mes publica la Oficina del Censo de Estados Unidos, y que entre enero y noviembre acumulan más de 492 mil 500 millones de dólares, y un incremento anual de 5.6 por ciento, impulsado por la guerra arancelaria de Trump.
En este contexto, es importante que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, a través de la Secretaría de Economía, sean completamente transparentes en el curso de las siguientes reuniones. Era mejor que el secretario Ebrard diera un mensaje para reforzar que el T-MEC continúa, y que en ningún momento, al menos en este primer acercamiento oficial, se puso sobre la mesa que el acuerdo terminaría, como ha amenazado el presidente Donald Trump. No se puede, ni se debe, tapar el sol con un dedo.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.