Mientras Donald Trump presiona a la FED para que actúe en base a su proyecto, Sheinbaum mantiene la autonomÃa de Banxico. |
En Estados Unidos, la Reserva Federal (FED) atraviesa una compleja situación que rebasa las decisiones de polÃtica monetaria y el dilema entre inflación y desempleo. El presidente Donald Trump está ejerciendo una abierta presión para que la Reserva recorte la tasa de interés, llamando incluso "persona estúpida" al presidente de la FED Jerome Powell, a quien el mismo nombró en el cargo en su primer mandato y que se ha negado a ir en la dirección que pretende imponerle el mandatario. La lÃnea de Trump es clara: quiere un banco central que detone el crecimiento económico reduciendo los costos del crédito, aún y cuando eso signifique comprometer el control del alza de precios. Al no haber una sumisión de la mayorÃa de los actuales gobernadores integrantes de la junta de la FED, Trump está tratando, a como dé lugar, de tener los votos necesarios para que las decisiones de polÃtica monetaria se tomen de acuerdo con sus objetivos polÃticos y no conforme a la consideración económica del organismo independiente. En México podrÃa contarse la misma historia, pero no es asÃ.
Trump nombró en su primer periodo a tres gobernadores, incluido Jerome Powell quien, institucionalmente, ha tomado decisiones autónomas basadas en la responsabilidad de encontrar el difÃcil balance entre controlar la inflación sin que caiga el empleo, ya que tiene mandato dual. Y aunque al principio de su segundo perÃodo parecÃa casi imposible que Trump se hiciera del control de la FED -cuatro votos- la renuncia de Adriana Kruger, gobernadora propuesta por Biden y la destitución de Lisa Cook, otra propuesta demócrata, han hecho viable tal situación.
Lisa Cook, la primera mujer afroamericana en ocupar ese cargo, ha llevado su caso a los tribunales, argumentando que no existe causa legal para su destitución. El presidente Trump la acusa de un supuesto fraude hipotecario nunca procesado. La controversia no es menor: por primera vez en 112 años, un presidente de Estados Unidos busca remover a un miembro de la Junta de la FED, lo que ha encendido las alarmas en la comunidad económica y polÃtica internacional. El desenlace judicial de este caso podrÃa llegar hasta la Corte Suprema y lo que está en juego no es solo un nombramiento, sino la credibilidad misma del banco central más influyente del mundo.
En México, la historia es diferente. El Banco de México (Banxico), que recientemente celebró su centenario, ha mantenido su autonomÃa a pesar de los cambios partidistas sexenales. Si bien es cierto que hoy los cinco integrantes de la Junta de Gobierno fueron propuestos por el presidente López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum, no hay evidencia de presiones polÃticas de la Presidenta o su antecesor para influir en las decisiones técnicas, sino que se entiende la relevancia de la autonomÃa.
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Banxico sigue privilegiando su mandato constitucional: preservar el poder adquisitivo del peso. Sus decisiones en las últimas nueve reuniones de la junta de gobierno de bajar la tasa de referencia se han sustentado en análisis técnicos sobre inflación y no en agendas económicas del gobierno en turno y mucho menos electorales. Esa disciplina institucional ha reforzado su credibilidad ante inversionistas, analistas y la sociedad.
Mientras que en Estados Unidos la independencia de la FED se tambalea por la presión polÃtica del presidente, en México Banxico ha demostrado que incluso con una Junta integrada totalmente por nombramientos de presidentes del actual partido en el gobierno, la autonomÃa puede prevalecer si existe respeto a la autonomÃa y al mandato constitucional.
La independencia de los bancos centrales no es un lujo, es un activo estratégico en un mundo de volatilidad global, que puede significar el diferencial de confianza y estabilidad entre una economÃa y otras.
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