Revocación
Round de sombra
Por Andrés Wainstein
AMLO tiró golpes ante un adversario que aún no conocemos. ¿Los 15 millones son una demostración de fuerza para 2024 o una preocupación transexenal? La pesadilla de Micronesia.

El Presidente movilizó 15 millones de mexicanos y demostró que el piso de su histórico voto duro sigue intacto. ¿Son pocos o son muchos? Esa discusión nos encierra en un callejón sin salida. La 4T dirá que ningún otro político tiene un voto casi religioso de semejante magnitud. Y es cierto. La oposición responderá que se arañó ese número gracias a una infernal operación de todas las estructuras gubernamentales que tiene a mano el oficialismo. Y también es verdad.

Pero los números no mienten. López Obrador perdió dos elecciones consecutivas con esos 15 millones de votos, y ganó en 2018 cuando amplió su base electoral, con una votación que superó los 30 millones de apoyos. En esa campaña se aceptaron a las clases medias, a los "aspiracionistas" y a los fifís. Cabían todos. Sobre esta cuestión ya reflexionan los suspirantes a la sucesión. Porque sin AMLO no se puede. Pero, ¿alcanza sólo con AMLO?

¿Dónde están esos 15 millones que faltan? Esa es la pregunta con la que coquetea la oposición, aunque la respuesta no necesariamente los favorezca. ¿O alguien puede afirmar con certeza que esa enorme masa de votantes ya definió su voto en contra del obradorismo? Por lo pronto, la oposición sí podrá celebrar que, con estos números, cualquier fantasía reeleccionista quedó sepultada. Punto para Claudio X.

AMLO consiguió movilizar 15 millones para ratificar su mandato y confirmó su voto duro histórico de cara a 2024

Aún así, no hay que soslayar que millones de mexicanos salieron a ratificar un mandato que nadie quería revocar. Estamos frente a un ejercicio político que mostró cierta futilidad pero que visto bajo otro prisma revela alguna preocupación de AMLO. Armó un round de sombra, aunque todavía no sabemos a quién le tiraba los golpes. Y entonces nos sumergimos en un debate que, ahora sí, se pone interesante.

Como ocurre con muchos líderes políticos, AMLO tiene una obsesión por enfrentar su proyecto en el espejo de la historia. Benito Juárez es su inevitable referencia, pero el Presidente también es un gran admirador de Lázaro Cárdenas. Y es comprensible: ese sexenio estuvo plagado de hitos para México, que van desde la nacionalización del petróleo hasta el reparto de 18 millones de hectáreas en el proceso de reforma agraria.

AMLO perdió dos elecciones consecutivas con 15 millones de votos, y ganó en 2018 cuando amplió su base electoral, con una votación que superó los 30 millones. En esa campaña se aceptaron a las clases medias, a los "aspiracionistas" y a los fifís.

Pero quizás otro suceso que marcó a fuego la gestión de Cárdenas pueda convertirse, por estos días, en una suerte de faro que ilumine la discusión sobre la revocación de mandato. Hablamos del exilio de Plutarco Elías Calles. Su partida forzada -y en pijamas- hacia los Estados Unidos significó el cierre definitivo del "Maximato", esos años marcados por un líder que ejercía su poder por encima de los presidentes.

El exilio de Elías Calles volvió a unificar el poder político y el cargo institucional en una sola persona, pero además estableció una práctica que varios presidentes priistas usaron en el incómodo momento del divorcio con sus antecesores.

Hay varios ejemplos, pero quizás uno de los más pintorescos ocurrió en 1977, cuando con apenas un año en la Presidencia, José López Portillo quiso emanciparse de Luis Echeverría. Primero lo envió como embajador ante la Unesco. Pero a la distancia, el ex presidente seguía operando a través de personajes muy cercanos, como Porfirio Muñoz Ledo -en ese momento Secretario de Educación- o Augusto Gómez Villanueva, entonces presidente de la Cámara de Diputados.

Jesús Reyes Heroles -secretario de Gobernación de López Portillo- fue a visitar a Gómez Villanueva y verbalizó con tono poético lo que para muchos se convirtió en el sello del pragmatismo tricolor. "Sólo tienes de tres sopas: entierro, encierro o destierro. Tú eliges". El diputado todavía cuenta, con 93 años, que se la pusieron muy fácil: optó por una embajada en Italia.

La preocupación de AMLO podría no estar en 2024, sino en su tránsito transexenal. Si en 2021 dio el pitazo para iniciar la carrera sucesoria, al parecer en 2022 ya está trabajando en la construcción de su vida política como ex presidente.

López Portillo seguía incómodo. Le preguntó entonces a un colaborador cuál era el huso horario más lejano de México. "Creo que Micronesia", le respondió un poco confundido su asesor. "Ahí me lo mandan de embajador a Echeverría", sentenció el Presidente. No había embajada en Micronesia, así que terminó en Australia.

Esta anécdota parece lejana en el tiempo, pero más cerca tenemos a Carlos Salinas de Gortari, a quien no dejaron elegir su sopa: Zedillo lo obligó al destierro y al mismo tiempo encerró a su hermano Raúl. Peña Nieto, más rápido de reflejos, sólo atinó a bailotear alegre en una boda antes de mudarse en silencio a España.

AMLO aclaró tras la ratificación: "No me voy a pasar de mi mandato, porque no creo en la reelección"

Y ahora volvamos a los 15 millones, que pueden definir una elección presidencial pero también pueden erosionar al próximo presidente en un referéndum. Un sólo obstáculo observa López Obrador: su voto duro no llega a hacer vinculante el proceso. "Ojalá hacia adelante los presidentes se comprometan a que, sin necesidad de llegar al 40%, si pierden la revocatoria se van", estuvo insistiendo en los últimos días.

Visto desde esta perspectiva, la preocupación de AMLO podría no estar en 2024, sino en su tránsito transexenal. Porque si el año pasado el presidente dio el pitazo para iniciar la carrera sucesoria, al parecer en 2022 ya está trabajando en la construcción de su vida política como ex presidente. ¿Se animará alguno de los eventuales sucesores a romper con AMLO y con sus 15 millones de fieles?

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