Córdoba
Arranca el segundo tiempo de Llaryora
Por Martín San Pedro
El gobierno provincial tomo un paquete de medidas tras las elecciones de octubre que incluyen baja impositiva, cambio de gabinete, eliminación de ministerios y agencias, recorte político e incentivos a privados.

La reacción

El oficio de la conducción política y la gestión pública requiere en sus dirigentes una cualidad sacramental: aptitud y facilidad para la toma de decisiones.

La vocación de decisor es extraña, solitaria y angustiante. Un ejercicio de pérdida constante: cada vez que se decide se pierde una oportunidad. Algunos no pueden siquiera decidir el color de un auto, otros deciden el destino de millones de personas. Es política.

El 26 de octubre pasado, la provincia de Córdoba fue testigo de una singularidad política. El exgobernador, que fue tres veces electo y es uno de los dirigentes con mejor imagen, perdió las elecciones de medio término por más de diez puntos frente a un candidato cuyo nivel de desconocimiento excede el 90%. Ese fue es un hecho político de carácter representativo en la identificación discursiva. El gobierno lo entendió rápidamente y tomó una serie de decisiones que puestas en batea redefinen su perfil conceptual. Empecemos con las decisiones y los argumentos.

Demostrar reacción frente al mensaje que los electores expresaron en las urnas apoyando el gobierno nacional era ineludible y debía ser contundente.

Córdoba es una provincia con superávit desde hace tiempo y, si bien apuesta al desarrollo, no deja de ser una de las provincias que más redujo su estructura durante estos dos primeros años, incluso ajustando por encima del gobierno nacional. A esa cruzada se le cantó retruco, y el gobierno provincial pasó a ser la gestión que más recortes políticos realizó en el país. En tal sentido, redujo a más de la mitad la estructura de agencias provinciales, dejando solo cinco, y eliminó ministerios que fueron absorbidos.

En segundo término, sorprendió con un anuncio histórico de baja de impuestos, lo que le significa un achicamiento recaudatorio sin precedentes. De esa manera, se convirtió en la provincia con menor carga impositiva del país y en la protagonista de la mayor reducción tributaria de argentina. Una jugada osada.

Días antes, el gobernador se mostró junto a los representantes de Mercado Libre, quienes anunciaron su vuelta a Córdoba gracias a un incentivo provincial. Conviene recordar que la relación entre la empresa y la ciudad había terminado en un conflicto público por la carga impositiva municipal. También conviene decir que esa declaración de la empresa, y su decisión de retirarse, fue de carácter político y no financiero. Esa foto fue otro símbolo del cambio de rumbo. A ella se le sumó el anuncio de una inversión de 35 millones de dólares por parte de Aeropuertos Argentina para transformar el aeropuerto provincial en el segundo más importante del país.

Las decisiones de achicamiento del Estado no abandonaron el discurso de desarrollo productivo que sostiene el gobernador, quien desde su intendencia en San Francisco entiende la política como una actividad destinada a generar trabajo. De este modo, la articulación y equilibrio entre libertad, desarrollo y producción adquiere un sentido novedoso: se puede achicar el Estado, bajar impuestos, reducir estructura política, sin renunciar a la generación de empleo, el impulso del desarrollo, la obra pública, creación de universidades y escuelas, sostenimiento de asistencia social y vinculación público-privada. Ese deberá ser la construcción del discurso político del gobernador.

No obstante, no todo es color de rosa en el Panal. El extraordinario déficit que presenta la Caja de Jubilaciones y Pensiones de la provincia -motivado casi exclusivamente por la renuencia de la Casa Rosada a cumplir con el envío de fondos que por ley corresponden- abrió las puertas a la necesidad de evaluar una suba en los aportes que realizan los empleados públicos, llevándolos del 22% al 26%. Esta posibilidad ya puso en alerta a los representantes de los trabajadores, siendo una medida de riesgo que podría impactar en la gestión de los vínculos con los gremios.

Apertura Siciliana.

El foco se desplaza hacia la Agenda 2027, cuando el gobernador deberá revalidar su cargo. Para esa construcción, es determinante el manejo del territorio y la asistencia de heridos. La consolidación de liderazgos territoriales será clave, y la capacidad de converger en una construcción común los intereses en compulsa, una odisea. En ese marco, el gobernador decidió otorgar un carácter más político a su gabinete, entendiendo que la gestión y la obra pública son esenciales, pero no garantizan por sí solas una victoria. La transversalidad del cordobesismo requiere la cintura de un dirigente que conozca de política y sea un profesional de la disciplina. Vamos con los cambios.

La designación de Miguel Siciliano -expresidente del bloque peronista en la Legislatura y secretario de Gobierno durante la gestión municipal del gobernador- responde a la necesidad de contener a la dirigencia peronista y reconstruir vínculos territoriales.

Ahora será Siciliano, designado por el Panal, quien deberá tejer lazos sobre todo en la ciudad de Córdoba. Parte de ese trabajo con los intendentes es tarea de Manuel Calvo. Esto da la señal sobre el perfilamiento electoral que tiene el gobernador respecto de Miguel Siciliano para las próximas elecciones municipales, donde el actual intendente no puede reelegir.

En este marco no debe pasarse por alto el trabajo sostenido de Héctor "Pichi" Campana en la ciudad quien, con mucho éxito, viene acercando el municipio a los barrios. El suyo es sin dudas otro de los nombres atendibles para el turno municipal.

La oposición desordenada

Rodrigo de Loredo afirmó que dedicará los próximos dos años a trabajar en su candidatura a gobernador. Aseguró que su nombre estará en el cuarto oscuro, dejando absoluta claridad sobre su intención de competir, ya sea desde el oficialismo nacional, desde la UCR o desde cualquier otro armado. Esa declaración fue un punto de inflexión para comenzar a diagramar el esquema electoral del PJ que necesita una oposición diversa y fragmentada. Las intenciones electorales de de Loredo fueron bien recibidas por el gobierno.

En los últimos días Gabriel Bornoroni también manifestó su intención de ser candidato a gobernador por parte de La Libertad Avanza. Un dato de color: a su lado estaba el senador Luis Juez, cuyo desvelo político también sigue siendo la gobernación. La imagen sorprendió por la evidente divergencia entre los liderazgos presentes.

Mientras tanto, el almanaque electoral permite prever dos instancias: una primera, hacia marzo, donde el electorado optaría entre las ofertas provinciales; y más de sesenta días después, las elecciones municipales, que abrirían la puerta -según la carta orgánica- para que los perdedores de la contienda provincial compitan en la ciudad. Un escenario hipotéticamente conveniente para Rodrigo de Loredo.

Esta telaraña conjetural que propongo como simposio de especulaciones tiene, para el gobierno de Córdoba, una piedra basal: la gestión. El gobierno provincial entiende que su mejor argumento para revalidar los principios del cordobesismo es, precisamente, la gestión, la misma máxima que lo sostiene en el poder desde hace veinticinco años. Córdoba es un tablero de ajedrez y como el otro, este juego es infinito.

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