Opinión
Bolsonaro ganó la batalla cultural
Por Marco Bastos
El debate moral se apoderó de la campaña electoral. Los escándalos que involucran a Bolsonaro no lo afectan y Lula tuvo que mostrarse conservador ante la imposibilidad de meter temas en la agenda.

El próximo domingo, Jair Bolsonaro busca su reelección. En casos de Presidentes que buscan reelección, la campaña electoral suele ser un plebiscito sobre la gestión del gobierno. Electores que aprueban al gobierno y buscan continuidad votan por el Presidente, mientras que los votantes que lo rechazan el gobierno votan por la oposición. Eso no fue así en Brasil este año.

La mayor parte de los analistas pensábamos que las elecciones presidenciales brasileñas del 2022 seguirían este estándar, por ende, como el gobierno tenia índices relativamente bajos de aprobación, el candidato más identificado como de oposición seria el favorito para ganar.

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Bolsonaro arrancó el año con 57% de rechazo y 24% de aprobación en la encuesta Poder Data. La opinión popular sobre su gobierno ha ido mejorando a lo largo del año. Hoy, mirando el agregador de encuestas Polling Data, vemos que hay un empate entre los brasileños que aproban y rechazan los cuatro años de gobierno de Bolsonaro.

La mejora de la percepción pública sobre Bolsonaro desde enero del 2022 ha sido en parte el éxito del gobierno en comunicarse y hacer transferencia de ingresos directa a decenas de millones de personas. Sin embargo, la fuerza de Bolsonaro no se explica sin pasarmos por la batalla cultural.

Bolsonaro y el bloque de ultraderecha  ganó la batalla cultural en Brasil porque logró imponer la agenda de cómo se discuten temas como relgión, drogas, aborto, matrimonio igualitario, educación, crimen y corrupción. Es notable que la oposición, encabezada por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula no logró imponer su visión durante la campaña en ninguno de esos temas.

Para llegar competitivo al balotaje, Lula da Silva hizo múltiples movimientos hacia sectores conservadores, desde poner a Geraldo Alckmin como vice en su fórmula, hasta escribir una carta a los evangélicos.

Un parte de la carta de Lula a los evangélicos dice que "el hogar y la orientación de los padres son fundamentales en la educación de sus hijos. Cabe a la escuela apoyarles, dialogando y respetando los valores de las familias, sin la interferencia del Estado".

La izquierda tuvo que abrir mano de su encuadre sobre educación para buscar votos entre evangélicos conservadores. El PT de Lula intentó perforar la popularidad de Bolsonaro entre estos evangélicos conservadores por medio de campaña negativa. 

Bolsonaro y el bloque de ultraderecha ganó la batalla cultural en Brasil porque logró imponer la agenda de cómo se discuten temas como relgión, drogas, aborto, matrimonio igualitario, educación, crimen y corrupción. Es notable que la oposición, encabezada por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula no logró imponer su visión durante la campaña en ninguno de esos temas

La campaña de Lula intentó tildar a Bolsonaro como satanista y pedófilo, por episodios en que Bolsonaro asistió a una reunión de la masonaria (vista como satanistas por evangélicos) o cuando Bolsonaro dijo que "hubo onda" entre él y una niña de 14 años de edad. Sin embargo, esos ataques -que antaño hubiesen sido mortales para cualquier candidato- no tuvieron efecto significativo en la imagen de Bolsonaro entre el público conservador.

Bolsonaro ganó la batalla cultural

El ex capitán del Ejército tiene a su disposición el blindaje de un ecosistema de comunicación mucho más bien armado que la red de perfiles de redes sociales y sitios web de la izquierda del PT.

Hay una serie de sitios web de noticias volcados hacia el público evangélico, como Folha Gospel, Gospel Mais, Gospel Prime, Portal do Trono y Fuxico Gospel. El que se informa a diario por estos medios, consume notícias sobre la persecución a cristianos en China y Medio Oriente - la llamada "cristofobia". Otro tema muy presente para este público son reportes sobre las dictaduras de Venezuela y Nicaragua.

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Esos medios tambien publican notas, en tono negativo, sobre transgéneros y sobre personajes gays en dibujos animados. La dieta informacional es completamente distinta a los sectores del progresismo o a los grandes medios establecidos.

Los lectores de la Folha Gospel leeron, en las últimas semanas, notas sobre un hombre que pegó un tiro a un muro de una iglesia evangélica, una hora antes que la Primera Dama Michele Bolsonaro concurriera al local para un acto de campaña, y sobre delincuentes que robaron del mastro de un tiemplo la bandera de Brasil y le prendieron fuego. Esa dieta de noticias confirma el sesgo de los evangélicos de que ellos son perseguidos y están bajo riesgo si gana la izquierda "atea y abortista". 

El ex capitán del Ejército tiene a su disposición el blindaje de un ecosistema de comunicación mucho más bien armado que la red de perfiles de redes sociales y sitios web de la izquierda del PT.

Los ataques de la izquierda a Bolsonaro no tienen éxito porque este público no está leyendo que un policía, militante de Bolsonaro, entró a una fiesta de cumpleaños y asesinó a un dirigente municipal del PT. El lector de la Folha Gospel no lee a diario sobre la violencia politica que mata personas de izquierda.

Otro participante del ecosistema de información que repite narrativas de Bolsonaro es Brasil Paralelo, una plataforma que se vende como de educación y entretenimiento y que opera como un Netflix de la derecha brasileña. Hay contenidos que critican el aborto y plantean que el cambio climático no existe.

Bolsonaro ganó la batalla cultural

Brasil Paralelo tiene casi el mismo número de seguidores en Youtube que CNN Brasil - uno de los principales medios del país. Mientras CNN Brasil tiene compromiso con la pluralidad de miradas y utiliza el método periodístico para chequear notícias, Brasil Paralelo hace su encuadre al público conservador.

En la televisión por cable, las derechas brasileñas tienen su versión de la FOX News - la Jovem Pan, donde los presentadores y comentaristas repiten en relato bolsonarista sobre los temas de la agenda - sea crimininalidad, pandemia, casos de corrupción involucrando miembros del gobierno o de la oposición y teorias de la conspiración sobre el sistema electoral.

Finalmente, cada final de tarde, de lunes a viernes, varios canales populares de televisión transmiten programas donde policias persiguen a delincuentes. El tono de los presentadores es de película de acción. Sikeira Junior, presentador en la Rede TV tiene como speech que la policia "debe cancelar DNIs" refiriendose a matar delincuentes. De lunes a viernes, Bolsonaro tiene presentadores de tele compartiendo su encuadre del tema crimen organizado.

Por eso, es muy dificil para la oposición, desde la izquierda o desde la centro-derecha que no apoya el oficialismo, criticar Bolsonaro. Los apoyadores del Presidente no consumen la prensa que publica evidencias de corrupción involucrando al gobierno o a la família del Presidente. Los problemas del cotidiano, como la pandemia, los desafios en la educación y los números de la economía son todos reportados desde la mirada de Bolsonaro.

La ultra-derecha tuvo una victoria cultural en Brasil. Si Lula da Silva gana las elecciones el próximo domingo, este será un enorme desafío. Lula no jugará en la cancha donde gobernó entre el 2003 y el 2010. La cancha del debate político la delimitó las distintas derechas que van con Bolsonaro.

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