El acuerdo ya está en plena vigencia y abre posibilidades para la Argentina. Se necesita coordinación público-privada, inteligencia comercial. |
El 1° de mayo marca un punto de inflexión para la inserción comercial de la Argentina: comienza la aplicación del Acuerdo Interino de Comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea. Mucho se ha escrito sobre los 25 años de negociaciones que llevaron a su firma, pero la discusión actual ya no pasa por revisar el pasado, sino por asumir un hecho político y económico concreto: el acuerdo comienza a regir y debemos actuar en consecuencia.
El escenario internacional está hoy marcado por tensiones geopolíticas, nuevas barreras comerciales, reconfiguración de las cadenas de valor y creciente incertidumbre sobre el comercio global. A ello se suma un avance sostenido de medidas proteccionistas, con niveles de comercio alcanzados por restricciones y aranceles en máximos históricos, lo que confirma que el intercambio internacional es un territorio en constante disputa económica y estratégica.
En este contexto, el vínculo con la Unión Europea adquiere una relevancia particular. En 2025, las exportaciones argentinas de bienes hacia ese bloque alcanzaron los USD 8.486 millones, mientras que las importaciones totalizaron USD 10.478 millones, lo que derivó en un déficit comercial de USD 1.992 millones. En servicios, también se registra un saldo negativo cercano a los USD 2.500 millones.
Si bien la participación europea en las exportaciones argentinas de bienes se ha reducido significativamente en las últimas décadas, pasando de representar más del 30% hace más de 30 años a menos del 10% en la actualidad, el bloque continúa siendo uno de los principales socios comerciales del país. Asimismo, constituye un mercado de 450 millones de consumidores, por lo que el acuerdo abre una oportunidad relevante para profundizar el vínculo comercial.
Ahora bien, hoy comienza la verdadera tarea, hacer realidad la aplicación del acuerdo, brindar asistencia técnica a nuestras economías regionales para exportar, fortalecer organismos técnicos, ordenar la logística, dar financiamiento, capacitar productores y sostener una diplomacia comercial activa.
Desde hoy se abre una nueva etapa, con oportunidades concretas, pero también con exigencias y desafíos que no pueden subestimarse. Hoy no se cierra una discusión. Se abre. El acuerdo ya no es una promesa, ahora es gestión.
Lo que viene
El acuerdo brinda posibilidades específicas como mejoras de acceso al mercado europeo para una amplia gama de productos argentinos. Eso significa reducciones arancelarias, ampliación de cuotas y mejores condiciones para exportaciones agroindustriales, alimentos, vinos, productos regionales y distintos bienes con valor agregado.
En esta línea, Argentina aún tiene un amplio margen para expandir su inserción internacional, y la apertura a través de acuerdos comerciales puede ser un factor clave para impulsar la presencia de sus productos en nuevos mercados. Un ejemplo claro es el sector vitivinícola: en 2024, Argentina se ubicó como el 5to. productor mundial de vino, pero recién en el 11mo. lugar como exportador. En contraste, Chile, 7mo. productor mundial, alcanzó el 4to. puesto entre los principales exportadores.
En promedio, durante los últimos diez años, los volúmenes exportados por Chile triplicaron a los de Argentina. Si bien el mayor consumo interno argentino explica parte de esta diferencia, uno de los factores centrales detrás de la mayor inserción internacional del vino chileno es su amplia red de acuerdos comerciales. En este sentido, un acuerdo con la Unión Europea podría facilitar el acceso de los vinos argentinos a ese mercado, ampliando su presencia en las góndolas europeas.
Asimismo, el acuerdo permite consolidar y ampliar posiciones que Argentina ya tiene. En el maní, el país es el principal proveedor de la Unión Europea; en la miel, el tercero. En estos productos, la preferencia arancelaria, pese a la cuota en el caso de la miel y a las salvaguardas, no abre un mercado nuevo, sino que podría permitir crecer en los ya existentes. Entre los beneficios aparecen cuotas de magnitud inédita: en carne vacuna, carne aviar, maíz y etanol.
El acuerdo también mejora el acceso para economías regionales: vinos, pesca, cítricos, miel, arroz, ajos, frutas, alimentos y productos con valor agregado. En vinos, Europa elimina aranceles y reconoce indicaciones geográficas y expresiones tradicionales argentinas; en pesca, productos como la merluza Hubbsi ingresan libres de arancel desde la entrada en vigor; y en cítricos, la UE elimina por primera vez para un socio comercial el sistema de precios de entrada para algunos productos.
Pero estos beneficios no se traducen automáticamente en exportaciones. El desafío es transformar preferencias arancelarias y/o cuotas en ventas. Para eso se necesita acceso a la información, certificaciones, trazabilidad, financiamiento, logística, inteligencia comercial y organismos técnicos fuertes.
Mejoras logísticas
Sobre esto, uno de los puntos claves a considerar es la cuestión de transporte, que afecta a la competitividad y eficiencia de las exportaciones argentinas. La logística es el eslabón que convierte las preferencias arancelarias en competitividad real, y en ese terreno Argentina enfrenta un déficit estructural severo. Más del 90% de las cargas del país se mueve por camión sobre una red vial, donde según distintas fuentes, al menos el 60% de esa red se encuentra en estado regular o malo. En otros países de la región, como Brasil, la matriz de transporte está más diversificada, siendo el 63% del transporte en camión, mientras que el ferrocarril y lo fluvial tienen mayor peso.
Esto impacta en dos cuestiones. El primero es que los costos de transporte terrestre, son mayores a los costos de transporte fluvial o del ferrocarril. En segundo lugar, el deterioro del pavimento eleva los costos operativos del transporte por mayor desgaste de neumáticos, consumo de combustible y tiempos de demora.
El resultado se refleja en los rankings internacionales: en el Índice de Desempeño Logístico (LPI) del Banco Mundial en 2023, que evalúa a 139 países en dimensiones como infraestructura de transporte, eficiencia aduanera y confiabilidad de la cadena de suministro, Argentina se ubica en el puesto 73, por detrás de Brasil (51) o Chile y Uruguay que comparten el puesto (61), todos países con los que compite en los mercados de destino. Transformar el potencial exportador en ventas concretas requiere, entre otras cosas, rutas que no destruyan competitividad antes de que la mercadería llegue al puerto.
Estándares sanitarios
Es claro que la competitividad no debería diluirse por deficiencias internas. Preocupa, asimismo, el debilitamiento de organismos estratégicos como SENASA, pieza central para sostener estándares sanitarios, abrir mercados y responder a exigencias cada vez más rigurosas. En un acuerdo con la Unión Europea, donde las condiciones sanitarias, fitosanitarias, de trazabilidad y control son especialmente altas, contar con capacidades públicas sólidas no es accesorio: es determinante. Distintos especialistas advierten sobre una relajación de controles, pérdida de capacidad técnica, recortes presupuestarios y menor dotación profesional, en momentos en que el comercio internacional exige justamente más supervisión y no menos. Episodios recientes de rechazos de embarques y problemas de residuos en exportaciones refuerzan esa preocupación. Si Argentina busca aprovechar oportunidades externas, necesita puertos eficientes y logística moderna, pero también agencias sanitarias fuertes, previsibles y técnicamente respetadas. Desarmar esas capacidades difícilmente sea una estrategia consistente.
Como se observa, las bondades de este acuerdo no están exceptuadas de desafíos y riesgos de todo tipo. La Unión Europea impulsa salvaguardias agrícolas sobre productos de interés argentino como carne bovina, soja, maíz, carne aviar, ajos y miel, aun cuando muchos ya están sujetos a cuotas que representan apenas entre el 1% y el 2% del consumo interno europeo. Además, los umbrales del 5% para abrir investigaciones son bajos y pueden generar incertidumbre en importadores europeos.
También hay desafíos ambientales y regulatorios. El EUDR, el reglamento europeo vinculado a la deforestación, que alcanza a cadenas sensibles para la Argentina como la soja, la carne, la madera y sus derivados. En ese contexto, la decisión de ubicar a nuestro país en la categoría de riesgo "estándar" podría traducirse en mayores exigencias, más costos y una pérdida de competitividad frente a otros competidores considerados de bajo riesgo. A ello se suma la discusión sobre ILUC (Cambio Indirecto del Uso de la Tierra), criterio que la Unión Europea utiliza en materia de biocombustibles y que podría afectar al biodiésel argentino si avanzan parámetros globales que no contemplen las particularidades productivas nacionales ni los esfuerzos locales en trazabilidad y sostenibilidad.
El acuerdo ofrece una oportunidad importante, pero no alcanza con estar adentro, hay que estar preparados. La Argentina necesita una estrategia pública y privada para que las ventajas no queden concentradas en pocos actores y puedan ser aprovechadas también por pymes, cooperativas y economías regionales.
¿Cómo se operativiza desde hoy?
Durante esta primera etapa, la asignación de cuotas comenzará a administrarse bajo el criterio first come, first served (primero en llegar, primero en ser servido). Es decir, quien complete antes la documentación, certificaciones y requisitos exigidos podrá acceder primero a las cuotas disponibles.
¿Cómo funciona esto? El acuerdo combina dos tipos de beneficios comerciales: por un lado, reducciones o eliminaciones arancelarias generales para numerosos productos; por otro, cuotas o contingentes arancelarios, es decir, volúmenes determinados que pueden ingresar al mercado europeo con arancel preferencial o nulo hasta completar el cupo. Entre las principales cuotas se destacan 99.000 toneladas de carne vacuna, 180.000 toneladas de carne aviar, 1.000.000 de toneladas de maíz, 650.000 toneladas de etanol, 190.000 toneladas de azúcar, 60.000 toneladas de arroz y 45.000 toneladas de miel, entre otras.
Estas cuotas representan posibilidades reales para sectores estratégicos. Sin embargo, en esta etapa inicial todavía no cuentan con una distribución intrabloque previamente definida entre los países del MERCOSUR, discusión que continúa abierta y que se proyecta definir el próximo año. Mientras tanto, el acceso opera bajo el criterio de llegada, lo que vuelve determinante la capacidad de reacción de cada país y de cada exportador.
Esto introduce una competencia inmediata. No sólo entre empresas argentinas, sino también con exportadores de otros socios del MERCOSUR. La pregunta, entonces, ya no es si el acuerdo nos agrada más o menos, sino una mucho más precisa: ¿estamos listos? .
Este año no solo debemos tener el producto, hay que llegar rápido. Por eso, la coordinación pública y privada será decisiva para no perder oportunidades por demora, desorganización o falta de información. Para muchas economías regionales, cooperativas y pymes exportadoras, el desafío no pasa sólo por producir bien, sino por conocer cómo funciona el mercado europeo desde el primer día.
Aprovechar el acuerdo requiere familiarizarse con herramientas técnicas como el TARIC, la Tarifa Integrada de la Unión Europea, una base de datos donde se informan aranceles, cuotas, requisitos y tratamientos aplicables según cada producto. Otra herramienta clave es Access2Markets, portal oficial europeo que reúne condiciones de acceso al mercado, normas de origen, estadísticas comerciales, barreras vigentes, puntos de entrada y guías prácticas para exportadores, especialmente pequeñas y medianas empresas.
También el propio MERCOSUR comenzó a adecuar su operatoria. El Grupo Mercado Común dispuso incorporar al sistema SACME el seguimiento de cupos del acuerdo, registrando volúmenes disponibles, cantidades exportadas y certificados de cuota necesarios para operar dentro de los contingentes arancelarios.
Esto significa que el acuerdo no se aprovecha con discurso político. Se aprovecha con información, gestión y capacidad técnica.
El riesgo de que ganen los mismos de siempre
Sin políticas públicas activas, asistencia técnica y financiamiento adecuado, existe el riesgo de que las oportunidades queden concentradas en los actores de siempre: grandes empresas ya internacionalizadas, con estructura técnica y espalda financiera para adaptarse rápido.
Mientras tanto, muchas pymes, cooperativas y economías regionales podrían quedar afuera no por falta de competitividad productiva, sino por falta de herramientas para cumplir requisitos burocráticos, ambientales o logísticos.
Eso sería un error estratégico. El acuerdo debe servir para ampliar la base exportadora argentina, no para achicarla.
La aplicación del acuerdo nos demanda inteligencia estatal y capacidad institucional. No es suficiente bajar aranceles y acceder a nuevas cuotas si luego faltan certificaciones, controles sanitarios, logística, financiamiento o acompañamiento técnico para exportar.
En definitiva, el 1° de mayo no empieza una discusión académica y mucho menos discursiva. Empieza una carrera real, con hitos y obstáculos de corto plazo y de mediano y largo plazo.
Argentina todavía está a tiempo de aprovechar esta ventana. Pero para hacerlo necesita coordinación público-privada, inteligencia comercial, apoyo a pymes y economías regionales, defensa de sectores estratégicos y capacidad técnica para cumplir reglas complejas.
El acuerdo ya no es futuro. Es presente. Y como en toda carrera, no alcanza con estar anotados: hay que largar bien.
Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas.
En medio de tanto ruido político alrededor del acuerdo, esta nota hace exactamente lo que falta: bajar a tierra, explicar con claridad qué significa el 1° de mayo en la práctica y qué hay que hacer a partir de hoy.
Me parece especialmente valioso el punto sobre el criterio first come, first served para las cuotas — ese detalle cambia completamente la urgencia del tema — y el alerta sobre el riesgo de que las oportunidades queden concentradas en los actores de siempre, dejando afuera a pymes y economías regionales.
El ejemplo del vino frente a Chile es contundente y dice más que cualquier argumento abstracto sobre libre comercio.
El cierre lo resume todo: no alcanza con estar anotados, hay que largar bien. Ojalá quienes tienen que tomar decisiones lo lean con la misma atención.
En medio de tanto ruido político alrededor del acuerdo, esta nota hace exactamente lo que falta: bajar a tierra, explicar con claridad qué significa el 1° de mayo en la práctica y qué hay que hacer a partir de hoy.
Me parece especialmente valioso el punto sobre el criterio first come, first served para las cuotas — ese detalle cambia completamente la urgencia del tema — y el alerta sobre el riesgo de que las oportunidades queden concentradas en los actores de siempre, dejando afuera a pymes y economías regionales.
El ejemplo del vino frente a Chile es contundente y dice más que cualquier argumento abstracto sobre libre comercio.
El cierre lo resume todo: no alcanza con estar anotados, hay que largar bien. Ojalá quienes tienen que tomar decisiones lo lean con la misma atención.