Las últimas semanas han sido testigo del ordenamiento de un dispositivo de presión y acción psicológica no sólo sobre el gobierno venezolano, sino sobre la opinión pública internacional, a fin de predisponerla a hechos que parecen inminentes. |
Cuando estas lÃneas se publiquen, Corina Machado ya habrá recibido el Premio Nobel de la Paz 2025. Su presencia, que en las últimas semanas generó incertidumbre por su situación de declarada clandestinidad en Venezuela y los riesgos asociados a abandonar el paÃs, adquiere un valor polÃtico que excede, por lejos, la ceremonia.
La historia reciente del Nobel de la Paz recuerda casos de ganadores que no pudieron recibir el galardón por encontrarse privados de su libertad, como Liu Xiaobo o Narges Mohammadi. La llegada de Machado, en cambio, actúa como un gesto cargado de innumerables posibilidades, tanto simbólicas como fácticas, de impredecibles consecuencias en los dÃas por venir.
Con la presencia de los presidentes de Argentina, Ecuador, Panamá y Paraguay, integrantes de una alianza que varios observadores caracterizan como el bloque "trumpista" de la región, la maniobra de pinzas sobre Caracas comienza adquirir sustancia.
Esto ha llevado a preguntarse si el evento en Oslo funciona como señal de largada para operaciones que Estados Unidos prepara contra el gobierno de Nicolás Maduro y si el recorrido que Machado realizará luego de la entrega, acompañada por Edmundo González Urrutia, forma parte de una maniobra convergente sobre los lÃderes bolivarianos. La sensación ambiente es la de momentos decisivos: algo está por ocurrir en Venezuela.
Entre Alaska y Tianjin. Realismo o irrelevancia
Desde la primera acción de la Operación Lanza del Sur, ejecutada por fuerzas estadounidenses el 2 de septiembre, Washington llevó adelante 22 ataques en el Caribe y el PacÃfico Oriental, con un saldo de al menos 87 muertos. En uno de los episodios más comentados, dos personas que habÃan sobrevivido a un ataque aferradas a elementos flotantes fueron ejecutadas en el mar, hecho que impactó incluso a mandos militares norteamericanos. Estos acontecimientos no pasan inadvertidos en Estados Unidos y suelen anticipar futuros problemas legales y polÃticos para los responsables de este tipo de acciones.
A ello se suma una serie de declaraciones de las más altas autoridades norteamericanas durante las últimas semanas: el propio presidente Donald Trump, tanto en el Salón Oval como a bordo del Air Force One, y los secretarios de Estado y de Defensa, Marco Rubio y Pete Hegseth, respectivamente.
El efecto de esta sucesión de mensajes públicos es alimentar un dispositivo de presión y acción psicológica no sólo sobre el gobierno venezolano, sino también sobre la opinión pública internacional, predispuesta asà para los hechos que parecen inminentes.
Medios internacionales todavÃa confiables señalan que, en las conversaciones mantenidas entre ambas administraciones, incluso al más alto nivel, Nicolás Maduro habrÃa solicitado sus propias "garantÃas de seguridad" para entregar su posición.
Entre ellas se mencionan amnistÃas para él y unas cien personas de su entorno familiar, polÃtico y militar; el retiro de las acusaciones ante la Corte Penal Internacional; y el levantamiento de sanciones económicas tanto para ese grupo como para el Estado venezolano, esto último con la idea de habilitar una transición controlada por fuerzas internas en condiciones económicas más favorables. Estos requerimientos apuntarÃan a activar un proceso de, en términos gramscienos, "revolución pasiva".
Según la información que circuló semanas atrás en Washington, luego de negarse a dar curso a estas demandas, Trump emplazó a Maduro a abandonar Caracas antes del viernes 28 de noviembre próximo pasado con destino a Rusia o China. Al no concretarse ese movimiento, 24 horas después, el presidente estadounidense cerró el espacio aéreo venezolano y anunció que se preparaba para iniciar operaciones terrestres contra el "narcoterrorismo".
El mensaje formó parte de la estrategia oficial para frenar el envÃo de drogas a Estados Unidos, que -según Trump- provocó más de 200.000 muertes sólo en 2024. DÃas después, en una resonada entrevista con PolÃtico, afirmó sin ambages: "Los dÃas de Maduro están contados".
Con este tipo de afirmaciones, el presidente norteamericano se inscribe en una idea fuerza muy presente en algunos gobiernos europeos, especialmente en paÃses del Este de la Unión como Polonia y HungrÃa, sobre la "weaponización de la migración", es decir, la migración como un arma (weapon) o disparar inmigrantes. La noción sostiene que los grandes flujos de desplazados incluyen tanto personas necesitadas de protección (familias enteras, mujeres, niños) como delincuentes, terroristas o células destinadas a desestabilizar sistemas polÃticos nacionales. Se trata de un mecanismo que, según ciertos analistas, antecede formas más amplias de "guerra hÃbrida".
La idea cobró impulso cuando Trump afirmó que paÃses como Venezuela y Colombia están "vaciando sus cárceles" en territorio estadounidense, recordando inevitablemente el precedente del éxodo del Mariel. En la cultura popular, basta mencionar que Tony Montana, personaje central de la pelÃcula "Scarface", llega a Florida como "marielito", para asà seguir el objeto del razonamiento.
Las operaciones llevadas adelante por Estados Unidos en el Caribe presentan para todos los involucrados una situación comparable a internarse en un lodazal del cual resulta difÃcil salir. Y hoy ese es el punto a tener en cuenta. A esta altura, la administración republicana no puede retroceder, aunque quiera, sin perder prestigio o autoridad.
Orientación moral y poder blando: la dimensión Francisco
Sobre todo, en un contexto en el que, como hemos dichos sostenidamente en estas lÃneas, el mundo tiende a dividirse en zonas de influencia. La acumulación de indicios apunta a que ese desenlace debe llegar pronto a fin de que el centro de gravedad consolide su posición al interno de la esfera de le corresponde en el orden internacional.
Surgen asà algunos viejos nuevos interrogantes sobre si Maduro es alguien con verdadero peso propio como para representar a una de las partes en contexto de negociación. Cuando en 2012 Chávez lo señala publicamente como su sucesor, hay quienes sostienen que lo hace por sugerencia de la cúpula cubana. Tras el fallido golpe de Estado de 2002, seguridad, diplomacia e inteligencia venezolanas quedaron profundamente articuladas con La Habana. Testigos de entonces recuerdan que Fidel le dijo a Chávez: "esta vez te salvaste, la próxima te matan".
Durante aquellos dÃas uno de los héroes fue un joven vicepresidente llamado Diosdado Cabello, quien dirigió operaciones en el terreno y asumió la autoridad del gobierno constitucional por unas horas mientras se desconocÃa el paradero del presidente, secuestrado por camaradas del ejercito. Cabello no podÃa -ni puede hoy- ser el heredero del proceso bolivariano porque posee un peso propio que altera los equilibrios internos y externos del "régimen". Además, ya es tarde para cualquier intento en esa dirección.
Si Cuba sigue respaldando a Maduro, alguien necesariamente está conversando con la isla. ¿Quién? En principio las miradas debieran condicir al Departamento de Estado en Washingtin, DC. ¿Qué rol tiene Marco Rubio en ese diálogo? Rubio, cubano-americano que es el primero en ejercer en simultáneo los cargos de Secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional desde los tiempos de Henry Kissinger, concentra una influencia inédita en la polÃtica exterior de Estados Unidos.
Trump le ha dado carta blanca para "ordenar" el hemisferio. Hay quienes afirman que, durante la visita que el entonces senador por el estado de Florida realizó a Javier Milei en diciembre de 2023 en ocasión de su asunción presidencial, le solicitó apoyo sin fisuras para la polÃtica hacia Venezuela que impulsarÃa una eventual administración republicana. La posibilidad de que Rubio cumpliera desde entonces una misión estratégica preexistente no deberÃa descartarse. Por el contrario, ahora cabe pensar que, toda vez que el objetivo era Venezuela (y algunos también miran a La Habana en lo sucesivo), el instrumento era Rubio.
Otra hipótesis plausible es que todas estas maniobras hayan tenido desde el inicio un objetivo de administración del tiempo: tiempo para que Maduro negocie; tiempo para que facciones internas avancen sobre las autoridades de gobierno; tiempo para evitar un ataque directo que Trump y sobre todo el enemigo interno de Rubio, el vicepresidente JD Vance, su más cercano adversario de cara a las presidenciales del 28, no quieren.
Pero, si la acción resulta inevitable -hipotesis que no hay que desechar-, Estados Unidos necesita encontrar una opción que no represente un costo demasiado alto. ¿Es posible que se explore un bombardeo estratégico sobre algún punto relevante del narcotráfico o una acción lo suficientemente difusa como para moverse entre el derecho interno estadounidense -que exige autorización del Congreso para iniciar operaciones de este tipo- y los márgenes del derecho internacional?
Por lo pronto, es razonable suponer que unidades militares terrestres ya están desplegadas en territorio venezolano. La llamada "Operación Guacamaya", realizada en mayo mientras Maduro estaba en Kazán para la cumbre de los BRICS+ y que permitió la extracción de los seis asilados en la embajada argentina en Caracas, asà lo sugiere. Nada se sabe oficialmente de aquella acción, pero los beneficiarios, hoy en territorio estadounidense, suelen comentar en conversaciones que no solamente fue espectacular: demostró el grado de infiltración de fuerzas extranjeras y el nivel de connivencia entre estas y sectores de seguridad bolivarianos descontentos.
Pensar que Estados Unidos no actuará por la presencia de Rusia o China detrás de Venezuela, como sugirió dÃas atrás el inefable Yanis Varoufakis, es desconocer la dinámica real de las cosas en juego, tal y como acostumbra ese grupo de individuos que por alguna razón verdaderamente incomprensible tienen una influencia sobre sectores de la polÃtica y la intelectualidad latinoamericana que es muy difÃcil de entender.
Las recientes palabras del viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Ryabkov (la cancillerÃa rusa tiene 14 viceministerios), pidiendo a Estados Unidos abstenerse de operaciones en el Caribe son el tipo de comunicación esperable en estos casos y nada más. La ambivalencia polÃtica y diplomática es probablemente todo que los socios de Venezuela están duspuestos a otorgarle. El apoyo discursivo no implica asistencia militar. Y ya que en este tipo de circunstancias lo relevante es esto último, es de esperar que el apoyo discursivo no falte.
Pensar que Rusia actuará defensivamente en el Caribe no sólo implica desconocer sus intereses, sino su idiosincrasia y, sobro todo, la historia. La crisis de los misiles, las memorias de Anatoly Dobrynin o las conversaciones entre Fidel Castro e Ignacio Ramonet pueden introducir en la comprensión mÃnina de estos temas.
Mas acá en el tiempo, el mismo Vladimir Putin reconció a la televisión india, donde estuvo en visita de Estado la semana pasada, que Trump está comprometido con la paz en Ucrania y que éste paÃs y los de la Unión Europea son quienes conspiran sistemáticamente con el objeto de continuar el estado de guerra. Luego de esas afirmaciones que por estas latitudes pasan desapercibidas, es realmente dificil pensar que Rusia le planteará un problema de estas caracterÃsticas a kilometros de distancia de la costa de los Estados Unidos, paÃs que pretende desactivar el conflucto que tiene rusa en los lÃmites de su frontera occidental.
Todo esto no es sino la gradual concreción de algunos acuerdos pautados en Alaska.
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- 112/12/2512:49LA ENTREGA DEL NOBEL A CORINA , GENERA UNA INCERTIDUMBRE COMO ESPERAR UN NOBEL POST MORTEM A HITLES Y MUSSOLINI, ASI VA LA TENDERCIA DE ENTREGA ....