El anunció de un "Acuerdo marco" de comercio e inversiones entre Estados Unidos y Argentina se inserta en un proceso más amplio de reordenamiento hemisférico, en el cual Washington busca recuperar control estratégico ante la presencia china y la creciente competencia global. |
Tras la caÃda de la Unión Soviética -"la mayor catástrofe geopolÃtica del siglo XX", según Vladimir Putin- se desarticularon las antiguas esferas de influencia de la Guerra FrÃa. Estados Unidos, fortalecido y sin contrapesos, proyectó durante los años 90 una presencia económica, militar y cultural omnipresente sobre todo el mundo, mientras Rusia atravesaba un perÃodo de colapso económico, corrupción y deterioro social con alarmantes Ãndices de desempleo, marginalidad, alocoholismo y suicidios bajo Boris Yeltsin, que muchos asociaron con un inminente riesgo de disolución nacional.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 trasladaron el eje estratégico norteamericano hacia la "guerra contra el terrorismo", supletoria de la Guerra FrÃa, con operaciones militares en Irak y Afganistán. Esto redujo significativamente la gravitación estadounidense en América del Sur, permitiendo que la región experimentara márgenes inéditos de autonomÃa polÃtica y crecimiento económico que hasta el dÃa de hoy lleva a muchos a ver un futuro a través de lo que fue posible en el reciente pasado.
Mientras tanto, se consolidó la emergencia de China como superpotencia global -facilitada por su ingreso a la OMC en 2001 en lo que probablemente represente uno de los mayores errores cometidos por Estados Unidos para sus propios intereses- y su avance sistemático en América Latina, en un contexto de relativo declive estadounidense. Este reordenamiento mundial reactivó tensiones propias de lo que Graham Allison denominó la "trampa de TucÃdides" y puso nuevamente en discusión las zonas de influencia de estas dos grandes potencias, a las que se debe agregar a Rusia.
La semana pasada Estados Unidos anunció un "Acuerdo marco" de comercio e inversiones con Argentina y otros paÃses de la región, sobre el cual hasta el momento no se conocen detalles. Sin embargo, esta iniciativa se inserta en un proceso más amplio de reordenamiento hemisférico, en el cual Washington busca recuperar control estratégico ante la penetración china y la competencia global creciente.
Simultáneamente, tras un prolongado shutdown de 42 dÃas, la administración estadounidense se dispone a presentar su Estrategia Nacional de Defensa, documento central que -según expertos- marcará por primera vez en décadas que Estados Unidos no solo asume su propia seguridad, sino también la del continente americano en su conjunto.
¿Quién piensa la seguridad en Sudamérica?
En este marco, resurgen análisis apresurados que confunden imperialismo con injerencismo, aunque la lógica actual responde más bien a un retorno al equilibrio clásico de poder, donde cada polo hegemónico ordena su área de influencia. De allà las iniciativas norteamericanas en el Caribe, las presiones sobre China en la región y los recientes movimientos vinculados a Venezuela que habilitan a interrogarse si en realidad el objetivo principal no es Cuba.
Dentro de esta dinámica, se observa la particular atención que Donald Trump ha mostrado hacia Argentina, tanto durante el gobierno de Mauricio Macri como ahora en el de Javier Milei, en su convicción de que el peronismo representa una expresión de la izquierda latinoamericana parangonable con Gustavo Petro y Daniel Ortega -que nadie más o menos relevante ese espacio se ha ocupado de desmentir- y la garantÃa de la consolidación de la posición China. Frente a esto, en una renuncia a la polÃtica, sorprende la inexistencia de back channels con actores relevantes del gobierno estadounidense, pero sà la preferencia entusiasta de figuras como Elizabeth Warren, Bernie Sanders, Kamala Harris o recientemente electo intendente de New York (un lugar que no se parece en nada a Estados Unidos) Zohran Mamdani.
Asà y todo, en una entrevista reciente, Juan González, alto funcionario del Consejo de Seguridad Nacional para América Latina durante el gobierno demócrata de Joseph Biden, afirmó que Argentina es más importante para Estados Unidos que Brasil, insinuando el real peso estratégico de nuestro paÃs, que no explica, pero que diferencia de los riesgos del multialineamiento del vecino gigante.
En una metáfora significativa, González afirmó que en "el partido de ajedrez de la polÃtica internacional, Argentina es una torre". Pieza de largo alcance, clave para condicionar movimientos y expandir el control del tablero, debe tenerse presente que la gematria ajedrecÃstica asigna a la torre un valor 5, sólo superado por la reina (9) y el rey postrero. Henry Kissinger, en su tiempo, complementó esta visión describiéndo a la Argentina como "una daga apuntando a la Antártida", reforzando asà su valor ya no ajedrecÃstico sino estrictamente geopolÃtico.
El contexto global actual se caracteriza por la erosión del orden internacional basado en reglas, cuya legitimidad disminuye a medida que deja de reflejar la real distribución del poder. Hasta tanto no emerja un nuevo orden -proceso que puede tomar décadas- prevalecerá un entorno competitivo y de fricción, semejante al "estado salvaje" hobbesiano. Puesto que las consecuencias de los errores pueden ser tan grandes en un contexto de tal incertidumbre, la prudencia es el valor que más debe apreciarse y el precio ya no del multilateralismo, sino del sistema multilateral, pierde valor.
Más Mahbubani y menos Varoufakis
No obstante, y llegados a este punto, no hay que prescindir de un ejercicio intelectual que proyecte una probable evolución del escenario hasta aquà expuesto.
Un hecho evidente en curso es, como se ve, el reforzamiento de la presencia norteamericana en el continente. Con la nueva Estrategia de Defensa que los expertos en estos temas están esperando ansiosos, ya que su publicación estaba prevista para el mes de septiembre próximo pasado, Estados Unidos podrÃa avanzar hacia un rol más explÃcito y sobre todo asertivo de garante hemisférico, reactivando mecanismos de presión, cooperación militar y acuerdos económicos dirigidos a contener la influencia china, tal como se ve no sólo con la Argentina, sino también con Ecuador, Guatemala y El Salvador (algunos avances embrionarios comienzan a observarse en la relación bilateral con Brasil, luego de la reunión entre los presidentes en un side event de la cumbre de la ASEAN).
La escalada de la competencia Estados Unidos-China en América del Sur como consecuencia del avance de la potencia asiática en infraestructura, finanzas, tecnologÃa aplicada y recursos naturales, indudablemente será objeto una de mayor vigilancia y oposición directa, especialmente en paÃses considerados estratégicos por Washington, cosa que ya se está viendo también.
A su vez, se observa una reconfiguración de alianzas regionales. Un tema de particular interés será la evolución de las diferencias estructurales entre Brasil y Argentina que podrÃan acentuarse en la definición de sus alineamientos internacionales alterando el equilibrio sudamericano. La polÃtica exterior argentina será observada con especial atención por Washington, pero también, y, sobre todo, por los paÃses hispanoparlantes.
Otro punto fundamental que se está viendo en estos dÃas y que debe ser seguido en detalle por el riesgo objetivo que presenta es la mayor inestabilidad en el Caribe y Venezuela. Las declaraciones de figuras opositoras venezolanas, en particular de la recientemente galardonada con el otanizado Premio Nobel de la Paz, Corina Machado, y los movimientos de fuerzas estadounidenses en la región con el desplazamiento del portaaviones más grande del mundo, el US presidente Gerald Ford, podrÃan anticipar algo más que tensiones crecientes que impactarán, necesariamente, en todo el continente.
Pero más en concreto. ¿Cuáles son los impactos que todo esto tiene en exclusiva para la Argentina? En primer lugar, un aumento del valor estratégico de nuestro paÃs con todos los riesgos que esto necesariamente conlleva. Estados Unidos a la torre de Juan González como una pieza central para la arquitectura hemisférica.
Esa condición puede traducirse en oportunidades de inversión, acuerdos comerciales y respaldo financiero, pero también en expectativas de alineamiento polÃtico acrÃtico (lo cual por cierto es una exageración no excenta de consecuencias) como también estamos viendo. Uno de los riesgos consiste en quedar atrapados en la competencia entre potencias.
El globalismo de Milei: tres temas de análisis de su polÃtica exterior
La disputa Estados Unidos-China en la región exigirá de nuestra diplomacia un manejo más sofisticado de la polÃtica exterior, evitando decisiones que comprometan la cada vez más disminuida autonomÃa estratégica o la expongan a presiones cruzadas.
Las implicancias para la industria y el comercio es otro de los puntos a atender. Las históricas tensiones con Brasil y el déficit comercial bilateral local respecto de aquél es un punto capital en este contexto y una ventana de oportunidad. Es posible que los dos socios más importantes del MERCOSUR ajusten sus alianzas globales y reperfilen modelos de desarrollo. Estados Unidos es el primer inversor extranjero del mundo y el primer importador de bienes y servicios del planeta.
Resulta cuanto menos extraño dar por muerta a la economÃa y potencia militar más importante del mundo, máxime en un momento en el que se encuentra reseteando fundamentals para recobrar impulso de cara a la batalla final con el otro polo de gravedad que representa China. Los desafÃos de la pequeña y mediana industria argentina, en particular aquel que demanda trabajo urbano, ha sido mucho más afectado en las últimas décadas por las asimetrÃas estructurales entre nuestro paÃs y Brasil (ejemplo de ello han sido rubros como textil y calzado, linea blanca, metalurgica y autopartes, quÃmicos, muebles, solo por citar algunos) que por las consecuencias de la relación comercial bilatral entre los paÃses objeto del acuerdo recientemente anunciado.
Todo esto abre para la Argentina una oportunidad para recobrar su histórico liderazgo regional. La torre del juego de ajedrez hemisférico tiene la posibilidad concreta de ejercer influencia real en debates estratégicos del Cono Sur y toda su proyección antartica, ello toda vez que el paÃs logre sustancia polÃtica y estabilidad institucional.
La Argentina no puede conformarse con integrar una pandilla de actores internacionales que se debaten entre el colapso, la catatonÃa y el denuncismo. Las posiblidades de capitalizar este momento histórico aumentarÃa si la polÃtica exterior se ejerciese con firmeza, claridad de los intereses permanentes de la Nación y un fuerte sentido patriótico, atributos que hoy parecieran no caracterizar a los altos mandos del gobierno. Debe recordarse aquella frase que pronunciara Raymon Aron, uno de los padres del realismo en estudios internacionales, al sostener que en polÃtica internacional siempre es posible seleccionar a los enemigos, pero no a los aliados.
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