Editorial
Tres liderazgos de cara al 2027
Por Leandro Bruni
Los liderazgos de Milei, Macri y Cristina atraviesan sus propias adversidades, entre maldiciones, abismos y disputas internas.

El 2026 es un año bisagra. Los períodos electorales han perdido sus márgenes definidos y la idea de una campaña permanente describe cada vez mejor la política argentina. En ese sentido, el inicio de la carrera hacia 2027 estará condicionado por lo que ocurra en estos meses.

Para los gobiernos, la "maldición del tercer año" es un fantasma que acecha y puede ser fulminante. Las promesas de la campaña presidencial y el pedido de apoyo en las elecciones de medio término suelen agotarse ante la necesidad de resultados tangibles por parte de los votantes. La tolerancia de la opinión pública se reduce y la atribución de responsabilidades a la gestión actual se vuelve total. La "pesada herencia" pesa cada vez menos, y los presidentes en funciones comienzan a ser juzgados con mayor severidad. A la vez, medidas económicas tomadas para sostener el entusiasmo y la aprobación en años electorales reaparecen en el tercer año como deudas y costos políticos. En Argentina, esto suele expresarse en subas del dólar tras meses de ancla cambiaria, y en una aceleración inflacionaria luego de períodos de expansión monetaria orientada a sostener el consumo y la sensación de mayor poder adquisitivo. Los antecedentes más cercanos de esta "maldición" fueron 2014, 2018 y 2022. Después de cada uno de esos años, todos los oficialismos perdieron.

Sin embargo, la configuración de la oferta electoral parece ofrecer una luz de esperanza para un gobierno que en 2025 se vio obligado a navegar aguas turbulentas, sin certezas de llegar a buen puerto. Al final del día, los electores terminan seleccionando alguno de los rostros que aparecen en el cuarto oscuro. ¿Es el mejor de todos los políticos? ¿Es el que más te gusta? ¿Es lo que siempre soñaste? Probablemente no. En muchos casos, es "el que estaba ahí": el más conocido o el que genera menos rechazo. Aunque nadie puede anticipar con precisión quiénes serán los candidatos de 2027, la mayoría de los estudios de opinión pública coincide en que hoy la Argentina tiene tres liderazgos principales.

Milei es, sin dudas, el principal liderazgo de la política argentina. Aunque esto podría parecer obvio por el hecho de ser presidente, el cargo no siempre ha sido suficiente para explicarlo. En su caso, se trata de un liderazgo y una influencia que trascienden el ámbito nacional. Sus fortalezas pueden resumirse en tres pilares. El primero es su figura: el carácter disruptivo de su imagen y la performance que despliega en escenarios, discursos y eventos lo convierten en un actor altamente llamativo. En segundo lugar, haber logrado responder a la principal demanda electoral -la inflación-. En el imaginario de muchos argentinos, Milei cumplió lo que prometió y produjo resultados concretos. En tercer lugar, la ausencia de alternativas igualmente convocantes, con un contraste que, en la práctica, tiende a estructurarse en torno al kirchnerismo.

Sin embargo, como ocurre con toda fortaleza, esos mismos rasgos pueden convertirse rápidamente en puntos débiles capaces de precipitar una caída. El personalismo del presidente puede dificultar el desempeño electoral de sus candidatos locales: si su imagen comienza a erosionarse, esa pérdida podría arrastrar a aspirantes a intendentes, gobernadores y legisladores. Por otro lado, la inflación empieza a ser percibida en la opinión pública como un problema relativamente encauzado. Esto no significa que haya desaparecido, sino que, para muchos votantes, las expectativas se cumplieron y el eje de preocupación se desplaza hacia el desempleo y la seguridad. Nuevas demandas exigen nuevos resultados. Por último, aunque hoy no se vislumbra un candidato con potencia suficiente para rivalizar de igual a igual con Milei, él mismo es una prueba de lo imprevisible y cambiante que puede ser la oferta electoral. Quizás el próximo Milei ya esté ahí: en la televisión, en las redes sociales, en un púlpito evangelizando o incluso protagonizando un show musical.

Macri sigue siendo un liderazgo nítido, pese al momento de "orfandad inversa" que atraviesan el PRO y los restos de Juntos por el Cambio. No se trata solo de una fuga de cuadros políticos y militantes: incluso antes del salto de algunos dirigentes, fueron los electores quienes iniciaron la migración. Si en 2023 la foto electoral de La Libertad Avanza tuvo como acierto haber conectado con muchos votantes típicos del peronismo, en 2025 esa foto cambió: el votante de LLA se pareció más al clásico voto de Juntos por el Cambio. En otras palabras, el liderazgo de Macri enfrenta el abismo de haber perdido dirigentes valiosos y, peor aún, de quedar sin un electorado propio al cual hablarle.

Sin embargo, no todo está perdido para el expresidente. Existe un porcentaje minoritario -pero relevante- de votantes que miran e incluso podrían votar a Milei sin identificarse plenamente con él. Se ubican en el espacio sociopolítico que supo ocupar Juntos por el Cambio y suelen expresarse en grupos focales con el "sí, pero": "bajar la inflación es importante, pero no me gustan las formas de Milei"; "acercarnos a Estados Unidos es estratégico, pero hay que cuidar la investidura presidencial"; "el superávit fiscal es innegociable, pero no hay que desfinanciar a jubilados ni a las universidades". En determinados contextos -como ocurrió en septiembre de 2025- estos votantes son esenciales para Milei y (por ahora) sostienen la relevancia de la figura de Macri.

Entre los referentes de la oposición, Cristina Kirchner aparece como la única figura con un liderazgo verdaderamente convocante. En los últimos años, el apoyo a la expresidenta ha oscilado entre el 25% y el 30% del electorado, niveles a los que la mayoría de los dirigentes ni siquiera se acerca. A diferencia de Milei y Macri, el de Cristina es un liderazgo abiertamente disputado. El proceso judicial que derivó en su prisión domiciliaria puede tener efectos políticos y comunicacionales: alimenta la narrativa de persecución política y refuerza la idea de un vínculo entre sectores de la política y el poder judicial. Sin embargo, el impedimento para presentarse a elecciones también funcionó como catalizador de la disputa con Axel Kicillof. Ambos entienden que un divorcio anticipado fragmentaría al espacio. Lo que todavía no está claro -y se vuelve el gran nudo de esta negociación- es qué lugar tendrá cada uno en un eventual armado electoral. La experiencia del Frente de Todos aún no ha sido plenamente metabolizada por ninguno de los dos. Lo que sí queda claro es que nadie quiere repetirla.

Este es el escenario con el que se anticipa 2027: cada liderazgo atravesando sus propias adversidades, entre maldiciones, abismos y disputas internas. Parte de la campaña electoral ya está comenzando y muchos ven una moneda en el aire, sin un final seguro. Si algo dejó como enseñanza el recorrido de algunos candidatos en 2023, es que nunca conviene proyectar victorias por adelantado ni dar por definido un resultado con tanta anticipación.

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