Las campañas electorales no son exitosas en decirle a la gente qué pensar, pero (a veces) sí lo son en decirle sobre qué pensar. |
Desde el punto de vista de las personas, la política es comunicación y psicología. Lo único que importa, en última instancia, no es la realidad, sino lo que el votante percibe como tal. Las campañas electorales son batallas comunicacionales para definir de qué se trata esta elección y cuáles son las opciones. Dependiendo de lo que haya estado en la mente y en el corazón de las personas el día de los comicios, será el resultado que se obtenga.
En este extenso año electoral, los argentinos dieron cuenta de su capacidad de votar con criterios distintos según el contexto. Por ejemplo, en las elecciones provinciales de abril en Santa Fe, el gobernador Maxi Pullaro se presentó como candidato a convencional constituyente, logrando no solo ganar la contienda con casi 35 puntos, sino también reformar la Constitución provincial y proyectar un posible segundo mandato. Gustavo Valdés, en Corrientes, presentó a su hermano como sucesor en la gobernación y obtuvo casi el 52% de los votos. Sin embargo, unos meses después de estas y otras elecciones locales, los resultados del escrutinio de las elecciones a diputados nacionales muestran a la lista del oficialismo santafesino saliendo tercera con apenas 18 puntos; a la lista oficialista correntina ganándole a Virginia Gallardo por apenas 1 punto (32%); al exgobernador y una de las figuras con mejor imagen en Córdoba, Juan Schiaretti, desplazado a un segundo lugar con 28 puntos; y, en la Ciudad de Buenos Aires, a quien supo obtener cerca de medio millón de votos y estar a pocos puntos de convertirse, en dos oportunidades, en jefe de Gobierno, Martín Lousteau, con menos de 100 mil votos (6%) y en cuarto lugar.
La lectura lineal podría concluir en una fuerte derrota de los gobernadores que estrenaron el sello de "Provincias Unidas". Sin embargo, los estudios preelectorales y poselectorales no muestran la intención de los electores de penalizar esta propuesta, sino que fue la saliencia de la nacionalización y la polarización lo que guió el comportamiento electoral. En otras palabras, los votantes organizaron su voto pensando en si querían penalizar o premiar la performance económica del gobierno de Milei y, por otro lado, si preferían a Milei o al kirchnerismo. En esa alquimia, los gobernadores, Provincias Unidas, el federalismo, entre otros tópicos, no tuvieron relevancia. Más que hablar de una penalización a los gobernadores, sería más correcto hablar de un error estratégico: presentarse -o presentarse del modo en que lo hicieron- en un escenario nacionalizado y polarizado.
Como lo reflejan estudios de Casa Tres y Aresco, la esperanza y el apoyo al gobierno de Milei significaron el 55% y casi el 45% de la motivación del voto entre el segmento de votantes de Juntos por el Cambio y votantes de La Libertad Avanza, respectivamente. Adicionalmente, entre el 23% y el 20% de la motivación estuvo movilizada por el temor a un triunfo del kirchnerismo y sus efectos en la economía. El resultado de las elecciones de septiembre en la provincia de Buenos Aires funcionó como motivación adicional entre los votantes de JxC que se ausentaron de votar. En octubre decidieron dejar de lado -por lo menos temporalmente- su "perismo" hacia Milei y, movilizados por el miedo al kirchnerismo, decidieron ir a votar y apoyar al gobierno.
La economía fue, sin dudas, lo que los argentinos miraron para evaluar al gobierno. Es posible que, en los primeros meses del gobierno de Milei, haya sido la desaceleración de la inflación aquello que más entusiasmaba a los votantes. Sin embargo, un estudio longitudinal de 23 meses demostró que, más que la inflación, fue la variación del dólar lo que más explica la variación del apoyo al gobierno. Si bien muchos argentinos no compran ni venden dólares en su vida cotidiana, la divisa estadounidense funciona como heurístico, es decir, como atajo cognitivo para evaluar si la economía del país va por un buen camino o no. Esto no es siempre así ni funciona en todos los países. Pero este fue el mapa mental de los argentinos durante los primeros meses del gobierno de Milei. Lo cierto es que la variación del dólar desde diciembre de 2023 hasta octubre de 2025 explica la mitad de la variación del apoyo al gobierno, en este caso tomando el dato del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella. Si el dólar sube, el apoyo baja. Es por ello que, para el gobierno, fue estratégico poder contener al dólar. La pregunta, de cara a lo que viene, es si el dólar seguirá funcionando como heurístico o si otro factor, como el consumo, el desempleo o la inflación, lo reemplazará.
Realizar un diagnóstico del resultado electoral es fundamental para evaluar si se cumplieron o no los objetivos trazados y, sobre todo, poder diseñar nuevos objetivos de cara a 2027. Lamentablemente, existe un exceso de triunfalismo que compite con un exceso de pesimismo en distintos sectores políticos. Para algunos, este resultado se proyecta en dos años y el próximo presidente ya tiene nombre. Sin embargo, la estadística nos obliga a ser más cautos. Desde 1987 a la actualidad, el 55% de quienes ganaron elecciones intermedias en Argentina lograron convertirse en presidentes. Sin embargo, desde 2009, ningún ganador de elecciones intermedias logró ganar las posteriores elecciones ejecutivas. ¿Será 2027 el final o una continuidad de esta tendencia?
En cada contexto, los electores tienen demandas distintas. Es posible que Argentina esté cerrando una etapa y abriendo otra: como muestra la mayoría de las encuestas, la inflación es desplazada de las principales preocupaciones y, en su lugar, cobran protagonismo el desempleo y el consumo. Esas preocupaciones serán el sustrato para los futuros procesos electorales, pero es responsabilidad de los candidatos y sus equipos lograr ser la respuesta a las demandas de los votantes. No es un proceso natural ni espontáneo. No todos los candidatos son la respuesta a los mismos temas, como tampoco todos los temas son importantes para los votantes. El desafío es que el votante piense en un tema como el más importante y que nos considere a nosotros como respuesta a ese tema. Parafraseando un concepto del politólogo Bernard Cohen sobre los medios de comunicación, las campañas electorales no son exitosas en decirle a la gente qué pensar, pero (a veces) sí lo son en decirle sobre qué pensar.
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