Elecciones 2025
¿Ante quién perdió LLA?
Por Leandro Bruni
El resultado impacta negativamente no solo porque no se esperaba el porcentaje obtenido, sino sobre todo por el trasfondo de inestabilidad económica y política que viene aconteciendo desde finales de 2024.

El resultado electoral en la provincia de Buenos Aires generó un conmoción adicional al convulsionado escenario político que atraviesa la Argentina en general, y el gobierno de Javier Milei en particular. La alianza de cúpulas con el PRO no se tradujo en votos, que, lejos de haber migrado a otras fuerzas, prefirieron quedarse en casa.

Como toda elección legislativa, existen distintos niveles de análisis para determinar quién fue el ganador de la jornada. Por ejemplo, se podría hacer foco en quienes lograron aumentar la cantidad de legisladores provinciales, concejales, ganar nominalmente en cada sección electoral o en el agregado provincial, entre otros.

Un procedimiento muy tenido en cuenta por los estrategas es comparar el rendimiento nominal de la misma fuerza o candidato respecto de las elecciones anteriores, para así determinar si se ganaron o perdieron votos. En general, el manual de ciencia política advertiría que debería compararse el mismo tipo de elección para sacar conclusiones válidas. En otras palabras, comparar manzanas con manzanas, es decir, legislativas provinciales 2025 con legislativas provinciales 2021. Sin embargo, si queremos captar el clima de época y su evolución, se podrían comparar los resultados de las elecciones del domingo con su antecedente más próximo: las legislativas de 2023.

La mayoría de los analistas políticos coincide en que el domingo pasado ganó el peronismo y, en particular, la estrategia de Axel Kicillof de desdoblar las elecciones provinciales respecto de las nacionales. Es decir, ganó el peronismo frente a la alianza de La Libertad Avanza y el PRO, y ganó la estrategia del kicillofismo respecto del cristinismo. Sin embargo, si miramos los votos agregados nominalmente, vemos que el peronismo perdió 500 mil votos en 2025 respecto de 2023 y casi 400 mil respecto a 2021. Esto debería generar una luz de alarma para quienes festejaron haber obtenido una ventaja de casi 13 puntos porcentuales. En un escenario caracterizado por muchos como el peor momento económico y, en consecuencia, político del gobierno de Milei, y con dos años de una economía doméstica adversa para la mayoría de los argentinos, la alternativa más nítida no hizo una elección, nominalmente, mejor que en 2023. La misma tendencia se observa en el casi millón de votos que Kicillof perdió entre su primer triunfo como gobernador en 2019 y su segundo en 2023. A la luz de estos resultados, y ante la incapacidad de ganar nuevos votantes o retener los que venía teniendo, es probable que la gran apuesta del peronismo, además de esperar que el cuadro económico general empeore, está en que el ausentismo se mantenga tal y como está.

¿Ante quién perdió LLA?

En contraste, La Libertad Avanza ganó 356 mil votos respecto de 2023. Es probable que gran parte de esos votos provenga de votantes del PRO, ya que en 2023 no había alianza y en 2025 sí. Sin embargo, no siempre la alianza de cúpulas o líderes se traduce en las urnas; y este fue el caso. Si se suman los votos de Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza en 2023, el número esperado para el domingo pasado rondaba los 5 millones de votos, pero solo se materializaron 2,7 millones. Supongamos que de esos, 424 mil vinculados con el radicalismo, otrora miembro de JxC, migraron al nuevo experimento llamado SOMOS; aun así quedarían 2,3 millones de votos no retenidos por la flamante alianza electoral. En otras palabras, si bien se puede observar que los libertarios ganaron 356 mil votos respecto de los comicios anteriores, los números están muy lejos de lo esperado. Allí radica, en parte, la verdadera sorpresa electoral. La derrota más notable de los libertarios no fue ante Kicillof, sino ante los votantes del PRO que prefirieron quedarse en casa. La participación electoral entre 2023 y 2025 se redujo en casi 2 millones de votantes; casualmente, una cantidad similar de votos que deberían haber migrado del PRO a la alianza con los libertarios.

En los estudios de opinión pública -sobre todo en grupos focales realizados durante 2024 y principios de 2025- había una clave que permitía anticipar el comportamiento de los votantes del PRO. La variable más clara de apoyo al gobierno tenía que ver con el rumbo económico. La idea de austeridad, cuentas equilibradas, reducción del déficit fiscal, desaceleración de la inflación y estabilización del dólar eran, para este segmento del electorado, lo que los acercaba al libertario. En contraste, lo que los alejaba tenía que ver con las formas (insultos, gritos, agresión, imagen general) y lo institucional (la división de poderes, el rol del Congreso en el proceso legislativo, la imagen internacional). Mientras la economía se percibiese en un rumbo positivo, el acompañamiento tenía probabilidades de perdurar. Sin embargo, ya a finales de 2024 la percepción general sobre la economía en su conjunto comenzó a deteriorarse, y con ella florecieron las críticas y las distancias, no de los dirigentes del PRO, sino de sus votantes.

Antes del fatídico domingo, las encuestas, a grandes rasgos, decían dos cosas: en agosto era más probable que los libertarios perdieran en la provincia de Buenos Aires y que en octubre, en el agregado nacional, ganaran por una diferencia cómoda. El resultado impacta negativamente no solo porque no se esperaba el porcentaje obtenido, sino sobre todo por el trasfondo de inestabilidad económica y política que viene aconteciendo desde finales de 2024. Es posible que, con este escenario, haya que recalcular las probabilidades de un triunfo holgado de Milei en octubre. Ante ello, aparecen distintos interrogantes: ¿qué se podría esperar para los votantes del PRO si el gobierno logra estabilizar o mejorar algunas de las variables económicas más sensibles para el bolsillo? Si la situación general se agrava, ¿veremos un retorno de los votos que supieron acompañar al peronismo o su migración es definitiva? Si los descontentos con unos y otros espacios políticos deciden seguir refugiándose en el ausentismo, ¿estamos ante un camino allanado para el peronismo hacia 2027?

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