Editorial
Las dos ausencias que perjudican a Bullrich
Por Leandro Bruni
El 40% de quienes votaron a Larreta están migrando hacia candidatos de otros espacios.

 Albert Einstein dijo alguna vez que los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción. Ese inmaterial escenario es en el que se mueven los candidatos intentando proyectar imágenes, atraer la efímera atención del público, canalizar las emociones de tiempos convulsionados y sobre todo, mostrar un camino posible de mejora. No importa lo que los candidatos sean, sino cómo son percibidos por la gente. Esa percepción se configura a partir de entender que la política es sistémica. Todos los actores están vinculados entre sí. El candidato A no es B; esta más lejano de C que de B; es muy cercano a D. Muchas de estas relaciones son conscientes, pero la mayoría se fijan inconscientemente. Es por eso que resulta tan difícil, en tan poco tiempo, poder revertir la percepción que un elector tiene sobre los candidatos.

Desde inicios de 2023 Juntos Por el Cambio atraviesa una crisis en la percepción de sus dos principales valores. La unidad ("juntos") comenzó a resquebrajarse a partir del recalentamiento que tuvo la campaña entre Larreta y Bullrich. No se logró cumplir el pacto implícito de toda contienda interna de evitar una competencia pírrica que deje debilitado al vencedor de cara a las elecciones generales. Sumado a ello, desde aquel 13 de agosto el electorado percibe que no se ha tratado bien al derrotado de las primarias del espacio, ni a su equipo. Esporádicamente aparece una foto de Horacio junto a Patricia, pero lo cierto es que las heridas no suturan y el 40% de quienes votaron a Horacio están migrando hacia candidatos de otros espacios.

El segundo valor de la coalición, que hoy se ve descolorido, es el de ser el cambio. Si miramos las últimas 20 elecciones presidenciales en Latinoamérica, en el 75% de los casos los electores votaron por una expresión de la oposición. Ser el cambio, ser distintos a quienes gobiernan, es en la actualidad un capital político. Con el ascenso de Milei quedó claro que el electorado percibe que JxC no representa el cambio; o por lo menos, no el cambio que los votantes quieren. En una reciente encuesta de Aresco, se les preguntó a los votantes quién de los dos podía hacer cambios duraderos en el tiempo. El 48,5% contestó Milei, mientras que solo el 28,4% contestó Bullrich.

Con el inesperado resultado de las PASO el equipo de Bullrich no logró reaccionar a tiempo. Perdió la oportunidad de enmarcarla como la candidata ganadora del segundo espacio más votado, destacar su capacidad de hacer equipos, su capacidad intelectual y experiencia de gestión. Pero, sobre todo, perdió la oportunidad de mostrar un importante diferencial: ser la única candidata mujer competitiva de esta contienda. Casi no conocemos aspectos de su vida familiar, de su perfil de madre y abuela, de su sentido del humor. Nuestra percepción sobre este aspecto tan relevante solo es alimentada por lo que otros candidatos destacan de su vida pasada.

A casi una semana de los comicios, la moneda está en el aire. En la percepción de gran parte del electorado Juntos por el Cambio no representa ni la unidad, ni el cambio. Los equipos de campaña saben -como lo refleja el último estudio de ESPOP, de la Universidad de San Andrés- que 3 de cada 10 electores deciden su voto entre una semana antes y el mismo día de votación. Los más entusiastas creen que en estos últimos días van a poder revertir las tendencias que se vienen sosteniendo en las últimas dos semanas. Suponiendo que eso fuese posible, la pregunta sería cómo lo van a hacer. El célebre politólogo Robert Dahl decía que la política es secundaria en el gran circo de la vida; sobre todo en esta última semana, el desafío de la política es no hablar de política sino, de lo que realmente les importa a las personas en su vida cotidiana.

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