Editorial
La metamorfosis de la demanda
Por Leandro Bruni
Las demandas de este segundo tramo del gobierno cambiaron respecto de los dos años anteriores.

Durante las últimas semanas, muchos analistas volvieron sobre una idea conocida: la "maldición de los terceros años" como clave para leer el momento político que atraviesa Javier Milei. Los antecedentes más recientes en los que esa dinámica complicó las aspiraciones continuistas o de reelección fueron los de Cristina Fernández de Kirchner en 2014, Mauricio Macri en 2018 y Alberto Fernández en 2022, con su prolongación política en 2023.

Una vez superada la elección de medio término, ese fantasma empieza a rondar a los gobiernos. Sus efectos podrían estar incidiendo en este segundo tramo de la gestión. No se trata, claro, de una activación espontánea ni de un fenómeno mágico. Lo que suele ocurrir en los terceros años es que cambian las demandas y expectativas de la sociedad, y ese movimiento termina expresándose, de manera agregada, en la opinión pública. Además, las promesas de las dos campañas anteriores -la presidencial y la legislativa- empiezan a agotarse si los resultados no se vuelven palpables. A eso puede sumarse la turbulencia internacional cíclica, como ocurre por los años electorales en Estados Unidos, que muchas veces tensionan aún más el escenario local: los capitales se tornan conservadores y apuestan por lo seguro, y no por experimentos altamente riesgosos en países como el nuestro.

En definitiva, un mismo presidente se diferencia, por lo menos, en tres candidatos distintos: el que compitió para llegar a la presidencia, el que buscó ganar la elección legislativa y el que, más adelante, intentará construir su reelección. Cada uno se enfrenta a un clima electoral diferente, furto de demandas cambiantes.

El psicólogo Abraham Maslow, en su obra de 1943 Una teoría sobre la motivación humana, desarrolló un esquema que ayuda a pensar este desplazamiento de las demandas sociales. Su conocida "pirámide" plantea que las necesidades humanas se ordenan desde lo más básico -la supervivencia y la seguridad- hasta dimensiones más complejas, como el reconocimiento o la autorrealización.

Llevado al plano social, cuando un gobierno logra estabilizar las urgencias del "piso" de la pirámide, el electorado no necesariamente se detiene a agradecer ese éxito pasado. Por el contrario, suele desplazar rápidamente sus exigencias hacia el escalón siguiente. Lo que antes era una aspiración máxima, como frenar una inflación desbocada, una vez conseguido pasa a convertirse en el nuevo estándar mínimo. A partir de ahí se libera espacio para demandas más sofisticadas o vinculadas con la calidad de vida: estabilizar el dólar para poder ahorrar, volver a pensar en vacaciones o recuperar ingresos para consumir más bienes y servicios.

En otras palabras, las personas no demandamos lo mismo en cada contexto. Y esa idea resulta clave para entender por qué se mueve la opinión pública y qué desafíos debe abordar la comunicación política.

Tal como muestra el siguiente gráfico de la Universidad de San Andrés, las demandas de este segundo tramo del gobierno cambiaron respecto de los dos años anteriores. El primer Milei, aquel que irrumpió con fuerza en 2023, ganó porque logró hablarles a argentinos asustados y agotados por una dinámica económica marcada por la inflación. Se presentó como lo más distinto a quienes venían gobernando -"la casta"- y, al mismo tiempo, como alguien con una expertise específica, la de economista, que le permitiría reducir la inflación.

La metamorfosis de la demanda

El segundo Milei, el que enfrentó una elección legislativa de medio término, ganó porque una parte de los electores lo recompensó por haber estabilizado la economía y controlado el dólar. También lo ayudó el "fantasma" de un kirchnerismo competitivo en la provincia de Buenos Aires, con capacidad de mostrar vigencia y proyectarse nacionalmente. Ese temor ordenó cognitivamente la mente de muchos votantes: el miedo fue más fuerte que el amor.

Sin embargo, ya en ese tramo empezó a observarse algo relevante: la inflación dejó de estar en el centro exclusivo de la atención ciudadana. La evaluación del gobierno empezó a mostrar una mayor correlación con la variación del dólar que con la del IPC. Para muchos argentinos, el atajo cognitivo desde el cual evaluar la marcha de la economía se desplazó del primero al segundo. En términos de Maslow, las demandas se habían vuelto más sofisticadas.

En 2027 llegará el turno del tercer Milei, que deberá enfrentar un escenario más complejo. Una parte del electorado siente que ya le "pagó" por haber cumplido con el control de la inflación y la estabilidad. Ahora, como muestra el gráfico de Alaska y Trespuntozero, las necesidades son otras: tienen más que ver con la reactivación económica, el trabajo y el dinero en el bolsillo.

El problema es que la generación de empleo es un aspecto complejo dentro de la ortodoxia económica que profesa el presidente. No aparece en su paleta la intervención estatal ni la estimulación de la demanda agregada. En su mirada, el trabajo surgiría exclusivamente a partir de que el sector privado -interno o externo- decida invertir. Un optimista de esa línea podría decir que se trata de un fenómeno inminente. Los más cautelosos, en cambio, sostienen que para empezar a ver inversiones sustantivas el mercado necesita primero que el presidente asegure su reelección. El huevo o la gallina.

La metamorfosis de la demanda

El presidente todavía tiene una carta para hablarle a ese elector que siente que, aunque los precios se calmaron, su poder adquisitivo disminuyó. La frase "los precios no suben, pero yo tampoco puedo comprar" aparece con fuerza en grupos focales con votantes blandos de Milei.

Ahí podría estar una de las claves: hablarle al consumidor. Es decir, a ese votante que decide según su capacidad de compra y al que no le importa demasiado si el producto es made in Argentina o importado. Lo que le importa es que sea accesible y que pueda pagarlo.

A ese sector, el Gobierno podría hablarle con una agenda de mayor apertura económica y, sobre todo, con crédito. Como toda decisión, tendría costos importantes sobre el empleo local y las pymes. Pero, a cambio, podría ofrecerle al oficialismo un reapuntalamiento electoral decisivo.

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
Más de Leandro Bruni

La pregunta que decide 2027

Por Leandro Bruni
Aunque las elecciones queden lejos en el calendario, la dinámica electoral ya empezó a mostrar sus primeras cartas.

Tres liderazgos de cara al 2027

Por Leandro Bruni
Los liderazgos de Milei, Macri y Cristina atraviesan sus propias adversidades, entre maldiciones, abismos y disputas internas.

Nacionalización y polarización

Por Leandro Bruni
Las campañas electorales no son exitosas en decirle a la gente qué pensar, pero (a veces) sí lo son en decirle sobre qué pensar.

Los "sí, pero" definen esta elección

Por Leandro Bruni
La polarización es una fuerza poderosa. Su potencia radica en su efecto psicológico de simplificar el esfuerzo cognitivo de entender cuáles son las opciones y cómo se caracteriza cada una.

¿Ante quién perdió LLA?

Por Leandro Bruni
El resultado impacta negativamente no solo porque no se esperaba el porcentaje obtenido, sino sobre todo por el trasfondo de inestabilidad económica y política que viene aconteciendo desde finales de 2024.

Comunicar con imágenes emocionales

Por Leandro Bruni
La comunicación política efectiva no se apoya en largas explicaciones, sino en emociones e imágenes memorables.