Editorial
Tres miradas sobre Venezuela en la política argentina
Por Juan Arrizabalaga
El guión hegemónico, el progresismo y el nacionalismo popular, detrás de los sucesos de Caracas.

Desde los años de la Guerra Fría distintos guiones se escriben y se disputan la mirada sobre los sucesos políticos en nuestra región. Hoy toca Venezuela; y aquí te compartimos tres miradas en la política argentina sobre la Patria de Bolívar.

El guión hegemónico. Esta mirada rechaza la experiencia del Chavismo desde sus orígenes. Comparte la agenda y la campaña anti bolivariana que se escribe en Estados Unidos y usa el caso venezolano para agitar la alarma comunista y autoritaria en la Argentina contra todo proyecto soberanista, distribucionista y nacional popular. Promueve la exclusión de Venezuela en la política regional y el desarme de todo proceso de integración sudamericano y latinoamericano. Cualquier victoria electoral del chavismo es rechazada como fraude. Bajo este guión se pide constantemente más sanciones económicas a Venezuela, la necesidad de una intervención militar norteamericana o la llamada a que las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) impulsen un golpe de Estado para derrocar al "tirano"; otro golpe como el que dieron en 2002 contra Hugo Chavez. Venezuela es parte del menú a la carta del alineamiento geopolítico e ideológico a EEUU - OTAN. En ese menú de fronteras ideológicas están también Irán, Rusia, China, y ahora todo gobierno tildado de "comunista" como Petro de Colombia, Lula de Brasil, Lopez Obrador de México, el MAS de Bolivia, entre otros.

El progresismo. En los últimos años, paralelo a la crisis del peronismo y una deriva cada vez más liberal, parte de los sectores progresistas y neoperonistas argentinos comenzaron a usar elementos del guión hegemónico acerca de la situación y la imagen de Venezuela. De ser casi un faro para la región, sectores de la política progresista y la militancia, empezaron a tratar a la experiencia chavista y al gobierno de Maduro como una mancha venenosa. Justo en la etapa donde Estados Unidos impuso sanciones económicas de enorme gravedad, donde la economía venezolana empeoró y cuando el escenario político regional giró hacia la derecha, el progresismo abandonó la referencia venezolana, y comenzó a etiquetar la experiencia del gobierno de Maduro con los mismos tips que el discurso de la derecha local y de Washington. En la actualidad, luego del fracaso del gobierno del Frente de Todos, y paradójicamente ante un escenario político y económico venezolano más prometedor, sigue compartiendo miradas sobre ese país más cercanas a la derecha argentina que a sus propias posiciones de antaño. Durante la semana, sectores del progresismo aventuraban una derrota probable de Maduro y un interrogante acerca de si el gobierno venezolano iba o no a aceptar pacíficamente los resultados. El progresismo termina usando el prisma del globalismo liberal a través de una moralina injerencista.

El nacionalismo popular. Una tercera mirada es la del nacionalismo popular. Desde esta posición se aborda la cuestión venezolana desde un prisma geopolítico y desde la soberanía de los países latinoamericanos. En ese marco las elecciones de los gobiernos respectivos deben realizarse sin injerencias externas. El nacionalismo popular rechaza el guión hegemónico por derechista e intervencionista pero también rechaza el prisma del globalismo liberal en el que cae el progresismo. El nacionalismo popular promueve un proceso de integración Latinoamericana y del Caribe basada en el respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, y en el marco de un pluralismo ideológico, de los sistemas políticos y de los sistemas económicos. Con la autonomía a la potencia del Norte y fuera de toda lógica de Guerra fría. De hecho, en ese marco se dió el mayor proceso de crecimiento económico, estabilidad política y paz de la región, que fue durante la primera década y media del siglo XXI. En la actualidad, esta mirada comprende que lo que se juega en Venezuela, y otros países de la región, son intereses geopolíticos ante la transición multipolar y que los países con grandes recursos estratégicos, como es el abundante petróleo de Venezuela, están siempre en la mira. Lo que además se juega es el presente y el futuro de los experimentos pos-neoliberales, soberanistas y de mayorías populares en nuestra región, y que la caída de la experiencia chavista no traerá más democracia a Venezuela sino un regreso al país oligárquico bajo control de Estados Unidos que era antes de la llegada de Hugo Chavez. Por otra parte, las estrategias de desinformación y construcción de relatos, junto a acciones de desestabilización violenta y guerra económica, polarización social y presión exterior, forman parte de una estrategia de guerra híbrida que ya se ha usado en Venezuela y en muchos otros países y contra gobiernos que no responden a los intereses hegemónicos, en general con consecuencias desastrosas para esas naciones, y que por tanto no se puede participar ingenua y funcionalmente en el marco de ese guión.

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