Si bien la actualidad está signada por la polÃtica de alineamiento automático del gobierno de Milei con Estados Unidos, lo cierto es que la tensión en torno a la relación que Argentina deberÃa tener con el gigante asiático no desaparece. |
El lugar de China en el presente y el futuro de Argentina genera tensiones y debates en todo el arco polÃtico e ideológico. En este artÃculo discutimos cuatro miradas sobre la relación con China.
1- Anti China
En Argentina ésta posición es sostenida por los sectores de la derecha polÃtica que promueven un alineamiento automático a Estados Unidos, donde el centinela del norte desea que Argentina se embarque en una nueva guerra frÃa del lado de "Occidente".
Bajo ese paraguas, se agita la amenaza China igual que en tiempos de la Guerra FrÃa se agitaba la amenaza del comunismo. Detrás de este alineamiento hay una larga historia de occidentalismo cultural y el ejercicio de la Doctrina Monroe.
Esta postura es la del actual Gobierno de Milei, que promueve una especie de cruzada, de sobreactuación periférica, simultánea a un alineamiento grotesco a Israel y los intereses de la OTAN. Esta polÃtica rechaza la transición multipolar que está en marcha y reclama la vuelta del "viejo mundo" conducido por el Consenso de Washington y el unipolarismo geopolÃtico.
En ese marco, el Gobierno de Milei rechazó integrarse a los BRICS. Esto también obedece a la disputa de EEUU contra China por las zonas de influencias y los recursos estratégicos que tiene nuestro paÃs como por ejemplo; el litio, minerales raros, Vaca Muerta, alimentos, agua dulce, riquezas marÃtimas y la zona del Atlántico Sur. Esta mirada podemos caracterizarla como "Anti China" y se encuentra en ascenso.
2- Desconfianza periférica
Una segunda mirada que se empieza a perfilar es la de una especie de neo tercerismo. Ni yanquis ni chinos. Aquà se alinean múltiples sectores. Neoperonistas, algunos sectores del progresismo, sectores socialdemócratas y la izquierda.
Si en un rincón se sostiene una teorÃa de "los dos imperialismos", en otra esquina se confunden los conceptos de tercera posición, neutralismo y no alineamiento, sin diferenciación y de forma descontextualizada, como parte de una "tradición polÃtica" que deberÃamos desempolvar, aceptando el escenario tipo "Guerra FrÃa" como propone Estados Unidos.
En algunos casos, se habla de una necesaria "equidistancia". En otros, simplemente prima un fuerte occidentalismo. No escapa a esta perspectiva la idea de que es posible una unidad latinoamericana sin darle importancia a la transición multipolar o incluso como forma de "equilibrio" ante "ambos polos".
Esta segunda mirada, si bien propia de un conjunto heterogéneo, podemos caracterizarla como "desconfianza periférica" y también se encuentra en ascenso. En gran medida, es producto de la derrota polÃtica y la presión gravitatoria de Estados Unidos sobre la Argentina.
3- Realismo periférico
Una tercera mirada serÃa la un nuevo "realismo periférico". Aquella elaboración teórica, en tiempos de Menem, que justificó el alineamiento automático a Estados Unidos al final de la Guerra FrÃa, en el marco del triunfo del capitalismo occidental y el unipolarismo de Washington.
Esta teorÃa sostenÃa que por una cuestión de costos y beneficios habÃa que alinearse con la potencia dominante y el conjunto de sus regÃmenes internacionales, y que no hacerlo traerÃa altos costos innecesarios para una nación débil.
Hoy, esta misma elaboración podrÃa justificar un alineamiento con China, fortalecido por la complementariedad económica y la importancia decisiva de ésta superpotencia en nuestro comercio internacional e inversiones, y por el no auge de PekÃn a nivel global. SerÃa una especie de regreso a la integración dependiente en tiempos de la hegemonÃa británica.
Juan Carlos Puig, el teórico de la autonomÃa heterodoxa, llamaba a esta orientación, como "dependencia racional". Una especie de integración dependiente en la división internacional del trabajo con un proyecto de desarrollo nacional. Un alineamiento dependiente y conveniente. Esta polÃtica todavÃa choca con unas élites económicas y una clase polÃtica demasiado occidentalistas, además de la dependencia del dólar.
4- Nacionalismo multipolar
Finalmente existe una cuarta mirada. Esta perspectiva rechaza la lógica de guerra frÃa, no piensa en "dos polos" sino en una transición multipolar, más allá de asimetrÃas.
Esa transición se entiende como un desplazamiento geopolÃtico hacia oriente, encabezada por los BRICS con China en el centro (nuestro 2do socio comercial), que además integra Brasil (nuestro principal socio comercial) y la India (nuestro 4to socio comercial). Y que el BRICS ampliado abre una ventana de oportunidad histórica.
Esta orientación es fuertemente crÃtica de los diversos "occidentalismos" que cimientan tanto la posición "anti China" como la actual "desconfianza periférica" en lo nacional popular. Advierte, al mismo tiempo, de la confusión en la que cae un neo-tercerismo fuera de contexto.
Sostiene que es posible y necesario desarrollar la triada simultánea de interés nacional, integración latinoamericana y multipolarismo junto a los BRICS. Y que sólo de esa manera es posible un proyecto de desarrollo nacional a largo plazo, de un paÃs intermedio y rico en recursos, en este mundo interdependiente y en transición. A esta cuarta posición la denominamos como "nacionalismo multipolar".
Una tensión abierta
Si bien la actualidad está signada por la polÃtica de alineamiento automático del gobierno de Milei con Estados Unidos, lo cierto es que la tensión en torno a la relación que Argentina deberÃa tener con el gigante asiático no desaparece, y seguirá siendo parte central del debate polÃtico en nuestro paÃs por mucho tiempo.
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