Editorial
La tribunización del debate público
Por Javier Correa
Un Gobierno elegido por los enojados, coopera para enojar a los de enfrente. La conversación se baña en emocionalidad negativa y el estado del debate público se pauperiza. Un país sin lugar para los neutros.

El estado de oposición simétrica en la Argentina es total. No hablamos de la clásica grieta entre peronismo y no peronismo, aún vigente. Nos referimos al estado emocional en el que los actores de la conversación pública se encuentran. No es la futbolización de la política, sino un estadio de involución, que es la tribunización del debate público.

En noviembre pasado, un estudio de Pulsar, el observatorio investigación de la UBA, realizó un estudio que reflejó está oposición simétrica. Votantes de LLA y de UxP debían reaccionar en tiempo real al debate entre Milei y Massa. El registro, que se realizó mediante una app, devolvió una imagen en espejo. Si bien ambos grupos reaccionaban a los mismos segmentos, lo hacían en sentido idénticamente opuesto. La imagen es un electrocardiograma de la polarización perfecta.

La tribunización del debate público

Aresco realizó otro estudio en abril. En la investigación se indaga sobre la cercanía política de los ciudadanos. La suma entre quienes se declaran cercanos a la Libertad Avanza y al PRO llega al 33,5 %. Del otro lado, si unimos al peronismo no K, y al kirchnerismo (esto requiere de algún esfuerzo de imaginación) llegamos al 34,2 %. Otra vez, esto es palo a palo.

En este contexto de vigente polarización, ¿qué es lo que hace la disrupción como sistema de Gobierno? En términos políticos, económicos y comunicacionales, el Presidente prefiere el impacto a los procesos. ¿Cómo afecta este modelo de conducción en la emocionalidad de los actores que intervienen en la conversación pública?

En el sistema político argentino irrumpió un espacio con tracción a disrupción que expuso a flor de piel el hartazgo y el enojo. Llegó, impactó, representó y ganó. Gritar e insultar se convirtió en algo más sofisticado que un berrinche: además de una herramienta incapaz de pasar desapercibida en medios y en redes, es un arma de representación. La disrupción es profundamente necesaria para representar el cambio y para pujar con éxito por la agenda. En medio de un ajuste, perder el control de la conversación pública es quedar a la deriva.

Esta constante disrupción activó aún más la emocionalidad. No solo crece la frecuencia con la cuál hablamos de política en ámbitos sociales y familiares. También empresarios, actores y periodistas hoy definen sus posiciones políticas con mayor nitidez que hace una década. La ecuanimidad con la que los presentadores de noticias afrontaban la cámara ya no hace falta. Cada medio tiene una tribuna que atender.

Nos distanciamos más porque aumenta el maniqueísmo. Nos separan más las identidades que los temas. Somos más emocionales justamente por eso. Es lo que somos y lo que no queremos ser. La animadversión con el otro a la orden del día. Y nadie está pudiendo parar. Se llama polarización afectiva, ya no es una posición, es una actitud.

Esta fuerza centrífuga de la polarización nos expulsa a los extremos. La política tradicional se parte. Peronistas, radicales y dirigentes del PRO se dividen para ocupar distintas tribunas. Larreta, Patricia y Macri no están en el mismo equipo. Kicillof, Massa y Cristina ¿lo seguirán estando? De Loredo, Lousteau y Manes, ¿alguna vez lo estarán? Se pierde la capacidad de moderación. En el medio de un River vs Boca, ¿quién quiere escuchar sensatez?

Así estamos, en la tribuna. Estamos en estado emocional, donde muere lo racional. No solo somos la persona en bruto, sino que somos brutos. Las formas son el fondo. No es solo una cuestión estética, sino más bien operativa. ¿Qué podemos lograr con gritos, insultos y sin datos?

El Gobierno propone la intensificación de las identidades. Dirigentes, periodistas, consultores y empresarios caen en la tentación. ¿Qué nos pasa en una tribuna?

- El dato desaparece. Solo queremos tener razón. Torcemos la verdad para que se acomode. (Cantarle a Brasil que somos su papá no se ajusta a los datos, pero shhhh)

- El que grita más tiene razón.

- Queremos que gane nuestro equipo, pero con la misma intensidad queremos que pierda el equipo opuesto.

- La posición es estática. No nos movemos. No tenemos ninguna intención de acercar posiciones, más bien queremos resaltar diferencias.

- En la tribuna el otro es enemigo. Es un objeto al que se hace referencia solo para insultar o amenazar.

- No hay juez. Los medios dejaron esa posición para alimentar las tribunas. Ocupan posiciones demarcadas y representan una parte cada vez más de nicho.

- Están todos invitados al espectáculo, pero hay que elegir una tribuna. El agnóstico será ignorado por ambos lados.

Un país sin neutros

El Gobierno está cómodo. Milei alimenta fanatismos y exacerba esta tribunización en la conversación pública. En este palo a palo con la oposición tiene enormes ventajas. Una oposición que aún debe lidiar con discusiones internas, generar un contenido actualizado y definir un liderazgo. Una pavada.

Hasta La Cámpora luce invertebrada a pesar de la vigente actividad política de Cristina, o gracias a eso. Lejos de poder construir, su presencia evitará la verdadera renovación. No hay ejemplos en la política en la que una figura relevante, con votos y con posibilidades de competir permita el crecimiento de otra figura en el mismo espacio. No hay, no existe. Pregúntele a Larreta o a Patricia, algo de esto saben.

Pero este confort del Gobierno encierra una trampa. La política es una actividad tan propensa al fracaso que el mayor éxito posible es solo obtener resultados moderados. La sociedad espera soluciones que la política no puede dar en soledad. Le damos la responsabilidad a los funcionarios negando la que tienen los demás actores de poder. Medios, empresarios y la justicia ríen de costado.

El Gobierno alimenta esta expectativa salvadora. Nunca salió bien, pero la tentación parece inevitable. A su vez, estimula a su propia feligresía que crece en número y en intensidad. Los de Macri ya son suyos y cada vez más intensos, así lo demuestran varios estudios. Pero un tango no se baila solo. También crece la intensidad de la oposición. El periodista Pablo Ibañez publicó un estudio de Hugo Haime. En esa investigación la imagen positiva de Milei se mantiene alta, pero desaparece el Ns/Nc y aumenta 13 puntos la imagen negativa. Milei es el punto de referencia total en la Argentina en donde ya no cabe la neutralidad.

No hay peor idea que insuflarle coraje al enemigo. El Gobierno le pone el primer condimento al menú opositor. Que haya gente enojada, pero del otro lado. La crisis del campo en 2008 fue el error del kirchnerismo. Permitió que se coordine una oposición política, mediática, ideológica y económica. Campo, movilización en territorio, Clarín y antiperonismo. Fue un montón.

Un Gobierno cómodo, con una oposición incómoda y una tendencia a la emocionalidad a flor de piel que crece en ambas orillas. A falta de liderazgo apareció una causa. La Marcha Universitaria podrá ser un evento más, o no. Lo que vamos a ver en el próximo mes es si los tiempos de cooperación parecen estar terminando, sin haber sido aprovechados. O si la nueva dinámica política cambia de látigo y billetera a más látigo, trolleo en redes y algo de negociación. En campo arado, quizás con eso alcanza.

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