Donald Trump tiene la obsesión de reindustrializar Estados Unidos, una misión que el lÃder republicano encabezó durante su primer mandato como parte de volver a activar a los estados del llamado cinturón del oxido que sufrieron el proceso de deslocalización de empresas de los últimos 30 años en Estados Unidos.
El ejemplo más contundente de este proceso es el que se está llevando a acabo en Phoenix (Arizona), con una media fabrica de chips que tiene una construcción de dos veces y media más grande que el Central Park de Nueva York.
El Wall Street Journal publicó un detallado artÃculo en el que destaca que el mayor cliente de la planta es Apple, que está utilizando su enorme poder adquisitivo para impulsar la producción estadounidense de chips.
La compañÃa busca diversificar su cadena de suministro, obtener exenciones arancelarias y responder al llamado de dos presidentes para ayudar a Estados Unidos a reducir su dependencia de proveedores extranjeros para la tecnologÃa fundamental de la economÃa moderna.
La empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC) es quien está construyendo la planta y en sociedad con Apple planea invertir 165 000 millones de dólares en la construcción de seis plantas de chips, entre otras, lo que la convierte en uno de los proyectos de construcción más grandes de Estados Unidos.
En ese sentido, Apple se comprometió a invertir 600 000 millones de dólares en Estados Unidos durante un perÃodo de cuatro años y gran parte de ese gasto no está relacionado con la fabricación sino que incluye todo el gasto en Estados Unidos, incluidos los salarios de decenas de miles de los empleados y personal de tiendas. Sin embargo, el compromiso también incluye los más de 100 millones de chips que Apple planea comprar a TSMC Arizona este año.
Apple está desarrollando una inversión en otro estados del paÃs del norte que lo vuelve el motor de este proceso de industrialización. Está destinando miles de millones a proveedores que fabrican vidrio para dispositivos en Kentucky, reciclan imanes de tierras raras en California y fabrican componentes de silicio en Texas. A su vez, una planta de servidores de IA gestionada por Foxconn comenzará a fabricar la Mac Mini, según informaron ejecutivos de la compañÃa.
Pero este proceso carga con una tensión para nada menor que es la geopolÃtica. La fabricación de los chips y la reconstrucción de la cadena de suministros de semiconductores en Estados Unidos es parte de una disputa estratégica entre Estados Unidos y China.
Taiwan es donde se fabrican el 90 por ciento de los chips y Trump viene presionando a Silicon Valley para que deje de depender de Taipei. Esta ofensiva tiene dos motivos: la estrategia unilateral, nativista y americanista del lÃder MAGA y lo que todos consideran como una inminente invasión China para 2030.
"La mayor amenaza para la economÃa mundial, el mayor punto único de falla, es que el 97 por ciento de los chips de gama alta se fabrican en Taiwán", dijo el mes pasado el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, exagerando ligeramente los cálculos del sector. "Si esa isla fuera bloqueada, si esa capacidad fuera destruida, serÃa un apocalipsis económico".
Esto coincide con los dichos del propio Trump cinco dÃas atrás que acusó a la isla de "robarle el lucrativo negocio de los chips a Estados Unidos. "Taiwán llegó, robaron nuestro negocio de los chips", dijo.
Los chips son estratégicos porque se encuentran en todo tipo de productos, desde misiles y aviones de combate hasta teléfonos inteligentes, servidores de IA, electrodomésticos y juguetes eléctricos.
Para Trump, la defensa de Taiwan es una agenda de los Demócratas y por eso los culpa de las dificultades que los estadounidenses tuvieron para comprar coches nuevos durante la pandemia de COVID-19 debido, a las interrupciones en el suministro de chips.
Cabe recordar que el presidente del comité de Relaciones Exteriores y Defensa del Congreso taiwanés, Wang Ting-Yu, habló en exclusivo con LPO en octubre del año pasado y dijo que "no podemos predecir cuándo comenzará la guerra, pero Xi Jinping necesita un hito histórico".
En ese reportaje, el funcionario taiwanés afirmó como fecha posible el año 2027, que es el centenario del Ejército Popular de Liberación pero algunos hablan que para 2049 (centenario de la revolución maoÃsta) el territorio chino deberÃa estar unificado.
Estos argumentos y otros como que la isla es propensa a terremotos o enfrentarse a aranceles elevados son suficientes para que Estados Unidos empiece a pensar un plan alternativo.
"China se está preparando para invadir Taiwán, pero va a fracasar"
El WSJ afirma que una de las beneficiadas del poder de Apple en la cadena de suministro es GlobalWafers, una empresa taiwanesa que transforma silicio bruto en obleas en blanco que empresas como TSMC moldean con billones de transistores para convertirlas en chips. El año pasado, GlobalWafers inauguró una nueva planta en Sherman, Texas.
Con todo esto, la planta de TSMC en Arizona se convertirá en una ciudad empresarial de más de 800 hectáreas. Una fábrica ya está construida y produce chips, una segunda entrará en funcionamiento el próximo año y una tercera para 2030. Se planean tres más después.
La sociedad de Taiwan con Apple en este proceso notable de desarrollo industrial en Estados Unidos no necesariamente va a terminar con una apropiación total del territorio por parte de China, pero se especula con que la transición y la eventual renegociación de contratos puede poner al mundo en un escenario de gran crisis global.
Todo también marca un fuerte contraste entre el industrialismo de Trump y el modelo de Milei en Argentina. En este marco, el economista y director de Epyca Consultores, MartÃn Kalos, dijo que "Trump se caracteriza por ser más nacionalista que Milei, lo cual es evidente en su perfil de polÃtica industrial. La polÃtica industrial de Trump incluye la promoción activa del 'reshoring' (reinstalación de empresas en EE. UU.) y revertir la deslocalización ocurrida desde los 80 hasta 2015".
"El nacionalismo de Trump se manifiesta fuertemente en su polÃtica arancelaria, la cual fue una herramienta en su primer mandato, pero será mucho más preponderante y agresiva en su segundo mandato", agregó.
Kalos remarcó que "la polÃtica de Milei es anarcocapitalista y explÃcitamente antiindustrial, a diferencia de la polÃtica industrial que abraza Trump.Existe una renuncia explÃcita en Argentina a implementar polÃtica industrial, de desarrollo o productiva bajo su gestión. Se han eliminado polÃticas de fomento a la producción e implementado medidas que van en contra de la diversificación productiva existente".
"A pesar del discurso desregulador, se han puesto trabas claras a las PYMES argentinas. El gobierno celebra la estabilización macroeconómica y la reducción de precios, pero ignora que la producción está estancada", apuntó.
El economista sostuvo que "el crecimiento económico de 2025 es anómalo: es la primera vez en la historia registrada que la economÃa argentina crece mientras destruye puestos de trabajo privados registrados. En resumen, la polÃtica de Milei es antiindustrial y antiproductiva, siendo más liberal que nacionalista".
Por último, Martin Kalos advierte que "la pérdida de diversificación productiva en Argentina (industria, servicios de alto valor agregado y tecnologÃa) conlleva la pérdida de empleos complejos y capacidad de exportación. El riesgo inmediato no es solo el aumento de la pobreza medida actualmente (reducida por la baja de inflación), sino una pobreza estructural más grande y difÃcil de reducir a mediano plazo".
"La falta de industria generará que, en futuros ciclos de crecimiento robusto, Argentina vuelva a caer en problemas de aumento de importaciones que no puede pagar, un problema histórico. El paÃs se dirige hacia una reprimarización de la economÃa y destrucción del entramado productivo (especialmente PYMEs), aumentando la vulnerabilidad a shocks externos, aunque actualmente esté moderada por apoyo externo y disciplina fiscal", concluyó.
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