Argentina
A la hora señalada
By Ignacio Fidanza
El peronismo de centro cree que la ofensiva de Cristina, colocó a la presidencia de Alberto ante una disyuntiva histórica: la oportunidad de independizarse de su vicepresidenta.

 La crisis se detuvo un segundo antes del desenlace. Cristina le envió un mensaje a Guzmán aclarándole que no pedía su renuncia, que lo que salía en los medios era "todo mentira" y dejó flotando en el aire el final del movimiento que puso en marcha cuando Wado de Pedro inició la renuncia masiva de sus funcionarios.

Alberto entendió en un segundo la magnitud del desafío y convocó a una cumbre a su más cercanos. La Casa Rosada se convirtió en el epicentro de un movimiento de resistencia que buscó poner en blanco sobre negro quienes se alineaban con el Presidente. No fue un respaldo atronador, pero con el paso de las horas creció en peso político. Pasó de los ministros albertistas, a algunos intendentes del Conurbano, para terminar con un respaldo la CGT y del gobernador de Tucumán, Juan Manzur. Detrás de él varios, como el sanjuanino Sergio Uñac -que le rechazó una propuesta de integrarse al gabinete-, le manifestaron de manera privada su apoyo.

Y en ese momento las cosas se pusieron interesantes de verdad. Un núcleo duro del gabinete -Cafiero, Kulfas, Moroni- creen que Alberto tiene una oportunidad histórica para retomar esa promesa de un gobierno peronista de centro. Un programa que ofreció en 2019 y se fue desdibujando.

La intervención

Por eso, Guzmán fue el epicentro de la crisis y por eso Cristina entendió bien que la manera de ponerle una pausa era volviendo a él. Un dato confirma la centralidad de la discusión económica en la crisis en curso. El detonante del conflicto que activó la derrota electoral, fue el Presupuesto que el ministro intentó presentar el martes por la noche. En ese momento el kirchnerismo tuvo claro que el ajuste del primer semestre al que atribuyen la masiva pérdida de votos, iba a continuar.

Alberto frenó el envío de la ley, Massa visitó de urgencia la Casa Rosada y en ese instante se encendió la reacción que Wado desencadenó. Frente a esto el primer reflejo de Alberto fue mostrarse con su ministro, que en un mensaje directo a Cristina, defendió su Presupuesto y el acuerdo con el FMI. Son las dos caras de un programa de cierta racionalidad fiscal, que Cristina entiende pueden llevar al peronismo a perder el poder en el 2023. Y visto lo que ocurrió en las primarias, no es un argumento menor.

Un núcleo duro del gabinete -Cafiero, Kulfas, Moroni- creen que Alberto tiene una oportunidad histórica para retomar esa promesa de un gobierno peronista de centro, con seriedad fiscal. Un programa que ofreció en 2019 y se fue desdibujando.

Ahora, la manera y el momento elegido por la vicepresidenta para manifestar su incomodidad no parecen muy ponderados. Como si esta vez la ansiedad le hubiera ganado a su inteligencia política. El mensaje a Guzmán parece indicar el intento por corregir algo que no salió como se esperaba.

En el otro extremo de la Avenida de Mayo se dieron cuenta. Sobre el filo del día más largo de la Presidencia de Alberto, un Guzmán empoderado finalmente presentó su Presupuesto, que mantiene cierta racionalidad fiscal y hasta se propone reducir la emisión a la mitad. Es todo lo contrario de lo que reclaman los sectores vinculados al Instituto Patria.

En esas mismas horas de tensión, el Movimiento Evita, que es la organización de movilización popular del Presidente, convocó a una marcha a la Plaza de Mayo para respaldarlo. Los dos hechos que parecen tan distantes, tienen una matriz común: la voluntad del albertismo de dar pelea. ¿Es la voluntad de Alberto?

En esta columna ya se había comentado antes de las elecciones, que en la Casa Rosada consideraban que después de las primarias el Presidente tenía que poner en marcha su reelección y más importante, marcar un límite a la injerencia de Cristina. Pero dudaban de la voluntad de pelea de su jefe.

La novedad, porque en la Argentina siempre hay novedades, es que ese escenario que se imaginaba consecuencia de una victoria electoral, ahora se desencadenó por una ofensiva del kirchnerismo, producto de una derrota en la que consideran son los que más tienen para perder. Parece muy distinto, pero lo esencial no cambia mirado desde el poder. Como tampoco cambian los riesgos que contiene esa pulseada de final abierto.

El más evidente es la insinuación de una ruptura del instrumento Frente de Todos, que acaso comenzó este miércoles cuando en el pico de la crisis los tres líderes fundadores de la coalición -Massa, Cristina y Alberto- concentraron a los suyos por separado. Ahí quedó en evidencia la naturaleza esencial del artefacto político, más un lugar de encuentro interesado que un ejército cohesionado.

Por eso, para los sectores del peronismo de centro que acompañaron a Alberto, entusiasmados con la idea del inicio de un proceso que vaya dejando la centralidad de Cristina atrás, la situación es inmejorable. El Presidente puede presentarse como una víctima y marcar una distancia con su vice, que no sea leída como una traición. Le están pidiendo de mil maneras distintas que lo haga. Todavía no contestó y es razonable que se tome su tiempo, pero la historia le abrió una ventana para reinventarse, justo cuando parecía que estaba en su peor momento.

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