Editorial
La Inteligencia en el Estado debe ser jerarquizada
Por Horacio Lenz
La actual crisis política derivada de las denuncias de espionaje entre funcionarios pone en evidencia, una vez más, la ausencia de orientación política que padece el sistema institucional de inteligencia.

En un contexto global de rivalidades crecientes y disputas geopolíticas entre grandes naciones, el rol de los servicios de inteligencia se torna cada vez más relevante. Informar y enriquecer la comprensión de las autoridades sobre asuntos de naturaleza estratégica y desarrollar un enfoque de anticipación que permita detectar riesgos emergentes e identificar las oportunidades del entorno constituyen objetivos esenciales a los que la inteligencia contribuye.

Ninguna nación ha renunciado a disponer de un servicio de inteligencia profesional y eficaz para alcanzar sus objetivos estratégicos y conducir sus políticas de un modo apropiado.

El nuevo escenario global impone superar la actual fase de desorientación estratégica que, en los últimos años, ha sido la característica más saliente de la inteligencia argentina.

Hasta la aparición del escándalo de denuncias cruzadas entre funcionarios de su propio gobierno por supuestas actividades de espionaje, la inteligencia nacional permaneció fuera de la agenda del gobierno. El desinterés del presidente por la cuestión lo condujo a colocar a la Agencia Federal, vértice de todo el sistema institucional de inteligencia, bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete de Ministros, a contramano de lo que la experiencia y la práctica en la materia aconseja. La Inteligencia integrada (Ii) es un instrumentos del Estado que debería abarcar el interés de todas las áreas de la administración, pero sin llegar a tal desarrollo por lo menos debería ser una herramienta que respalde la política internacional, la defensa, las infraestructuras criticas y los resortes estratégicos de la economía. Solo por estas razones debe depender directamente del Presidente de la Nación.

La actual crisis política derivada de las denuncias de espionaje entre funcionarios pone en evidencia, una vez más, la ausencia de orientación política que padece el sistema institucional de inteligencia, situación no atribuible en exclusiva a la actual administración pues, como indicamos, se remonta a los orígenes de nuestra aún joven democracia. Existe una inclinación más al espionaje con sentido coercitivo que a desarrollar la inteligencia con objetivos estratégicos cumpliendo los ciclos de su desarrollo.

Una de las consecuencias de dicha crisis es el retorno de la Agencia Federal a la órbita directa de la oficina presidencial y la designación de un nuevo interventor. Conviene recordar que el organismo permanece intervenido - instituto de excepción - desde finales de 2019; clara manifestación de la etapa de anomalía por la cual atraviesa todo el sistema.

Ahora bien, pretender resolver una crisis política derivada de la ausencia de conducción y, por ende, de orientación de todo el esfuerzo del sistema de inteligencia, con una simple modificación del organigrama conduce a profundizar aún más el problema.

Los sucesivos intentos de reformar el sistema de inteligencia a lo largo del tiempo han girado en torno a una idea que pone el énfasis y la prioridad sobre los aspectos de índole organizativos, dejando de lado y omitiendo aquello que resulta más significativo en toda reforma: la ejecución de un proceso basado en directrices de orden político, derivadas de una correcta apreciación de nuestros intereses, del escenario internacional y de la posición de Argentina en ese escenario. El contexto político nacional e internacional define el rol ejecutivo que debe tener la inteligencia nacional. Este concepto es difícil de materializar producto de la escasez de lineamientos políticos estratégicos que definen este gobierno. Su política nacional carece de territorialidad y su política internacional, hasta hoy, son solo (sin)razones de caracter personal sin la consideración mínima del interés nacional. Los conflictos en materia diplomática abarcan un conjunto de países que van desde los sudamericanos, EEUU, europeos y asiáticos. El Presidente ha manifestado públicamente que no cree en el Estado, llegando incluso a afirmar que se encuentra a gusto con la tarea de destruirlo desde adentro. ¿Cómo se puede conducir entonces una política de inteligencia nacional desde estas premisas básicas? ¿Puede creer, entoces, en desarrollar una labor sistemática de inteligencia, integrando información desde todas las áreas del Estado, y articulando los esfuerzos operacionales que la tarea requiere? Cuál es el rol que le adjudica a la Agencia un Presidente que piensa que el estado es el verdadero problema?

Frente a este novedoso panorama, podría llegar pensarse que su gobierno hará un uso instrumental de los recursos presupuestarios de los que dispone para procurar la aprobación de sus iniciativas, apropiándose de fondos de uso reservado para objetivos que no tienen ninguna vinculación con las actividades de inteligencia. Las viejas "efectividades conducentes" de la política clásica ?.

Plantear como respuesta que la solución en materia de inteligencia es ir a un modelo administrativo que fragmenta, dispersa y centrífuga el esfuerzo en lugar de concentrarlo es contradictorio con el impulso centrípeto que requiere la inteligencia para alcanzar los objetivos definidos de modo oportuno y eficaz. En el actual contexto, fragmentar y subdividir el sistema podría responder también a cierta necesidad política del gobierno vinculada a recompensar a los diversos grupos políticos que coexisten, de manera inestable, en su interior.

En cambio, el objetivo debería ser reunir información, lograr que ese esfuerzo de recopilación informativa tribute en un solo lugar, disponer de especialistas y herramientas que permitan analizarla sin sesgo de ningún tipo, y comunicarla en oportunidad a las autoridades de gobierno que la requirieron. Todo ese esfuerzo de inteligencia debe dirigirse, sin excepción, a procurar el mayor bienestar de los argentinos.

Conviene recordar siempre que un país sin un sistema de inteligencia eficiente es un actor estatal vulnerable contra las amenazas y los riesgos presentes y futuros. La vulnerabilidad es tan importante como el ordenamientos de las cuentas publicas y es un déficit medido que impacta directamente en los actores que definen inversiones de gran escala.


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