Medio Oriente
Israel y la supervivencia estratégica
Por Horacio Lenz
La evolución del conflicto en Medio Oriente probablemente tomará el camino de una solución negociada. Pero esta no tiene posiciones equidistantes.

Israel tiene una premisa desde la declaración de la independencia el 14 de mayo de 1948: "Seremos una nación, pero siempre estaremos en guerra". Más tarde Golda Meir durante el primer gobierno de Ben Gurión, sentenció: "Poseemos una gran arma, no tenemos donde ir".

A partir de la creación de un Estado rodeado de países árabes islámicos, los diferentes gobiernos de Israel se plantearon cómo sobrevivir a ese contexto. La táctica fue siempre combinar diplomacia regional, defensa estratégica anticipada, doctrina de seguridad fuera del territorio y desarrollo económico con alta tecnología. Todas estas capacidades contribuyen a la supervivencia estratégica.

Para su continuidad como nación Israel combate en seis frentes militares siendo el más relevante el que afronta contra Irán y que concentra un total consenso interno a diferencia del de Gaza. Si centramos la mirada en Medio Oriente ampliado lo que observamos es un espacio geográfico donde se concentran cinco civilizaciones milenarias: árabes, judíos, egipcios, turcos y persas. Todos fueron anteriores a las religiosas que profesan sus pueblos, excepto Israel donde la religión es vertebradora de la cohesiòn espiritual, pero la tierra originaria, la cultura y sus lenguas (Yiddish, Hebreo y Ladino) determinaron el concepto de nación bajo el marco doctrinario del sionismo.

Cada una de las civilizaciones se conformaron, en la evolución histórica, como estados modernos. Ese desarrollo pretérito tributó en tensiones políticos-militares, de diferentes intensidades como la que se materializa hoy con la disputa intra-civilizatoria entre persas y judíos. La fase que transcurre en la actualidad es la primera de modo directo, luego de 40 años de guerra indirecta o a través de actores secundarios. En los primeros años del siglo XXI, con la caída de Saddam Hussein (Irak), occidente le despejó un enemigo a Teherán. A partir de ahí los iraníes expandieron su influencia tanto en la región caucásica como en Qatar, Líbano y Yemen. Israel a sabiendas que el conflicto con Irán era el próximo, desarrolló todas las estrategias políticas, diplomáticas y militares para afrontar el enfrentamiento con alguna superioridad estratégica. Las líneas de acción de Tel Aviv se desarrollaron a través de tres vías: 1) Acuerdos con Egipto y Jordania en los años' 80; 2) Acuerdos de Abraham (aún no concretados en su totalidad) que consisten en un reconocimiento mutuo entre Israel y las mayoría de los países árabes de la península arábiga, sobre todo Arabia Saudita -enemiga de Irán en lo histórico, lo político y religioso-; 3) El auspicio para la caída del gobierno alauita sirio de Bashar Al Asad que le dio a Israel protección en su retaguardia y una posibilidad de expandir control territorial en territorio sirio hasta el Monte Hermón controlando desde esa posición de altura los movimientos logísticos de Hezbollah en el sur del Líbano; como también una vía libre para usar la geografía siria como plataforma ejecutora de ataques aéreos a infraestructuras y activos críticos de Irán.

El terreno montañoso que rodea a Irán le da seguridad territorial, pero le impide una economía conectada. En su interior cuenta con muchos grupos minoritarios, cada uno de los cuales poseen características marcadas. Juzestán, por ejemplo situada al sudoeste, es de mayoría étnica árabe, mientras que en otros lugares encontramos a kurdos, azeríes, turcomanos y georgianos. El 55% de la población es persa y el 60% habla el farsi que es la lengua dominante.

Por esta diversidad, Irán ha tenido que centralizar el poder y emplear la fuerza para mantener la estabilidad. Mira con atención cómo las potencias hostiles procuran movilizar, para intentar que se manifieste la disidencia, poniendo en peligro la revolución islámica.

Además de lo descrito, Irán tiene limitaciones diplomáticas, económicas y en menor medida militares. Por esa razón está centrado en una opción bélica como única alternativa a través de los lanzamientos combinados de misiles balísticos y drones para impactar en centros poblacionales y afectar la moral social de la población israelí. La estrategia no resulta tan efectiva ya que se ve menguada por la eficacia del sistema de defensa antiaérea israelí. Pero en este contexto crítico, Tel Aviv cuenta con dos ventajas en el plano militar operativo: 1) Alcanzó la superioridad aérea con capacidades de penetración y escape y 2) Profesionalismo de su sistema de inteligencia, en el interior del territorio enemigo, con certeza de blancos, que pone a parte de la conducción política de Irán en situación límite de supervivencia.

La evolución del conflicto probablemente tomará el camino de una solución negociada. Pero esta no tiene posiciones equidistantes. La influencia del entorno regional ejercerá condiciones. Turquía busca acuerdo, pero seguramente querrá un Irán sin armas nucleares y sin financiamiento a los kurdos. Arabia Saudita necesita neutralizar a los hutíes en Yemen, como también la influencia iraní en Qatar. El actual gobierno sirio del presidente Ahmed al-Sharaa, islámico sunita, tiene como objetivo pacificar el país y necesita para eso una disminución de la capacidad disuasiva de Irán sobre su territorio. Para Egipto, del moderado Presidente Abdelfatah El-Sisi, las relaciones con Irán fueron ambivalentes e incluso atraviesan por un periodo de rupturas diplomáticas. Para El Cairo siempre es beneficioso despejar un obstáculo donde poder proyectarse como actor protagónico regional tanto en Medio Oriente como en África. Potencias extra regionales como Rusia, India y China tienen una mirada lateral al conflicto, pero en la espera de oportunidades para desplegar sus influencias.

Israel cuenta con una reserva estratégica de apoyo en caso de necesidad: EE.UU. Seguramente Washington y Tel Aviv están tramitando el análisis del resultado más ventajoso para ambos. A nadie le conviene un vacío de poder en Irán, tampoco un conflicto bélico prolongado. El equilibrio estará entre el modo de perpetuidad del régimen iraní y la dimensión que tendrá su desarrollo nuclear. Los conflictos regionales tienen efectos globales, pero se resuelven temporalmente a la espera que se abra el próximo en el mismo o en otro lugar. En un mundo con riesgos dispersos, Argentina debe estar atenta a toda acción que desequilibre la armoniosa convivencia regional.

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