La cumbre de Tianjin entre Rusia, India y China representó una convergencia táctica más que una alianza estratégica. |
La cumbre de Tianjin entre Rusia, India y China, realizada en agosto pasado en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái, representó una convergencia táctica más que una alianza estratégica. Hoy, podemos observar que la razón de la misma estuvo determinada por intereses particulares de cada uno, pero con el objetivo de posicionarse en una tensión de circunstancia con EEUU: a) Rusia en su planteo geopolítico en el Mar Negro y para pretender alcanzar la consideración de potencia global, b) India por diferencias en materia comercial debido al incremento de aranceles a sus exportaciones y c) China por su carrera tecnológica (semiconductores), disputa comercial y competencia de moneda.
La particularidad que tienen es que pertenecen geográficamente al continente asiático sumada la porción occidental de la Rusia europea hasta los Montes Urales. Si posamos la mirada en el conjunto del conglomerado de los tres (países) destacamos una significativa dimensión territorial, presencia demográfica, capacidad energética e industrial, desarrollo tecnológico, alto estándar militar -en lo material y en procedimientos de guerra híbrida-, exploración del espacio e influencia determinante en el comercio global. Por este conjunto de razones están en la posición de compartir, con los EEUU, el diseño del mundo para configurar una nueva geometría de poder.
Rusia tiene un extenso territorio que va del continente europeo hasta los confines del estrecho de Bering atravesando la totalidad del territorio siberiano. Es un país donde la población mayoritariamente está asentada en la parte occidental y el resto es de escasa densidad demográfica, pero que siempre operó como profundidad estratégica para la defensa, con la debilidad de ser un espacio vacío. En la fase actual Rusia pretende aumentar la soberanía e influencia sobre el Mar Negro para compartirlo solo con Turquía (su histórico adversario). Su necesidad estratégica es contar con un mar de aguas templadas que permita su uso durante todo el año. Esta es la única zona que ostenta esas características beneficiosas ya que el resto de su porción continental está rodeada de océanos y mares de aguas frías que imposibilitan el comercio fluido y una adecuada defensa naval de superficie. Con la decisión del uso de la fuerza sobre Ucrania, el objetivo de Moscú, es apoderarse de más de 3 millones de hectáreas ricas en suelo chernozem para la agricultura, incorporar una importante infraestructura industrial instalada en el oriente ucraniano y controlar los puertos del Mar Negro para la salida de su producción al Mediterráneo, estrecho de Gibraltar y canal de Suez. Si sumamos su capacidad en logística, industria metal mecánica, desarrollo biotecnológico y medios para la protección de sus intereses se transformará en un actor relevante, en el sector de los alimentos, de escala global. Seguramente, con su diplomacia sofisticada y detallista, hará valer estos activos en el escenario internacional.
India tuvo la virtud de transformar una civilización milenaria en un estado moderno. Hace tiempo que es un protagonista internacional insertándose en diferentes órdenes mundiales modelándolos y dejándose modelar a su ritmo. Con la salida del Imperio Británico, la independencia y la fundación de la república parlamentaria en 1947, Jawaharlal Nehrú y los primeros ministros subsiguientes, procedieron a fortalecer la posición de la India como parte del equilibrio mundial. Pero en los últimos 20 años comenzó a tener una mayor preeminencia transformándose en pieza angular del orden del siglo XXI. La misma es producto de condiciones naturales, pero también de un diseño estratégico de origen que comenzó a cosechar hoy lo sembrado hace más de medio siglo atrás. La ex colonia británica no sólo es relevante por su dimensión demográfica, sino por las capacidades económicas que ha construido en materia nuclear, industrial, servicios y productividad agrícola en un espacio territorial reducido por el impacto poblacional. Estas capacidades consolidadas le han permitido ocuparse últimamente de una agenda para el bienestar masivo de la población como nunca lo había hecho en su milenaria historia. Su dimensión militar la colocaron como una potencia regional en el continente con arsenal nuclear, pero además incrementó la presencia en el Océano Índico con una importante Fuerza Naval de calidad, dimensiones y capacidades operativas. En el marco extrarregional está en el curso de aumentar, de manera incipiente, su influencia en Medio Oriente, África oriental y Sudamérica.
China ingresó al siglo XX con la decisión de incorporarse al escenario de los estados modernos como sujeto protagónico. Reemplazó la dinastía Qing con la abdicación del emperador Puyi en 1911 -su último rezago medieval- y fundó la república en 1912 integrándose al concepto westfaliano y al sistema económico mundial. Constantemente estuvo en la mira del mundo en todos los periodos históricos, siendo o no un actor político de primer orden. Sus características milenarias en la filosofía, religión, su extensión territorial y la dimensión de su población son atributos que el mundo siempre contempló para su valoración. De los tres emergentes a escala global es el único en condiciones de disputarle la hegemonía a los EEUU en varios tópicos de la amplia agenda económica. Los inconvenientes estratégicos de Beijing se centran en las limitaciones para expandir su influencia más allá del Mar de la China. Para sortear este obstáculo debe ampliar la capacidad disuasiva incrementando los medios materiales en la esfera militar.
Mientras tanto los EEUU intentan multiplicar la red de cooperación para contrarrestar este despliegue, instrumentando una alianza con los países de la línea insular asiática que nace en Vietnam y culmina en la península de Corea del Sur sirviendo de barrera a la expansión china.
En la actualidad las tres potencias emergentes, constituyen junto a EEUU, el Grupo de los 4 que irán definiendo la evolución organizativa del mundo. Desde la asunción de Donald Trump, en su segundo periodo presidencial, EEUU intenta una política de refugio continental sobre su propio hemisferio de pertenencia con un replanteo en la relación con Europa occidental (OTAN), Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda. ¿De qué manera instrumentará Washington la coexistencia con Rusia, India y China? ¿Seguirá con las reacciones espasmódicas en el plano de los aranceles? ¿Continuará con su fracasada disuasión a Vladimir Putin? ¿Comprenderá que existen otros actores que actúan en la primera línea global redefiniendo su rol estratégico? Con este paréntesis en las definiciones es probable que los tres nuevos emergentes estabilicen el vínculo en el continente asiático, pero que en los frentes marítimos contemplen despliegues particulares en relación a sus objetivos. En este último plano existen intereses superpuestos que tendrán que ponerlos dentro del paraguas de la diplomacia y administrar con sensibilidad para evitar cualquier colisión entre ellos.
El nuevo planisferio muestra un ajedrez geopolítico donde las alianzas se construyen en agendas particulares. La ideología, el comercio o las capacidades disuasivas no son determinantes de manera conjunta, sí, cada una de ellas en relación a los intereses. Por lo tanto, lo que hoy se materializa como una convergencia tripartita tiene un final abierto en las derivaciones futuras. Si EEUU insiste en el repliegue sobre sí mismo, renunciando a sus influencias globales, es probable que el tridente euroasiático evolucione en una alianza más sólida y en otro eje de la gobernanza global.
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