Merz posiciona a Alemania como un actor protagónico en Europa, lo que podría influir en la futura determinación de la alianza atlántica |
Con la derrota en la Segunda Guerra Mundial, Alemania quedó reducida a la nada en todas sus capacidades. Pero luego de este acontecimiento, con la instauración de la paz, comenzó una nueva disputa: La Guerra Fría. El cambio de la historia fue notable. Los EEUU y Europa Occidental materializaron una alianza en el campo político, económico y militar. El espacio geográfico alemán no podía quedar aislado y sometido al desmembramiento territorial, a ser solo un territorio agrícola o al control Soviético. Desde lo económico venían de una importante tradición industrial y en lo militar ocupaban un espacio estratégico de absoluta relevancia. Por esta razón fue necesario mantener a Alemania como una nación unida e incorporarla a los planes de ayuda económica (Plan Marshall) para su reconstrucción y más tarde integrarla al sistema de defensa del Atlántico Norte (OTAN). El 12 de noviembre de 1955 se fundó el ejército de la República Federal Alemana (Bundeswehr) y de inmediato fue miembro pleno de la defensa occidental. Con el transcurrir de la posguerra -tanto en periodo de la Guerra Fría, como en caída del muro de Berlín y el proceso de la unificación alemana- la política internacional, se caracterizó por un formato diplomático definido por Henrry Kissinger como de "concesión administrada" que incluía la integración, la responsabilidad y la cooperación. Este marco político fue inaugurado en el primer gobierno de Konrad Adenauer siendo continuado por el resto de los gobiernos hasta nuestros días.
Pero con el reciente repliegue de los EEUU hacia sus fronteras (mas retórico que real) y la guerra por el control del Mar Negro entre Ucrania-Rusia se produjo un cambio en el rol de Alemania en los últimos tres años en materia militar.
En ese contexto el gobierno socialdemócrata (SPD) de Olaf Scholz (2021-25) tomó la decisión de consolidar la alianza occidental con protagonismo en la defensa regional, previendo la posible intención rusa de proyectar fuerzas a ciertas áreas Europa: países Bálticos, Polonia y la línea física de los Cárpatos. Pero la decisión del ex-Canciller encierra otro dato que cambia un pliegue de la historia. Su visión occidentalista se asemeja a la de otro líder socialista y ex canciller alemán: Helmut Schmidt (1974-82). Ambos originarios de Hamburgo. Ciudad de doctrina socialdemócrata centrista. En contraposición, otros dos líderes y camaradas partidarios, como Willy Brandt (1969-74) y Gerhard Schroeder (1997-05), los dos originarios de Berlín y Hannover-centro y este de Alemania- tuvieron una política aperturista a Europa Oriental y Rusia. De la misma manera Angela Merkel (2005-21) que desarrolló su vida en Templin y Leipzig (territorio de Prusia) y como gobernante consolidó la relación energética estratégica con Moscú que hoy está sometida a debate sobre lo procedente de la decisión. Los tres pertenecían a partidos políticos diferentes, pero coincidieron con las mismas miradas de sintonía geográfica. No es así con el actual Canciller Friedrich Merz (CDU-CSU) y su actual Ministro de Defensa, Boris Pistorius (SPD), que orientaron a Alemania a una construcción de confianza con occidente (Francia y Gran Bretaña). Los dos provienen de Brilon y Osnabrück respectivamente, el oeste alemán. Ante el detalle del origen de los nombrados es oportuno preguntarse si el desarrollo de la vida y las pautas de la cultura pueden condicionar e impactar en la visión política de los decisores. En los casos nombrados muestran no sólo las pertenencias geográficas, sino también las tensiones existentes entre las regiones alemanas donde cada una contiene miradas propias, pero a la vez bicéfalas.
La puja entre la Alemania Occidental, de centro en la cuenca del Rhin y la Alemania Oriental, guiada por el espíritu prusiano, son partes de la tensión que existe entre territorios donde se dibujan los desequilibrios en la historia, el desarrollo y el bienestar. El primero orientado a tener una relación de cercanía en lo político-económico con el occidente europeo y el segundo, con mirada benevolente de proximidad con la cultura eslava.
El actual canciller conservador, Friedrich Merz, no dudó en posicionar a Alemania en la alianza occidental, concentrando el poder en el centro del continente junto a Francia y dando una fuerte señal de concordia política europea que elimine cualquier duda de inestabilidad continental despejando de la memoria un tiempo pasado doloroso. Además, está expandiendo un acuerdo de desarrollo de armas con Gran Bretaña, respaldando a Polonia y ampliando el despliegue de la defensa continental hasta el Mediterráneo cuyo espacio no solo centra la disputa posible con el islamismo radical del norte de África, sino que también es un espacio donde Rusia y Turquía proyectan sus capacidades militares asentadas en la anárquica Libia.
Es de interés ver cómo este cambio posiciona a Alemania como un actor protagónico en Europa, lo que podría influir en la futura determinación de la alianza atlántica.
En este escenario volátil e inestable Alemania aumentó los presupuestos de defensa un 32% -tanto de material/medios e infraestructuras, capacidades estratégicas, adquisición de tecnologías avanzadas y el paso de un componente profesional a uno mixto-. La doctrina militar de la Bundeswehr (ejército alemán) se centró en la defensa colectiva y la cooperación internacional dentro del marco de la OTAN. Su enfoque ha evolucionado desde su creación, pasando de una posición defensiva durante la Guerra Fría a una más flexible que aborda amenazas actuales incorporando capacidad operacional más allá de sus fronteras. El cambio se venía materializando, pero en el último año alcanzó mayor predicamento, sobre todo por el impulso que le está dando el actual ministro de Defensa, Boris Pistorius. Hoy, el político alemán más popular.
El presente escenifica un nuevo rol de Alemania no solo en la Europa continental, sino también en la alianza atlántica y la esfera global. Se evidencia un fuerte cambio que impactará en la política internacional con un protagonismo decisorio en la defensa y seguridad europea. Las consecuencias del nuevo perfilamiento alemán sumados a una mayor autonomía europea, se verán en el tiempo.
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