Editorial
De la diplomacia retórica, a la diplomacia con instrumentos
Por Horacio Lenz
La diplomacia es una herramienta de primera instancia tanto para evitar conflictos como para encausarlos. No es su propósito usarla como instrumento de solución de errores cometidos.

La diplomacia puede ser descripta como el servicio de los Estados para sus relaciones internacionales o el conjunto de los procedimientos que regulan las relaciones entre los Estados.

Su razón filosófica es acercar los intereses de dos Estados de modo cooperativo y bilateral donde puedan conjugar sus intereses comunes en la esfera extra-regional y multilateral.

En este sentido las agendas internacionales son variadas y abarcan un arco temático que va desde el comercio, el ambiente y la defensa hasta coincidencias tácticas sobre cuestiones que representan dificultades comunes. La potencialidad de cada país determina el modo, el contenido y el carácter de la diplomacia más allá de los modos convencionales de sus formas. También es una medio que encausa conversaciones, diálogos y dinámicas vinculares, pero su dimensión depende de la relevancia de las naciones, de los intereses que defienden y de la concreción de los objetivos que persiguen.

La diplomacia es una herramienta de primera instancia tanto para evitar conflictos como para encausarlos. No es su propósito usarla como instrumento de solución de errores cometidos. Se suele apelar a la diplomacia para rearmar un marco de diálogos con otro Estado luego de haber injuriado o descalificado al interlocutor. En este caso en particular la diplomacia cumple un rol de enmendador por el uso de procedimientos inoportunos y cargados de improvisación. La descalificación publica en la política internacional paga un costo alto no dimensionado en valores económicos, pero si políticos. Para llevar adelante una política internacional adecuada, más la ejecución diplomática en sintonía con los objetivos, se debe conocer profundamente el grado de relevancia política que se tiene progresivamente en la escala de la vecindad, la región y la dimensión global. En el fortalecimiento de cada uno de estos resortes depende la densidad que tendrá el instrumento diplomático. Se suele de la diplomacia como un fin en si mismo, sin contemplar los medios que la fortalecen o la debilitan en su accionar. La diplomacia, en si misma, no define nada y carece de sentido colocarla en la plano de la escenificación de diálogos bilaterales o multilaterales donde no está en juego la discusión del poder entre naciones.

Todas la capacidades y debilidades de una nación determinarán los logros de la política en el terreno de la diplomacia. La diplomacia es un instrumento de la política internacional donde si está en juego la relación de poder entre las naciones.

Cuando la relevancia económica es importante, los factores de integración regional son solidos y las capacidades en la defensa disuaden el entorno manteniendo la paz, los instrumentos de las diplomacia estarán fortalecidos para alcanzar los lineamientos definidos en la política internacional.

En relación a los propósitos que marcamos anteriormente, nuestro país debe contemplar las fortalezas que sirvan de plataforma en la defensa de los intereses y de los objetivos propuestos.

Argentina tiene un arco de influencia en las relaciones internacionales que dependen de una serie de factores a detallar: a) Localización geográfica; b) Pertenencia regional; c) Ubicación hemisférica; d) Proyección oceánica; e) Capacidad de defensa; f) Inteligencia integrada; g) Factores culturales y; h) Comercio. Todos estos elementos podrían determinar una geopolítica auspiciosa si se llevarán adelante con un conjuntos de procedimientos adecuados que multipliquen la sinergia para ampliar todas nuestras capacidades.

Es necesario en la política internacional no obstruir a la diplomacia con acciones que atenten contra intereses propios y que dificultan la implementación de dos elementos necesarios que hacen a las relaciones exteriores: La prudencia publica y la fortaleza económica con capacidades disuasivas. Estas dos cualidades son necesarias para una diplomacia con instrumentos como son el caracter, los objetivos al largo plazo y la visibilidad internacional. Carecer de los mismos transforma a la diplomacia en un medio retórico que empaña los objetivos políticos propuestos.







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