Editorial
Pullaro y el conurbano
Por Hernan Lascano
El resultado de la elección bonaerense también tuvo efectos para el gobernador de Santa Fe.

Un resultado donde los libertarios pierden es una cosa. Una derrota por demolición es otra. Si la paliza es en un distrito chico todo se mide de un modo. Si pasa en un lugar donde viven 17 millones de personas la escuadra es otra. Por eso el impacto bonaerense lo absorbe toda la política argentina. Y en Santa Fe, donde las relaciones de Maximiliano Pullaro con el gobierno nacional han sido de una constatable ambigüedad, los efectos están por medirse.

La política de Milei castigó especialmente a la provincia de Santa Fe al reducir a cero las obras públicas, en especial para rutas por donde sale el mayor volumen productivo generador de divisas para el país, e interrumpir las transferencias automáticas de la coparticipación. Pullaro se mostró siempre adherente a la política del equilibrio fiscal, para lo cual ese escamoteo a las partidas para Santa Fe fue condición. Pero también subraya que el Estado tiene el rol fundamental y prioritario en la economía que la Casa Rosada impugna y rechaza.

Especialmente el conurbano fue afluente terminante en la victoria que el peronismo se llevó el domingo. En enero pasado Pullaro, que levanta al interior productivo como bandera de una alternativa a la economía libertaria, al desplegar un discurso público que quiere captar atención de un auditorio nacional, había dado un ejemplo muy discutible de las injusticias auténticas del centralismo. Fue cuando dijo que el campo subsidia al conurbano al que calificó como "sector improductivo".

El PJ bonaerense le respondió con un comunicado eléctrico. "El gobernador parece ignorar que Buenos Aires alberga a más del 50% de la industria manufacturera argentina y la mayoría está radicada en el conurbano. Así que de improductivo nada". El texto seguía: "Cabe preguntarse si Pullaro va a asumir sus coincidencias económicas con Javier Milei, que perjudican a diferentes sectores productivos en Santa Fe o, de no tenerlas, si actuará en tal sentido".

Pullaro y el conurbano

La realidad es que Pullaro acompañó políticamente suministrando en el Congreso casi sin excepción apoyo a las iniciativas de Milei (Ley Bases, RIGI, rechazo a comisión parlamentaria Libra) pero también ante cada visita presidencial le enrostró los estragos que su modelo produce. La última vez, en la Bolsa de Comercio de Rosario hace dos semanas, le enumeró las inversiones de la provincia para sostener con obra pública la productividad y el empleo. En el estruendo del escándalo de las coimas en la Agencia de Discapacidad le dijo también, deliberadamente corrosivo, que en Santa Fe se ahorraron 180 mil millones en medicamentos con un mecanismo de centralización de compras.

La avalancha de votos hacia Kicillof lanza mensajes múltiples al sistema político. Pullaro fue el que los leyó con mayor velocidad. Fue el primero en aludirlo en redes a dos minutos de la proyección oficial de resultados. "En las sucesivas elecciones provinciales se advierte un claro llamado de atención que el Gobierno Nacional debe atender. Sin gestión, no hay futuro. La gente no quiere más gritos, quiere hechos", escribió el gobernador santafesino. Más tarde ampliaría sus reproches al presidente con inusual dureza. "El equilibrio fiscal no se puede hacer a costa de los demás. A mí no me pagan siquiera el flujo del déficit de la Caja de Jubilaciones. Ni el kirchnerismo fue tan cruel con Santa Fe".

En ese momento su oposición en Santa Fe salió en tropel a acusarlo de oportunista, le refrescaron sus apoyos a Milei, le cobraron su ambigüedad. Claro que Pullaro podría tener su pase de facturas en las elecciones de octubre. En Santa Fe como en tantos distritos se avizora un horizonte de tercios. Para Unidos, la coalición del radicalismo oficialista santafesino junto al PRO y el socialismo, las chances de una buena elección tienen que ver con la reducción de chances de la lista libertaria, que no solamente pasa un momento de fuga a nivel nacional sino que tiene candidatos desconocidos.

Lo que ocurre es un fenómeno semejante al de provincia de Buenos Aires el domingo pasado. Y es que un peronismo que venía desunido, atravesado por deslucidas guerras internas con aspirantes de adhesión menguada y antecedido por la mediocre gestión de su último gobernador construyó en el último minuto una lista competitiva. Que llega impulsada por alguien que viene de la izquierda como Caren Tepp, de Ciudad Futura. El mismo espacio de Juan Monteverde que dentro del peronismo ganó hace dos meses las elecciones a concejal en Rosario, que es el distrito más fuerte de la provincia. Al peronismo le conviene que la disputa de votos entre el pullarismo y los libertarios sea reñida porque en esa paridad podría prevalecer.

Pullaro y el conurbano

Pero Pullaro tiene para mostrar el espacio recientemente construido por gobernadores que tiene como zona de aglutinamiento la crítica común al modelo de Milei que castiga a sectores que votaron violeta hace dos años, el levantamiento de la inversión pública, el estímulo al crédito productivo y el incentivo estatal al comercio y la industria. Con Martín Llaryora en Córdoba, Nacho Torres en Chubut, Claudio Vidal en Santa Cruz y Carlos Sadir en Jujuy formaron Provincias Unidas.

A Pullaro, que quizá sea el que mayor visibilidad tiene en ese frente, lo distingue una prédica mucho más expresiva y virulenta contra sectores del peronismo que contra los libertarios. "El kirchnerismo no vuelve nunca más", dijo la semana pasada ante un auditorio de empresarios en el Santa Fe Business Forum.

En parte de su discurso del domingo, Kicillof armó un dique en el aluvión de votos que obtuvo para contener y reprochar esas críticas. "Dejen de demonizar al peronismo", dijo. No es que le hablaba a Pullaro sino a un fondo de enunciados que le echan al PJ las culpas de todas las desgracias. Aquellas críticas de Pullaro al conurbano improductivo y sus dichos en el Business Forum son ingredientes.

Pero eso es una parte. La otra parte es también una zona de entendimientos frente a problemas comunes, un relevo posible para la experiencia de extrema derecha que se comió una paliza de un millón de votos el domingo y viene cayendo con pocas excepciones distrito a distrito. Y en el espacio de gobernadores que con sus matices cuestionan a Milei aparece una confluencia que puede tener una configuración política.

Pullaro y Kicillof están en contacto permanente y no solo porque sus provincias comparten frontera. Ambos pertenecen a una misma generación de relevo y existe una dinámica de consultas. El gobernador bonaerense le entregó al santafesino acuciado por un problema de seguridad 50 patrulleros al comienzo de su gestión. A Kicillof le interesa la percepción de Pullaro de los problemas públicos y lo escucha.

La política agropecuaria de los libertarios castiga muy duro a dos estados que tienen una fuerte productividad rural. En la provincia de Buenos Aires el peronismo arrasó en la tercera sección electoral que es el corazón justicialista del conurbano. Pero también se impuso, menos esperado, en la cuarta sección electoral donde hay 19 partidos de pleno campo y actividad rural (Bragado, Chacabuco, Junín, Pehuajó, Chivilcoy entre otros). Un espacio donde la gestión de infraestructura es completamente descuidada por el gobierno nacional. Como pasa en Santa Fe de modo calcado.

Pullaro y Kicillof están en contacto permanente y no solo porque sus provincias comparten frontera. Ambos pertenecen a una misma generación de relevo y existe una dinámica de consultas. A Kicillof le interesa la percepción de Pullaro de los problemas públicos y lo escucha

Puede haber una convergencia en términos de intereses entre lo que los gobernadores aliados en Provincias Unidas llaman el interior productivo y el conurbano. En ese ámbito cuando se cuestiona el centralismo el posible aliado es Kicillof más que un dirigente porteño. En términos electorales, más el conurbano que la ciudad de Buenos Aires.

El periodista económico de Rosario Alvaro Torriglia, sagaz analista político, indica lo que tiene para aportar este frente que surgió explícitamente para enfrentar a Milei. "Santa Fe, Córdoba, Santa Cruz, Chubut y Jujuy, los cinco distritos cuyos gobernadores crearon un nuevo bloque electoral, concentran el 22% del PBI nacional, en base el cálculo de Argendata, y el 40,5% de las exportaciones, si se sigue el último mapa de exportaciones elaborado por la Bolsa de Rosario. En el agregado, las cadenas del agro, la industria, el petróleo, la minería y la energía se integran cada vez más y presentan un entramado potente en lo económico y atractivo en lo político. Entre sus socios comerciales sobresalen EEUU, China, India y Brasil".

Pullaro ha sido un sostén en el Congreso de ese Milei al que critica por ser impulsor de un Estado desmantelado. Por eso paga costos que están en debate. Pero en su gestión económica él no hizo eso que hace Milei. Y esas distinciones un gobernante como Kicillof, mientras cuestiona a los que le pegan al peronismo por cada indicador negativo, las capta. Lo mismo que la potencia de ese macizo productivo que representa un bloque de gobernadores organizados políticamente de modo manifiesto. Para él que cree en la actividad industrial, comercial y agropecuaria más que en las finanzas.

El resultado electoral bonaerense rápidamente atrajo la atención y el pronunciamiento de todos estos gobernadores. Si reaccionaron fue porque su dimensión no podía no sacudir fuerte al escenario político argentino. El derrumbe libertario reconfigura las opciones políticas. Quizá lo que salga de acá sea una opción que enfrente por derecha a Kicillof. Pero no está descartada una interacción, una cooperación o espacios de confluencia después de que la ultraderecha volviera pensables cosas que en otras circunstancias no se podrían pensar. La ultraderecha volvió a todos adversarios en su contra.

En eso el resultado bonaerense es un reseteo total de la política. Pullaro fue confuso con los libertarios: los apoyó y se diferenció. Ganó todas las pruebas que disputó desde las primarias que lo llevaron a la Gobernación. Pero ahora tiene enfrente una oposición peronista encabezada por una candidata de izquierda, como pasó con Kicillof, en una contienda que promete ser disputada.

Hace un año Pullaro hablaba de romper desde la zona central del país -en términos de economía más que de geografía-con el ambacentrismo. Se lo decía a Milei en la cara también en la Bolsa de Comercio rosarina. "Nosotros somos los hijos del brigadier Estanislao López y de Pancho Ramírez que pelearon en Cepeda contra el centralismo porteño y lograron vencer y constituir una nación federal. El desarrollo va a venir desde el interior", les decía.

Es muy posible que lo venidero provenga del interior. Pero hubo novedades. "A la confederación urquicista de Pullaro y Llaryora el domingo les nació un Rosas", dice Torriglia, el aludido periodista rosarino. Es una broma que funciona porque tiene algo de verdad. Como lo es que entre el bloque de Provincias Unidas y el que asoma como nuevo conductor del peronismo hay una intersección política posible. Los crean los problemas comunes de todos estos gobernadores. Y la ultraderecha

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