Los procesos disciplinarios a dos jueces federales por corrupción los trasciende y desnuda una estructura judicial que les fue funcional, sin que la polÃtica la tocara. |
El trámite que termina a mitad de semana con la decisión de suspender al juez federal de Rosario, Gastón Salmain por dos casos de corrupción no empezó por las reiteradas extravagancias de su conducta como magistrado en los menos de dos años que llevaba en el cargo. Empezó cuando un medio periodÃstico, éste, publicó que habÃa llegado a juez ocultando que veinte años antes de que aprobaran su pliego lo habÃan echado como empleado de la Justicia Federal porteña por pagar una coima para direccionar un expediente hacia el juzgado donde trabajaba.
Fue una casualidad. Este medio encontró en un libro poco difundido una referencia que aludÃa a esto. El libro lleva el tÃtulo de una de las triquiñuelas usuales de la Justicia Federal, Forum Shopping, que es la de asignar destinos a los expedientes más allá de los sorteos y los turnos. En dos párrafos perdidos se indicaba que la Corte habÃa echado a un empleado que le ofreció dinero para burlar el sistema informático con un caso. Su nombre era Gastón Salmain. Este medio buscó ese expediente y lo encontró en un archivo de la Corte Suprema. Salmain no dijo nada de eso. HabÃan pasado veinte años y estaba en Rosario. Donde empezaba a insinuarse una investigación donde, ahora como magistrado, lo acusaban de pedir un soborno.
Para dejar al borde de jury al juez federal de Rosario Marcelo Bailaque, al que no le llegó esa ocasión porque Javier Milei le aceptó la renuncia antes, el Consejo de la Magistratura cuyos miembros se autocelebran sin parar tardó cuatro años. Dos fiscales habÃan denunciado al finalizar sus alegatos en 2020 contra uno de los narcos más atávicos de Rosario, Esteban Alvarado, que Bailaque habÃa dejado planchada de manera incomprensible una investigación contra él, donde abundaban las pruebas de su accionar, de sus delitos de sangre, de sus colaboradores y de su banda.
¿Por qué los consejeros se dignaron a sacar esa denuncia de su lugar? Porque dos periodistas de Rosario obtuvieron el anexo 39 de la causa en la que Alvarado fue procesado en la Justicia Federal. Allà constaba que el contador de dos empresas del narco era Gabriel Mizzau. Era el mismo que le llevaba los papeles contables al propio juez Bailaque que habÃa negado medidas esenciales para avanzar contra este lÃder narcocriminal diez años antes. Ese escándalo de sainete, esa bufonada, sà hizo desesperezar al Consejo, que se tomó otro año más hasta mandar el caso al plenario.
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Recordar esto puede ser útil para pasarle el peine a un modo de ser institucional de Santa Fe. Porque ahora cunde el shock moral y cuando ven venir el tren que empujaron otros todos se suben al furgón. Pero denunciar lo de Bailaque se hizo en una soledad hiriente que, antes de todo esto, dejaba a los que hicieron punta en un frÃo lunar ante personas que conservaban mucho poder. Dentro de las instituciones estaban los indiferentes. Los que conociendo y aceptando lo señalado elegÃan el silencio. Y los que directamente jugaban para el statu quo.
Con lo de Bailaque hubo algo que lo ilustra bien. El dÃa de los alegatos previos a la primera condena a perpetua a Alvarado en Rosario los fiscales actuantes lanzaron algo nunca dicho que fue una bomba en plena audiencia. Era 2022. Dijeron que gran parte de la evidencia contra este lÃder criminal y sus aliados económicos y policiales habÃa salido de la causa que Bailaque congeló, que allà habÃa una descripción apabullante de esos delitos y que por eso el magistrado debÃa ser investigado. Cuando este periodista lo publicó hubo jueces federales que llamaron al medio para quejarse o para torpedear la publicación diciendo que era una operación para deslegitimar o deslucir un importante evento que habrÃa al dÃa siguiente.
¿Y qué pasaba al dÃa siguiente? HabÃa una cita de cien jueces federales para dar aval a la Justicia Federal de Rosario, cuyos miembros trabajaban en medio de una violencia incesante. Eso ocurrió en 2022 que fue el año récord de homicidios en Rosario ligados mayormente a organizaciones narco. Pero en ese momento habÃa dos fiscales provinciales que, de manera institucional, en una audiencia de juicio, explicaban que ese fenómeno sangriento tenÃa todo que ver con la forma en que se manejaba la Justicia Federal a la que todos venÃan a estrechar, para solidarizarse y acompañar. Todos esos jueces y funcionarios llegaban, en realidad, a abrazarse a un problema.
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Fue un poco como si la UIF hiciera ahora un acto de desagravio para Adorni por las cosas que los medios están diciendo de él. Para entonces hacÃa nueve años que Bailaque habÃa cajoneado la causa sobre la banda de Alvarado cuya estructura, por esos años, no dejó de diversificarse a nivel empresarial ni de llenar las calles de cadáveres. En el juicio provincial funcionarios de fuerzas de seguridad y otros fiscales dijeron que habÃa sido incomprensible por qué Bailaque no avanzó con una explicación tan detallada de cómo Alvarado recibÃa droga, cómo se aliaba con otros narcos, cómo habÃa todo un aparato policial que lo asistÃa, cómo producÃa violencia en la entonces ciudad más violenta del paÃs. El Consejo de la Magistratura recién se despertó a dos años de esa denuncia. Fue cuando se publicó que juez y narco tenÃan el mismo contador. Sin ese detalle caricaturesco no se habÃan movido por tres años.
Los fiscales provinciales MatÃas Edery y Luis Schiappa Pietra denunciaron a Bailaque por lo mismo que ahora tiene el ex juez una causa penal. Son los mismos fiscales que echaron luz sobre otra corrupción institucional. Por ejemplo la que terminó con la condena del ex fiscal regional rosarino Patricio Serjal y tiene al borde del juicio al senador Armando Traferri por sus contactos con el juego clandestino. O los que demostraron una contaminación ambiental inédita en una petroquÃmica vecina a Rosario que implicó a empresarios poderosos y funcionarios de gobierno. Esos dos fiscales que expusieron todo eso hoy están enfriados en posiciones muy alejadas de cualquier investigación al campo de la polÃtica o las instituciones. Desde que no están, de paso, no se conocen pesquisas en este sentido.
No hay legisladores, salvo los provinciales Fabian Palo Oliver y Carlos del Frade, que hagan alguna referencia a esto.
Durante años la Justicia Federal de Rosario tuvo una responsabilidad indisolublemente ligada a la explosión de violencia. Y no por lo que omitieron hacer. También por lo que sus funcionarios hicieron. La pesquisa que Bailaque durmió identificaba a todo el grupo policial de Drogas Peligrosas, una sección célebre por su sociedad con los narcos, que sostenÃan a Alvarado. Varios fueron condenados por delitos ordinarios que los ligaban al lÃder narco. Pero durante veinte años estos policÃas, con fuertes vÃnculos polÃticos que están expuestos en juicios, eran los dueños de las investigaciones. La Justicia Federal funcionó como escribanÃa de estos oficiales que mientras acordaban con los peces gordos llenaban los juzgados con causas de detenidos por tener un porro en el bolsillo. Causas como Halford o Muga, que son para otro texto, son un muestrario.
Lo que hizo imposible la perduración de conductas que son institucionales, o que tienen el amparo institucional, es la puesta en marcha del modelo acusatorio en el sistema de enjuiciamiento. En Rosario no es que súbitamente hubo un proceso de sanación o de redención en masa. Lo que hubo es un procedimiento penal que terminó con el secreto que históricamente protegió barbaridades. La oralidad y la publicidad de los trámites penales desde el minuto uno rompió la coraza de lo invisible, mostró a un montón de actores los hechos atribuidos a estos dos jueces y también la prueba. Y ventilado todo eso la continuidad de ellos no solo se volvió imposible. También quedó de manifiesto una conducta que va más allá de ellos, en todos los que desde adentro veÃan lo que pasaban y torcÃan la cabeza.
Es por esto que Comodoro Py, la jurisdicción más importante del paÃs en volumen de casos y sobre todo porque es donde se decide el destino de las causas de la polÃtica, le tiene terror al modelo acusatorio. Y se embandera en los argumentos más pueriles para resistir un sistema que la Constitución ordenó implementar hace 32 años. En el acusatorio nadie puede dormir una causa y cuando una pesquisa es impulsada la evidencia de lo que se hizo, o la falta de ella, es muy difÃcil de tapar.
Lo que queda expuesto con los casos de Bailaque y Salmain es una forma de organización de la Justicia Federal de Rosario durante los años que como en ninguna otra ciudad estalló la violencia ligada al mercado urbano de drogas. En la Justicia provincial se demostró hacia 2022 cómo Alvarado trabajaba con niveles de mando de la policÃa santafesina que terminaron con su accionar descripto y algunos condenados. Esa misma policÃa, los mismos hombres, era la que bajo el paredón de los métodos de los tribunales federales hacÃa lo que querÃa. La Justicia Federal de Rosario fue la escribanÃa de la corrupta hasta el cuadril Dirección de Drogas Peligrosas: sus oficiales les llevaban los casos que querÃan, el sistema judicial los promovÃa, nadie controlaba. Los lÃderes que tenÃan a la policÃa asociada explotaban el negocio eran remachados a balazos como en escenas de Scarface. Asà asesinaron al Fantasma Paz, al Pájaro Cantero, a Luis Medina. Ese era el tiempo de las investigaciones paralizadas. Si todo eso pasaba y no pasaba nada era porque habÃa una estructura institucional dispuesta para eso.
Algo más sobre esa policÃa. Hace ocho meses hubo una sentencia muy esclarecedora en Rosario por la que se investigó a una organización criminal que obtenÃa fondos del juego ilegal y lavaba dinero. El fallo dictado por unanimidad indica textualmente que la organización estaba comandada por un senador que es el mismo que manejaba a muchos de esos policÃas que trabajaban sin ningún control para esa Justicia Federal.
Si se la mira más de cerca, se ve que eso ocurre en una Justicia Federal que sigue con procesos de selección de personal vergonzosos, donde los empleados son familiares, allegados, amigos o favoritos de los funcionarios judiciales. Donde a veces el hijo de un juez trabaja en la defensorÃa o en la fiscalÃa en un caso donde ese juez tenÃa que fallar. O donde se vio que Bailaque hizo ingresar a su juzgado al hijo de su contador, que asistÃa profesionalmente al narco cuyo destino se decidÃa en ese juzgado. Es por eso que esto va más allá de un nombre propio. Es una estructura lo que con los casos de estos dos jueces en caÃda quedan al desnudo.
Hoy hay un sistema que rompió ese encofrado que no dejaba ver la gestión judicial, hubo traslados de funcionarios que llegaron de afuera sin conexiones ni compromisos relacionales con el personal y la evidencia del modo en que no hay que hacer las cosas arde como una brasa viva. Esos son avances evidentes. No obstante es interesante cómo el viejo sistema les da una esperanza más a los que vienen en picada. Sus defensores creen que si tienen alguna chance es con algunos jueces de la Cámara Federal de Casación. Apuestan a la capacidad de maniobra, la audacia o las ambiciones de ciertos camaristas para que Bailaque o Salmain mantengan alguna chance. Lo que hacÃan en la Justicia Federal ya quedó contado y sabido. Las causas penales de ellos recién están en la primera etapa. Se verá cómo siguen en los escalones superiores de la Casación.
Suspendieron al juez Salmain y le inician juicio polÃtico por dos casos de corrupción
Ahora que finalmente Bailaque renunció cuando era inminente su jury y Salmain va hacia el juicio polÃtico desde adentro suenan las alabanzas de los propios que dicen que el sistema funciona y se autodepura. Los que vieron lo que pasaba saben que si se sigue mirando, quizá pueda entreverse que en el sistema al que pertenecÃan tan solos no estuvieron.
Ese sistema de cosas evidente que tenÃa a la mayorÃa de las entidades judiciales, a los legisladores, a los funcionarios de los gobiernos más mudos que una piedra.
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