Opinión
La dimensión internacional de Perón
Por Gonzalo Fiore Viani
El General Perón fue un estratega en la política internacional argentina, entendiendo que la prosperidad de su país dependía de una comprensión profunda y comprometida con los asuntos globales.

En el complejo tablero de la política internacional del siglo XX, Juan Domingo Perón emergió como una figura crucial para Argentina, delineando una visión que trascendió las fronteras del país para abrazar un enfoque integral y estratégico en las relaciones internacionales. Desde sus primeros años de gobierno, Perón demostró una aguda comprensión de que la soberanía nacional no se podía separar de las dinámicas globales.

Cuando Juan Perón trascendió, el 1 de julio de 1974, Josip Broz, conocido como el Mariscal Tito y líder yugoslavo, lamentó la pérdida de "un incansable luchador por la paz entre los pueblos". Fidel Castro evocó cómo el gobierno popular de Perón rompió el bloqueo a Cuba, y la noticia de su fallecimiento le "afectó profundamente". Incluso Henry Kissinger, Secretario de Estado de Richard Nixon, reconoció que su muerte significaba "una gran pérdida no solo para el pueblo argentino, sino para todo el mundo".

El rol de Perón como actor en el escenario político internacional fue único en la historia argentina, especialmente en el contexto del orden mundial que emergió tras la Segunda Guerra Mundial. Perón introdujo la doctrina de la Tercera Posición Justicialista, una alternativa distante de los modelos predominantes de aquel entonces: el comunismo soviético y el capitalismo estadounidense.

Esta doctrina, delineada por primera vez por Perón en 1946 en el Teatro Colón, buscaba un equilibrio entre el capitalismo y el comunismo, promoviendo una colaboración armoniosa entre las fuerzas del trabajo y del capital. Con esta visión, Perón orientó la política exterior argentina, destacándose la labor de Juan Atilio Bramuglia como Ministro de Relaciones Exteriores entre 1946 y 1949.

Siempre con la mirada puesta en la formación de un bloque latinoamericano, Perón buscó alianzas con líderes como Getulio Vargas de Brasil y el General Ibáñez del Campo de Chile. A pesar de avances como el Tratado de Unión Económica con Chile en 1953, estos esfuerzos se vieron interrumpidos por los golpes de Estado en Brasil y Argentina en 1955, truncando así la aspiración de consolidar el ABC, predecesor del Mercosur décadas más tarde.

Antes de su presidencia, Perón había sido un prominente oficial del Estado Mayor del Ejército argentino y un estudioso de estrategia militar, con experiencia en Europa estudiando el fascismo italiano en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Su análisis sobre la Guerra Fría y su percepción de que los abusos del capitalismo alimentaban el comunismo, reflejan su visión estratégica y su intento de forjar un camino independiente para Argentina en el escenario global.

La evolución de la visión geopolítica de Perón estuvo marcada por una adaptación constante a los cambios mundiales y regionales. Si bien sus inicios estuvieron influenciados por el contexto de posguerra y la emergencia de la Guerra Fría, Perón se distinguió por promover activamente la Tercera Posición como una alternativa a los bloques hegemónicos de Estados Unidos y la Unión Soviética. Este paradigma no solo buscaba mantener la independencia de Argentina, sino también la de toda América Latina frente a influencias externas.

La doctrina de Perón, fundamentada en principios de autodeterminación y no intervención, resonó a lo largo de su mandato. Su participación en la Conferencia Interamericana de 1947 en Río de Janeiro fue un hito, donde propuso una política de "no alineación" que buscaba preservar la autonomía de los estados latinoamericanos en un contexto de creciente polarización global.

El compromiso de Perón con la liberación de los pueblos colonizados encontró expresión en su apoyo a movimientos independentistas en África y Asia, reflejando su solidaridad con las luchas anticoloniales en todo el mundo. La decisión de Argentina de reconocer al Estado de Israel en 1949, siendo el primer país sudamericano en hacerlo, destacó su posición de autonomía y equilibrio en las relaciones internacionales, al tiempo que mantuvo vínculos estables con naciones árabes.

En 1971, desde su exilio en Madrid, Juan Perón reflexionó: "Vean, no es un secreto para nadie que al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, los imperialismos yanqui y soviético se reunieron en Yalta (...) Mantuvieron conversaciones (...) y dividieron el mundo. Tras trazar una línea, acordaron: de aquí para allá es suyo, de aquí para allá es nuestro. Establecieron zonas de influencia para evitar conflictos jurisdiccionales."

Durante su retorno a la presidencia en 1973, Perón intensificó su enfoque en fortalecer la integración regional y promover la unidad latinoamericana. A pesar de los cambios significativos en el panorama global desde su primer mandato, mantuvo una firme defensa de los principios de no alineación y autonomía, subrayando la importancia de una política exterior coherente con los intereses nacionales.

La cumbre de Argelia en 1973 fue un momento emblemático donde Perón, a través de su mensaje a los países no alineados, articuló una visión humanista y solidaria, enfatizando la necesidad de colaboración global para abordar desafíos comunes como la pobreza y la destrucción ambiental. Su propuesta de una organización global para garantizar el desarrollo y la supervivencia de todas las naciones reflejó su visión visionaria de un mundo más justo y equitativo.

Aunque el pensamiento de Perón no ha recibido suficiente atención en la academia argentina, él desarrolló una doctrina compleja, imbuida de una profunda visión humanista y un entendimiento agudo de los asuntos nacionales e internacionales, que aún no ha sido completamente implementada. Sus ideas anticiparon tanto la caída de la URSS como las crisis del capitalismo actuales.

El General Perón fue un estratega en la política internacional argentina, entendiendo que la prosperidad de su país dependía de una comprensión profunda y comprometida con los asuntos globales. Su legado perdura como un recordatorio de la importancia de la independencia nacional, la solidaridad entre los pueblos y el papel de Argentina en el concierto internacional, hoy, lamentablemente reducido a meros escombros, pero que más temprano que tarde volverá a ser reconstruido.

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