Editorial
Una interna recargada
Por Gonzalo Arias
La feroz interna por la sucesión de la Ciudad horadaron la integridad y competitividad de Juntos por el Cambio a nivel nacional.

La feroz interna por la sucesión de Horacio Rodríguez Larreta como Jefe Gobierno de la Ciudad se ha convertido en el más fiel reflejo de las tensiones y enfrentamientos que han venido horadando la integridad y competitividad de Juntos por el Cambio a nivel nacional.

Si bien es lógico que todo movimiento, articulación de alianzas y posicionamiento en el distrito que históricamente ha sido el bastión político y electoral del PRO tenga su impacto en la dinámica nacional de la principal coalición opositora, el nivel de virulencia y las formas con que -al menos hasta hoy- se vienen procesando las cada vez más evidentes diferencias en materia de construcción política y dirimiendo las precandidaturas a la jefatura de gobierno para 2023, son una evidencia de esta suerte de "clima de época" que atraviesa transversalmente a la clase dirigente argentina.

En la ciudad las ambiciones personales y las mezquindades parecen aflorar con mayor desparpajo, y todo lo que sucede en una interna que se recalienta a medida que se acercan las definiciones, se ventila "a cielo abierto". Es que, para muchos, lo que está en juego es muy tentador: mientras el resultado de las elecciones presidenciales de 2023 es aún una incógnita a develar, en la Ciudad la victoria de Juntos por el Cambio está prácticamente asegurada.

De esta forma, la carrera para ocupar el codiciado despacho en el moderno edificio del Gobierno de la Ciudad en Uspallata 3160 se dirimirá más en las PASO que en las elecciones generales. Ello explica, en gran medida, este "espectáculo" de diatribas, traiciones, desconfianzas y recelos -más patético que entretenido- que todas las semanas suma un nuevo capítulo.

La decisión del ministro de Gobierno porteño - y curiosamente aun intendente de Vicente López en uso de licencia-, Jorge Macri, de lanzarse como precandidato, no fue en sentido estricto lo que recalentó la interna. Había sido el propio Larreta el que no solo le había facilitado el desembarco porteño en un cargo clave de gestión y alta visibilidad sino que también -al igual que con otros precandidatos del espacio- le había dado su apoyo tácito para caminar la ciudad como aspirante a la sucesión, a la espera de las definiciones que tendrían lugar más adelante.

Sin embargo, las cosas se precipitaron. Primero, la intromisión de Mauricio Macri. El ex presidente ya no solo es una piedra en el zapato para el alcalde porteño en su carrera presidencial, sino que también busca condicionar el proceso de sucesión. Que mejor, para el fundador del PRO, que hacerlo con su apoyo a un "Macri", como una suerte de gesto simbólico que busca dejar en claro que él fue y sigue siendo el artífice del espacio y que fue su "legado" el que permitió convertir la ciudad en el centro de gravitación del PRO. Por si faltaran señales, su jefe de campaña es Fernando de Andreis, mano derecha del ex presidente.

En segundo lugar, el provocador y temprano acuerdo entre Jorge Macri y Patricia Bullrich. Esa fue, definitivamente "la gota que colmó el vaso". Si lo primero era en cierta forma inevitable (Jorge es "Macri"), el acercamiento con la presidenta del PRO y principal rival interna fue interpretada como una "traición" de Jorge Macri y una "provocación" de Bullrich.

Larreta es el blanco preferido de la presidenta del PRO y, con esta movida, busca condicionarlo e intentar complicarle su buena relación con la UCR, con quien busca explorar la alternativa de "fórmulas cruzadas". Cansado de las constantes críticas de Bullrich, y en particular por aquellas vinculadas al operativo de la Policía de la Ciudad en el domicilio de la ex presidenta los días previos al frustrado intento de magnicidio, había recurrido a su Jefe de Gabinete, Felipe Miguel, para responder en los medios. La "explosiva" Bullrich no toleró su "propia medicina" y -en un acto público- ante las cámaras lo cruzó, amenazándolo con "romperle la cara".

Si bien en los días posteriores hubo un desayuno del PRO en el que se intentó bajar los decibeles de la interna y se acordó postergar todas las definiciones en materia electoral hasta febrero-marzo, no habrá tregua alguna.

Con Jorge Macri ya en la "cancha", y presionado por la narrativa que Bullrich quiere instalar -con anuencia de los Macri- de que Larreta estaría dispuesto a "cederle" la ciudad a Martín Lousteau a cambio de un apoyo a su proyecto presidencial, el Jefe de Gobierno se vio forzado a mover sus fichas en el tablero.

Hace unos días fue la Ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, quien declaró que le gustaría competir. Acuña, quien ganó notoriedad pública durante el enfrentamiento Nación-ciudad por la presencialidad educativa, ya empezó a aparecer en varias actividades junto a Larreta. En las próximas horas podría sumarse quien para algunos puede ser la "carta fuerte" de Larreta: el Ministro de Salud Fernán Quirós.

Si bien el ministro sigue sin dar señales claras, superado el conflicto con los médicos residentes en la Ciudad, estaría hoy más cerca de dar el sí. Con una buena imagen por su actuación durante la gestión de la pandemia, contaría además con el apoyo de Elisa Carrió y de los socialistas de Roy Cortina. Resistido por Macri, quien lo considera "ajeno" al PRO, corre con una desventaja en términos de posicionamiento e intención de voto. Sin embargo, un apoyo explícito del Jefe de Gobierno podría ponerlo en la carrera.

Tampoco habría que destacar algún "tapado". Aquí las especulaciones apuntan al vicejefe de gobierno y presidente de la Legislatura, Emmanuel Ferrario, una de las apuestas jóvenes del PRO, quien además de la "confianza" de Larreta cosecharía el apoyo de María Eugenia Vidal.

Por último, la relación con Lousteau también le plantea una encrucijada al Jefe de Gobierno: el senador aspira a que, como mínimo, Larreta se mantenga neutral en una interna.

Así las cosas, es esperable que el panorama comience a aclararse bastante antes que en la fecha que se fijó en la última reunión del PRO, y que Larreta continue presionado por varios frentes: si sale con un candidato propio cosechará críticas de Bullrich y Macri por dividir al PRO y de Lousteau por romper la "neutralidad". Ni hablar si decidiere apoyar al senador radical.

Si bien en los solo 203 km cuadrados de la Ciudad de Buenos pareciera hoy librarse la "madre de todas las batallas" en Juntos por el Cambio, Larreta no debiera olvidar que las presidenciales se juegan mucho más allá de la General Paz e incluso que una interna competitiva en la ciudad, con un calendario electoral unificado con el de la Nación, podría incluso terminar robusteciendo su proyecto presidencial.

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