Editorial
Tiempo de descuento
Por Gonzalo Arias
En esta Argentina sumida en una profunda decadencia, la sensación es que hasta los "milagros" son una perspectiva posible.

El tiempo que resta para la definición de uno de los procesos electorales más inéditos e inciertos de las últimas cuatro décadas ya no se cuenta en días, sino en horas. A las 8 de la mañana del próximo viernes entraremos en veda electoral y reinará una tensa calma de apenas 48 horas que oficiará como antesala de un domingo electoral cuyo desenlace y posteriores consecuencias es a todas luces imprevisible.

En este marco, las campañas de los principales candidatos ya comienzan a realizar actos de cierre en diversos distritos y se juegan a "todo o nada", lo que por estas horas parecería resumirse en entrar en el ballotage o quedar fuera. Si bien los estrategas y equipos de las campañas vienen en las últimas semanas poniendo su foco en la heterogénea y potencialmente determinante masa de casi 7 millones de votantes que agrupan a los que no votaron (tanto los ausentes como los ahora habilitados votantes en el exterior), los que lo hicieron en blanco, anularon, o se inclinaron por candidatos que no superaron las PASO, la sensación generalizada en este último sprint de cara al domingo 22 de octubre es que "la suerte está echada".

Cuidándose de no cometer "errores no forzados" ni dar pasos en falso, esquivando potenciales escándalos de última hora, y desmintiendo "fake news", los tres candidatos competitivos esperan con una mezcla de inocultable ansiedad y ciertas dosis de resignación el momento de la "verdad", es decir, la inapelable sentencia de las urnas.

A esta altura ya ha quedado ya más que claro que solo entonces se disiparán los múltiples interrogantes que arrecian y que, aunque con algunos indicios que pudieran indicar ciertas tendencias, nadie se anima a responder anticipadamente de manera univoca: ¿se confirmará la tendencia de alcance regional marcada por la derrota de los oficialismos?, ¿puede haber un ganador en primera vuelta?, ¿Milei ratificará su condición de "gran favorito" o habrá encontrado un "techo"? ¿el escenario de ballotage entre Milei y Massa está consolidado?, ¿a quién acabará beneficiando la profundización de la crisis y la corrida cambiaria de los últimos días?, ¿habrán afectado a Massa los escándalos de Insaurralde y Chocolote "Rigau"?, ¿qué impacto electoral habrán tenido las irresponsables declaraciones de Milei respecto a los depósitos en peso?, ¿qué efecto puede haber tenido sobre las preferencias electorales la performance más eficiente de la campaña Bullrich en las dos últimas semanas?

Con el recuerdo aún muy fresco del impactante resultado de las PASO, y con la constatación de las dificultades metodológicas que las encuestas e investigaciones cualitativas tienen para aprehender las emociones y sensaciones más profundas que configuran este particular "clima de opinión", nadie descarta entonces los "cisnes negros". Ello explica que, aunque asignando diferentes grados de probabilidad, son muy pocos los que se aventuran a descartar escenarios tan disimiles como un triunfo del candidato libertario en primera vuelta, una mejor performance de Sergio Massa que la esperada, o el potencial ingreso de Patricia Bullrich a un ballotage.

Es que en esta Argentina sumida en una profunda decadencia que pareciera vaticinar un inminente "fin de ciclo", la sensación es que hasta los "milagros" son una perspectiva posible. Solo frente a esta naturaleza eminentemente paradojal fruto de la profunda crisis actual se puede entender como Massa puede tener aspiraciones presidenciales siendo el ministro de economía en momentos en que el dólar coquetea con los 1.000 pesos y la inflación es la más alta de América Latina; como un outsider que pretende "quemar el Banco Central", legalizar la venta de órganos o eliminar la educación pública que Sarmiento nos legó y que mantuvimos aún en los momentos más aciagos, tiene chances ciertas de sentarse en el "sillón de Rivadavia"; o como una ex funcionaria de uno de los peores gobiernos de la historia reciente, convertida en una suerte de vocera de la "mano dura" y adalid del anti peronismo, puede aspirar a gobernar un país que pide a gritos la construcción de consensos básicos.

Postales trágicas de la decadencia de un país agobiado, hastiado y, por momentos anestesiado, por la crisis económica, política, social y cultural. Un país que el próximo domingo comenzará a escribir una nueva historia que, como el proceso electoral que empieza a llegar a su fin, tendrá una única certeza: la profunda incertidumbre ante lo que se avecina.

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