Editorial
Sin calma
Por Gonzalo Arias
El excesivo celo en lo fiscal y monetario genera preocupación de cara a un segundo semestre donde la recuperación económica se avizora aún lejana.

Tras el trabajoso y extenuante proceso que condujo finalmente a la sanción de la Ley de Bases y el paquete fiscal en el Congreso, esta semana arrancó formalmente la tan esperada como demorada "segunda etapa" de la gestión Milei.

Luego de varias semanas de turbulencias cambiarias y tendencias negativas en los títulos y bonos que cotizan en la bolsa de Nueva York, los mercados estaban expectantes ante el lanzamiento de un nuevo paquete de medidas por parte del equipo económico, a la espera de señales concretas del comienzo de una nueva etapa que dejara atrás la etapa de emergencia para abordar algunos de los que la mayoría de los actores económicos y potenciales inversores consideran son los principales obstáculos para la recuperación de la actividad económica.

En este contexto, la conferencia de prensa que el ministro de Economía brindó el pasado viernes con el pretendido objetivo de "bajar la ansiedad", fue a todas luces insuficiente en función de las expectativas generadas. En otras palabras, los anuncios de Luis Caputo, tanto por su contenido como por el estilo de comunicación de un ministro poco habituado a las explicaciones, tuvieron evidente "gusto a poco".

Es que para el gobierno la "segunda etapa" del plan de estabilización seguirá anclada en la política fiscal y monetaria, con especial énfasis en la eliminación de todas las fuentes de emisión monetaria, fundamentalmente los denominados "pases". Los inversores, que esperaban novedades concretas respecto a la salida del cepo cambiario y de algún avance en las negociaciones de un eventual nuevo con el FMI, hicieron sentir su decepción, castigando ya desde la rueda del lunes fuertemente a las acciones argentinas (con caídas de hasta 10%) y a los bonos que cotizan en Wall Street, llevando el riesgo país muy cerca de los 1.600 puntos básicos.

Y, en el plano local, estas reacciones tuvieron su correlato en las fuertes alzas en nel dólar blue y los financieros, que durante las dos primeras jornadas de la semana batieron los récords nominales, ensanchando la brecha cambiaria a una zona que supera el 50%.Pese a los evidentes signos de agotamiento de las políticas cambiarias, el equipo económico no solo no ofreció precisiones temporales para una eventual salida del cepo, sino que ratificó el esquema cambiario de dólar exportador (el conocido blend 80-20) y el crawling peg de 2% mensual para el dólar oficial.

En un contexto donde al gobierno le costará cada vez más fortalecer las reservas, y con una migración de pasivos remunerados del Banco Central al Tesoro que demandará una profundización del superávit fiscal en un escenario de profunda recesión económica, crecimiento de la pobreza, y fuerte caída de la recaudación en términos reales, los anuncios profundizaron la incertidumbre reinante y multiplicaron los interrogantes.

Lo cierto es que este excesivo celo en lo fiscal y monetario, que por cierto el gobierno reivindica y celebra, genera preocupación de cara a un segundo semestre donde la recuperación económica se avizora aún lejana y la economía real de millones de argentinos seguirá deteriorándose.

Llama la atención que un gobierno que sigue con atención las evoluciones en el "humor social" que evidencias las encuestas de opinión, solo se centren en la vitalidad del apoyo de importantes franjas de la sociedad al gobierno, y no hayan tomado nota de la marcada mutación en las preocupaciones ciudadanas desde la inflación a la desocupación y otros temas de la economía "real". Si bien es cierto que un importante sector de la opinión pública le reconoce al gobierno el mérito de haber contenido el espiral inflacionario, si las nuevas demandas no encuentran satisfacción ni se recrean expectativas concretas en ese sentido, las cosas podrían comenzar a cambiar.

Más aún, en un escenario en el que el gobierno ya cuenta con la tan mentada "caja de herramientas" que le reclamaba al Congreso, que irá diluyendo la posibilidad de asignar responsabilidades de la crisis a la casta que "pone palos en la rueda" y defiende sus "privilegios", y habiendo transcurrido además ya seis meses al frente del gobierno, lo que al construir ya su propio pasado también comenzará a diluir paulatinamente la posibilidad de apelar a "la herencia recibida".

Con una oposición que ya comienza lentamente a redefinir sus contornos, como ha quedado en evidencia en el reciente documento difundido por el PRO, el presidente Milei acelera en el único camino en el que parece sentirse cómodo: en el plano económico, aferrándose dogmáticamente a la disciplina fiscalista y, en el plano político, apelando a construir gobernabilidad a través del conflicto permanente.

Así las cosas, ya sin la excusa de no contar con las herramientas necesarias para gobernar, el gobierno parece aferrarse a una fórmula que pudo haberle granjeado algunos éxitos en el contexto de emergencia en la que asumió, pero que tanto en el plano económico como en el político -estrechamente ligados pese a que a Milei no le guste- comienza a mostrar sus límites: ni la preocupación monotemática por lo fiscal ni la multiplicación innecesaria de conflictos sin sentido (como los recientes cruces con Lula y el gobierno boliviano) le permitirá evitar que más temprano que tarde muchos de quienes hoy lo apoyan comiencen a evidenciar ciertos grados de frustración ante expectativas insatisfechas.

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