Editorial
Salir del letargo
Por Gonzalo Arias
Aun cuando el fenómeno Milei parece lejos de haberse desinflado el libertario no estaría en condiciones de obtener una victoria en primera vuelta.

Faltando apenas 40 días de las elecciones generales del 22 de octubre, los candidatos de las dos principales coaliciones que habían venido hegemonizando la dinámica político-electoral desde 2015 parecían aún embargados por el desconcierto y la sorpresa que produjo el inesperado triunfo de Javier Milei.

Con ambos candidatos que se mostraban casi "groggys" a la espera de un inevitable knock out, la campaña tras el sorpresivo domingo 13 de agosto parecía gravitar en torno al ascendente candidato libertario. Milei no solo capitalizó una imagen de "ganador" y "favorito", cimentada más en el plano simbólico que en las urnas -con resultados que mostraron diferencias exiguas- sino que continuó hegemonizando el debate político y gran parte de la agenda mediática. Especialistas -algunos no tanto- del ámbito local e internacional continuaron debatiendo sus iniciativas de mayor impacto, fundamentalmente la referida a la dolarización. Asimismo, los medios cubrieron profusamente sus actividades, dieron lugar a nuevas voces que integran sus equipos, dieron cuenta de los contactos del candidato con representantes del empresariado y el establishment financiero local e internacional, consultaron especialistas para procurar "comprender" el fenómeno, y especularon acerca de cómo sería un gobierno encabezado por el economista libertario.

En otras palabras, todos parecían bailar al ritmo de Milei. Y si bien desde las terminales de campaña de UxP y JxC se recalibraban las estrategias en función del nuevo escenario y se identificaba al libertario como el nuevo adversario a vencer, los candidatos y sus campañas no parecían reaccionar con una acción consecuente: mientras por momentos parecía que se inclinarían a polarizar con él, en otros parecían suscribir a la hipótesis de que al atacarlo desde posiciones asociados a la "casta" lo terminan favoreciendo. Todo ello, agravado por las heridas que las PASO dejaron en ambos frentes: un "ministro-candidato" a quien se percibió muy solo durante la campaña y que después de las PASO debió enfrentar una impopular devaluación, y una ex ministra de seguridad que consiguió una victoria pírrica que no le permitió consolidar un liderazgo claro hacia el interior de un espacio en el que su fundador parecía incluso coquetear con Milei.

Lo cierto es que con las encuestas que muestran que aun cuando el fenómeno Milei parece lejos de haberse desinflado el libertario no estaría en condiciones de obtener una victoria en primera vuelta, las campañas de Massa y Bullrich parecen haber asumido que en esta elección de "tres tiempos" el objetivo es ahora entrar en el ballotage. El resto será materia de un análisis posterior.

Así las cosas, en los últimos días comenzaron a verse reacciones dispares de parte de los dos principales contendientes a disputar un ballotage con Milei, que parecen salir así del prolongado letargo que les produjo el batacazo electoral de La Libertad Avanza.

En el caso de Bullrich, quizás la que enfrenta el escenario más complejo en tanto ha perdido la representación mayoritaria de la idea de "cambio", buscará polarizar con el kirchnerismo, reafirmar su liderazgo suturando las heridas de la interna, mostrar parte del equipo que la acompañaría en un hipotético gobierno y dar a conocer propuestas y, sobre todo, re-encuadrar su perfil de liderazgo ya no tanto por el lado de los atributos de firmeza e intransigencia (en los que compite con Milei) sino basándose fundamentalmente en la idea de "orden" (frente al caos que podría representar el libertario). A ello le sumaría una gira que incluiría una gira por algunos centros urbanos (Mendoza, Santa Fe, Córdoba) en donde espera crecer respecto a las PASO.

Sin embargo, fue Massa el que pareció apostar más fuerte, con una acción concertada en varios frentes. En primer lugar, tras haber transitado la campaña de las PASO casi en soledad, el sábado pasado en Tucumán se mostró junto a un nutrido grupo de gobernadores -incluidos todos los peronistas del norte grande-, sindicalistas y referentes de La Cámpora para mostrar una postal de unidad y un gesto de respaldo que podría darle algo de aire al ministro-candidato. Sobre todo, pensando en que depende fuertemente de la movilización de las maquinarias electorales locales para lograr en octubre un resultado más cercano al que los gobernadores e intendentes tuvieron en las elecciones locales. En esta misma línea se inscribe la aparición de Máximo Kirchner, tanto en Tucumán como en los anuncios económicos, lo que podría ser el preludio de la reactivación del aparato bonaerense que hoy él conduce.

Pero la máxima apuesta fue, sin dudas, el anuncio de la excepción de ganancias para unos 800 mil trabajadores, lo que elevará el mínimo no imponible a más de $1.770.000 a partir de octubre. Si bien desde el entorno del tigrense exageraron al calificar la medida como un "salariazo", lo cierto es que se trata de una decisión que no solo pone en aprietos tanto a Milei como a Bullrich que deberán debatir el proyecto de ley que cristalizará la modificación que regirá inicialmente por decreto en una ley, sino que apunta a interpelar a muchos de los trabajadores que no votaron o lo hicieran por otros candidatos con un hecho concreto que representará un alivio en los bolsillos.

Así las cosas, lo importante de la decisión adoptada por Massa -más allá de haber logrado galvanizar el apoyo del sindicalismo y la dirigencia peronistas, a la vez que impactar en la economía real- implica un cambio conceptual en el plano de la estrategia: la idea, que habrá que ver si logra cristalizarse narrativamente e integrarse con otras acciones, es disputarle a Milei en el terreno del presente que -para muchos es una realidad acuciante- y no en un futuro en el que las promesas del libertario pueden resultar atractivas para muchos.

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